Translate

jueves, 8 de diciembre de 2016

Teoría del deporte según el boxeo 3. Ideas e ideologías

El boxeo quisieron domesticarlo en los Collegs británicos, también los deportistas prusianos, y revestirlo de un academicismo que lo preservara para las élites: misión imposible; cuando descubrieron que los negros peleaban por su libertad y los pobres por su supervivencia, los defensores de la supremacía blanca salieron en tromba para censurar y prohibir, no ya el boxeo, sino la imágenes de un negro vapuleando a un blanco (Leer Jack London. El combate del siglo). En la misma línea, con los matices que se quieran observar, sorprende en la actualidad el celo censor de periódicos y televisiones hacia el boxeo, sin que nadie se pregunte por qué no se atreven a erradicarlo.
No creo que sea casualidad que el boxeo, que es un deporte en el que siempre demostraron la supremacía los negros y los pobres, haya sido tan prohibido, tan ocultado y censurado. Solo los cubanos han hecho pedagogía de su práctica.

El boxeo arrastra una enorme carga ideológica. Pasolini describe a Nino Benvenuti: “El arreglo del pelo, su gesto de bribón y gallardo, la raya canalla”. Luego descubre su conexión con el utraderechista Movimiento Social Italiano MSI, y denuncia un destino físico en la ideología.
Eduardo Arroyo, cuando habla del boxeo en España, explica por qué se fusiló al semicadáver de Carlos Flix (destrozado previamente de una paliza): “Franco no torturó y mató solamente a los intelectuales, sino que persiguió a unos simples boxeadores por ser ídolos de su pueblo y solidarios con él”.
En estos otros libros que ahora traigo a colación, vuelve a aparecer el carácter literario del boxeo. Dice Luis Nucera en el prólogo de Panama Brown, el libro de Eduardo Arroyo: “La literatura sobre el boxeo,  o deportiva en general, no es competencia de la universidad… son los mismos boxeadores los que la forjan. Es una literatura del lumpenproletariado

Busco en ensayos y manuales una voz que, desde fuera, zanje esta cuestión sobre la relación del deporte con la inteligencia y viene en mi auxilio Emilio Lledó que dice, al hablar de Epicureo: “En los entresijos de la piel, en el callado territorio de la propia estructura corporal, yacía el fundamento… para poder descubrir la hermandad (del ccuerpo) con la naturaleza y con el mundo”(:33). “Esa vuelta al cuerpo nos enseña, entre otras cosas, que él es el sustento de toda cultura, de toda historia, de toda sociedad” (:90).

Boxeo y literatura es un libro de Eduardo Arroyo que además de escritor es artista plástico (tal vez debería haberlo dicho al revés). En él abre una nueva dimensión del alcance de la simbiosis del deporte y el arte: “El boxeo sí era un deporte, pero también y sobre todo, era un terreno de sufrimiento; en cuanto al cuadrilátero, metáfora de un cuadro virgen, pronto se convertiría en una superficie cubierta de agua, sangre, resina y sudor” (recogido en el prólogo de Fabienne di Rocco). El resto del libro son documentos y narraciones gráficas, pero un libro que muestra secuenciádamente imágenes, se convierte en una narración: Historias insinuadas.


El boxeo es una metáfora de la vida y de la literatura, dice Moehringer, que añade: Del mismo modo que en realidad nadie quiere que boxees, nadie quiere que escribas. Nadie quiere que hagas nada, pero si has de hacerlo prepárate para la pelea” También es una metáfora del deporte.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Teoría del deporte según el boxeo 2. Moheringer y Mailer

  
Moehringer y Mailer son escritores (uno periodista y otro novelista) y buscan las palabras que expliquen a los boxeadores aunque reconozcan baldío el intento:
Norman Mailer y Mohamed Alí
“La diferencia entre el noble ego de los campeones y el más débil ego de los escritores radica en que el campeón vive en el ring unas experiencias que, en ocasiones son tan formidables que solo pueden comunicarse a otros púgiles de la misma altura…” (Norman Mailer)
Moehringer encuentra en el boxeo metáforas de la vida y nos invita a que hagamos lo mismo. Norman Mailer tiene tanto que decir sobre Mohamed Alí que se le amontonan las palabras, como si temiera que se le olvidara algo, y consigue recrear un texto que te deja sin aire como un puñetazo en el plexo solar.
El boxeo y la escritura guardan estrechas relaciones, en esto están de acuerdo. También que el boxeo es una alta expresión de la nobleza y de la inteligencia que merece nuestro respeto. Dice Norman Mahiler: “El boxeo es un diálogo de cuerpos. Hombres ignorantes, por lo general negros, por lo general casi analfabetos, se dirigen el uno al otro por medio de un conjunto de intercambios de carácter conversacional que van directamente a los puntos más sensibles de cada uno de ellos. En realidad, pura y simplemente conversan con su físico.”
Pero lo que más me gusta de estos libros es el carácter de expresión de la  inteligencia que atribuyen al boxeo. Principalmente de los desfavorecidos sin acceso a una cultura que engolamos quienes confiamos nuestras ideas a las palabras. Su mundo no les permite ser tranquilos y reposados y usan ese lenguaje más directo que es la lucha a golpes: “El boxeo es un rápido debate entre dos inteligencias. Se desarrolla rápidamente debido a que se lleva a cabo antes mediante el cuerpo que mediante la mente” (Norman Mailer).
No me puedo sustraer a calcar este párrafo que tantas veces utilice: hablando y escribiendo para convencer a mis alumnos de las razones para jugar y saber del cuerpo:
“Hay otros lenguajes que no son el de las palabras, hay lenguajes de símbolos y lenguajes de naturaleza. Hay lenguajes del cuerpo. Y el boxeo es uno de ellos. Jamás podremos comprender a un a un campeón de boxeo, si nos negamos a reconocer que se expresa a través de un dominio de su cuerpo que es, en su inteligencia, tan independiente, dúctil y amplio como cualquier ejercicio mental…” (Norman Mailer)

Es verdad que la dureza de su deporte daña su cerebro y les deja sonados, pero no más que al autor de este diálogo: “Koke me llamó maricón y yo le dije maricón sí, pero lleno de pasta ¡cabrón!” que es futbolista, presunto delincuente fiscal y Cristiano Ronaldo.

Lo mejor es leer y disfrutar de estos libros.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Teoría del deporte según el boxeo 1. J.R. Moehringer..

“Todo el mundo nos exhorta a luchar, a pelear, a pelear. Pero sólo los boxeadores nos enseñan a hacerlo” J.R. Moehringer. El campeón ha vuelto. Duomo 2016 
  
A mí el boxeo me emociona  y me espanta. No sé si sabría explicar por qué. Puede que a mí, que tanto me gusta el deporte, el boxeo me traiga la sensación primaria del deporte no ritualizado. Pero tengo mala conciencia por esta atracción. Tal vez por eso he buscado complicidades en la literatura. En esta tarea me he encontrado con Joyce Carol Oates, Norman Mailer, Eduardo Arroyo, Ernest Hemingway, Pasolini, Jack London. Los que no sé y muchos implicados en mayor o menor grado. Y J.R.Moehringer, que es periodista. 
El campeón ha vuelto es una historia sobre la escritura. Y del boxeo como metáfora. A partir de estas reflexiones Moehringer (al escribir) y Saterfield (un boxeador en cualquier caso) enhebran un tejido laberíntico con los motivos para escribir y las razones para luchar.
Literatura y deporte establecen relaciones que trascienden al hecho de escribir y a la naturaleza visual de la historia que se cuenta. La implicación, el medio, la motivación, la reflexión, las vivencias, la ideología y la empatia son condiciones que a veces  encierran una narración inesperada o estrechan el reportaje entre márgenes que lo hacen fluir por caminos que ni sabías.
Este relato parece un acto de investigación narrativa en el que, al tiempo que el escritor nos descubre la vida del boxeador, desnuda la propia. Según Moheringer, Saterfield se enfrenta en el cuadrilátero a lo mismo que él en su empeño por escribir su historia, no las que otros quieren que escriba.

El relato es extraordinario y sorprendente. Un thriller sin muertos pero con víctimas. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

100 metros, la película

Un lector (el lector) me envía este comentario vía E-mail sobre este blog y su contenido. Me habla sobre su vivencia en el deporte y las razones por la que persiste en su práctica (muy distante de aquella historia que conté: El deporte: una ruleta rusa). Además de reconfortarme, lo aprovecho para hacer la crónica de una película con contenido deportivo (100 metros) vista recientemente a la que no sabía cómo hincar el diente.

Querido Ratolín Gotelé:
Veo que vuelves a las andadas y además con ironías y lecturas al alcance de muy pocos. (Quiero decir que nadie suele leer ahora más de 140 caracteres, no digo ya a Zweig o Satie o Oates). Mejor aborregarse con el fútbol televisivo de sesión continua, o correr en la cinta sinfin como si eso te recompusiera, o alienarse con el Black Friday. Esa tarea intelectual tuya, como una buena autoterapia sanadora, creo que resbala bastante en los tiempos que vivimos. Mejor todo fragmentado, superficial, teledirigido, sepultado al segundo siguiente por otro reclamo, y al siguiente por otro nuevo, empapados de naderías sin ningún calado...


 Como no soy estudioso de casi nada, poco puedo aportar a tus desvaríos lectores y observadores. Ciñéndonos al juego, si puedo decir que aún hoy -después de tantos años jugando al frontón, al fútbol, al tenis y al padel casi sin remansos- a mí me ha servido para conocer mejor mi cuerpo, disfrutar a tope y usar el tarrito de su recuerdo como un bálsamo reparador. Por ejemplo, aun hoy, cuando tardo en dormirme (como cuando éramos pequeños y nos llevábamos a la almohada el recuerdo de la última peli de indios) recurro a repasar a cámara lenta la mejor jugada que completé en el último partido, el golpe de revés definitivo, la carrera para una dejada adormecida. O repaso las bromas de los compis, cada uno de su padre y de su madre, de profesiones disparísimas, pero que jugando actuamos como una fratria divertida, desinteresada y estimulante. Lejos de toda manipulación, mentira o alienación, y por supuesto de cualquier atisbo de poder o dominio (todo poder acaba matando). Y con esas friegas -cada vez más tenues- del recuerdo reciente en la pista, desaparezco de la realidad para pasar del ensueño al sueño.
En fin, sigue escribiendo. Incluso para los demás.
PD.- ¿Continúa rondándote tu propósito de ir a pie de Valencia a Toledo? Jo!

Querido Ramón Luján: Ayer vi una película malísima, de esas que invocan, con frases lapidarias, trampas lacrimógenas y épica deportiva, caer y levantarse ¡por mis hijos!, la condición sentimental del espectador. Se llama 100 metros y trata del esfuerzo de un enfermo de esclerosis múltiple que consigue acabar un Iron Man, ya sabes, un conjunto de pruebas (5000 m. nadando 100 km. en bici y un maratón) que se deben hacer de un tirón. Al salir del cine hablaba con Gloria de la desmesura del esfuerzo físico para demostrarse a uno mismo de lo que se es capaz a pesar de. Claro, es un caso real y no tengo nada que decir si a alguien le sirvió: a quien lo ha hecho enhorabuena. Pero como demostración del valor que tiene el deporte para dar sentido a la vida, es un ejemplo deplorable. Lo que haces tú: jugar, disfrutar, hablar, reír y soñar sí que es la medida humana del valor del deporte.
Un abrazo 
Sigo con la preparación del viaje vagabundo Valencia-Toledo. Empezaré en abril. Ya hablaremos de eso. 


Observaréis que el lector escribe mucho mejor que yo. Por otra parte, en otra entrada, ya decía que este blog solo lo lee dios: amigos, amores, hermanos… A algún sustancia de esa trinidad, que se mantiene anónimo porque quiere, debo esta inesperada ayuda.

jueves, 24 de noviembre de 2016

El cuerpo admirado y respetado en Walt Whitman

Yo canto al eléctrico cuerpo

Walt Whitman ensalza en toda su obra la corporeidad y la belleza del cuerpo humano. Este fragmento del poema Yo canto al eléctrico cuerpo lo utilicé muchas veces en mi docencia y en mis trabajos de expresión corporal:

El alma del cuerpo de un hombre o del cuerpo de una mujer no admite explicación,

El cuerpo del hombre es perfecto, y es perfecto el cuerpo de la mujer.

La expresión de la cara no admite explicación,
Pero la expresión de un hombre cabal no sólo está en la cara,
Está en los miembros y en las coyunturas también, está, curiosamente, en las coyunturas de las caderas y de las muñecas, 
Está en su andar, en el porte de su cuello, en la flexión del talle y de las rodillas; la ropa no la oculta;
Su fuerte y dulce identidad se abre paso a través del algodón y la brillantina,
Verlo pasar expresa tanto como el mejor poema, y acaso más,


Sería un buen objetivo para la educación física entenderlo y desarrollarlo.



miércoles, 16 de noviembre de 2016

El valor del deporte según Stefan Zweig 2

Stefan Zweig (1881-1942). Las personas se hicieron más bellas y sanas gracias al deporte  

Lo que hay que hacer es leer este libro (Stefan Zweig 2012. El mundo de ayer. Memorias de un europeo Ed. Acantilado) que nos recuerda cuales eran los valores de la construcción europea y el impulso entusiasta de quienes lo vivieron a principios del siglo XX. La primera guerra mundial sumió a Stefan Zweig en la perplejidad al ver que todavía el poder político y militar se parecía más al de la edad media que al del siglo de la ciencia y el humanismo. Luego la segunda guerra mundial le convertiría en un apátrida en la propia Europa. Tuvo que irse a Brasil, donde se suicidó en 1942.
En sus memorias, las referencias al deporte y a la educación física son unas líneas, pero su testimonio es realmente valioso. Fijaos que párrafos más esperanzadores sobre los valores del deporte antes de 1914: “…las personas se hicieron más bellas y sanas gracias al deporte, a una mejor alimentación, a la jornada laboral más corta….Los domingos, miles y miles de personas, con flamantes chaquetas sport, bajaban a toda velocidad por las laderas nevadas sobre esquís y trineos, por doquier surgían palacios de deportes y piscinas…La consigna era ser joven y vigoroso y dejarse de apariencias dignas y venerables. Las mujeres tiraron a la basura los corsés que les apretaban los pechos, renunciaron a las sombrillas y los velos, porque ya no temían al aire y al sol, se acortaron las faldas para poder mover mejor las piernas cuando jugaban al tenis… Por primera vez vi a muchachas saliendo de excursión con chicos sin institutriz y practicando deportes en una franca y confiada camaradería…”
Para él, el deporte es la educación física deseable y la gimnasia de “las escuelas” le parece detestable: “Aquel siglo no había descubierto todavía que el cuerpo joven… necesita de aire y de ejercicio físico…, dos veces por semana nos llevaban al gimnasio, con suelos de tablones de madera, donde corríamos sin ton ni son de un lado para otro, levantando a nuestro paso nubarrones de polvo; trotábamos, además, a tientas, pues las ventanas estaban cerradas a cal y canto. Así se satisfacían las necesidades higiénicas y así cumplía el Estado su deber que se resume en Mens sana in corpore sano.”
En esas condiciones la actitud de los intelectuales hacia el deporte es de prevención y él reconoce que no se dio cuenta de lo que aportaba el deporte hasta muy tarde. Cuando escribe sus memorias, en 1941, recuerda:“Tampoco sería fácil hacer entender a un joven de hoy hasta qué punto ignorábamos, y hasta despreciábamos todo lo relacionado con el deporte…, el deporte aún era considerado como una actividad de brutos de cuya práctica un bachiller más bien se debía avergonzar… A los trece años, dejé el patinaje sobre hielo y usé en la compra de libros el dinero que me daban mis padres para las clases de baile; a los dieciocho aún no sabía nadar ni bailar ni jugar al tenis; incluso hoy no sé montar en bicicleta…”.
Aunque no puede evitar una cierta burla cuando comenta la creciente comercialización: “en el siglo pasado, aún no había llegado a nuestro continente la ola deportiva. Aún no había estadios donde cien mil personas bramasen de entusiasmo cuando un boxeador descargaba un puñetazo en la mandíbula del otro; los periódicos todavía no enviaban a sus reporteros para que con fervor homérico, llenasen columnas y más columnas informando de un partido de hockey”. En cuanto a la competición deportiva adopta la distancia del “Sha de Persia, quien, cuando lo querían animar a que asistiese a un derbi, manifestó con sabiduría oriental: “¿Para qué? Ya sé que un caballo puede correr más que otro. Me es del todo indiferente cuál.”

Lo cierto es que el hubiera querido otra escuela y otra educación física: “He necesitado años y años para reencontrar el equilibrio que perdí a causa de esa hipertensión y esa avidez infantiles y para compensar en parte el inevitable abandono físico del cuerpo…

lunes, 14 de noviembre de 2016

El valor del deporte según Stefan Zweig

Stefan Zweig (1881-1942)El deporte cambió el mundo   

Al hilo de la relación de los intelectuales con el deporte que comentábamos al hablar de Pasolini y también de las esperanzas que pusieron en la popularización del incipiente deporte, como veíamos en Erik Satie, se me han venido a la memoria estas notas que tomé tras la lectura de la autobiografía de Stefan Zweig (2012). El mundo de ayer. Memorias de un europeo (Ed. Acantilado). 

“Cuando hoy (1940 aprox.) veo a muchachos saliendo de escuelas y colegios, cuando los veo juntos, chicos y chicas, en una camaradería franca y despreocupada, lanzándose a toda velocidad por la nieve sobre esquís, compitiendo en la piscina con la libertad de los antiguos, corriendo por el país en automóvil…Tengo la impresión de que han transcurrido no cuarenta sino mil años entre ellos y nosotros…”
El deporte que Stefan Zweig conoció de niño y de joven estaba muy lejos de ser una actividad que mereciera su atención: “la lucha, los clubs de atletismo, los récords de pesos pesados todavía se consideraban como actividades de suburbio y formaban su público carniceros y ganapanes; como mucho, unas cuantas veces al año, las carreras de caballos, más nobles y aristocráticas, atraían al hipódromo a la llamada “buena sociedad.”
1910 Valencia, La albereda
La educación física vino al rescate del deporte y pasa a formar parte de la revolución social que se consolida a principios del siglo XX: “Quizás en ninguna otra esfera de la vida pública se produjo un cambio tan radical en el lapso de una sola generación como en el de las relaciones entre los dos sexos, y eso por una serie de factores: la emancipación de la mujer, el psicoanálisis freudiano, la educación física, la emancipación de los jóvenes”.
La igualdad entre hombres y mujeres resulta imprescindible para que la sociedad avance, y el cuerpo es la clave: “Pero ese temor a todo lo corporal y natural realmente había penetrado en todas las capas sociales, desde las superiores hasta las inferiores, con la fuerza de una verdadera neurosis. Y es que, ¿es posible imaginarse hoy que a finales del siglo (el XIX) cuando las primeras mujeres osaron montar en bicicleta o a caballo a horcajadas, los campesinos les arrojaron piedras por atrevidas?… ¿Y qué constituyese una conmoción sin precedentes el que Isadora Duncan, en sus danzas, que eran de lo más clásico, bajo la túnica blanca –que por suerte se le arremolinaba alrededor del cuerpo hasta abajo del todo-, en vez de los habituales zapatitos de seda, enseñara por primera vez las plantas desnudas de los pies?”
1910 Stefan Zweig
Es un lujo que un intelectual se refiera al deporte (en esa época), sin burla o menosprecio. Este libro no es un libro sobre deporte, es evidente, pero tal vez sea mejor, porque las referencias que hace al cuerpo y su educación nos llegan desde su memoria sin los análisis teóricos que aíslan el incipiente fenómeno (el deporte y la educación física) del ser humano y su vivencia.


Todavía volveremos sobre Stefan Zweig.

martes, 8 de noviembre de 2016

Sobre el deporte. Pier Paolo Pasolini


Hay que atender a Pasolini (1922-1975), también cuando escribe de deporte, porque creyó en él como un juego y en el juego como un derecho del pueblo que debían amparar los poderes del Estado.
Estos escritos fueron publicados entre 1957 y 1971, cuando no se habían desarrollado, al menos no tanto, la comercialización del deporte. En ellos supera la tradicional barrera interpuesta entre los intelectuales y la praxis deportiva; en algún momento de sus escritos denuncia que el deporte no ha sido objeto del análisis inteligente que se merece.
Creo que actualmente no hubiera escrito sobre deporte, simplemente por el rechazo que produce la descomunal industria y la cínica manipulación de le ética y la moral del juego. Lo insinúa en su artículo “Deporte y cancioncillas”, lo resalta Javier Bassas en el postfacio y yo mismo no he dejado de pensarlo en ningún momento de la lectura.
La aproximación de Passolini al deporte es un intento sincero y desde dentro (por su práctica como futbolista y “tifoso”) de divulgar el enorme valor que tiene el juego. Dedica sus artículos al fútbol, al ciclismo y al boxeo, deportes que considera populares por estar al alcance de la mayoría. Passolini sabe de competiciones, de ídolos y de pasiones, pero en sus escritos hay más que eso. Nos traslada la innegable condición lúdica del ser humano y la posibilidad de generar criterios sobre la sociedad y la manipulación que se ejerce sobre las personas a través de algo tan sutil y frágil como la corporeidad que aúna el placer y la salud, el deseo del éxito y de ser admirado y querido.
Quienes estudiamos la carrera de Educación Física en el INEF al principio de la década de 1970 parecíamos destinados a superar la gimnasia del Frente de Juventudes (y de la Academia de Mandos José Antonio) como disciplina ideológica del régimen franquista (murió Franco en 1975). Sin embargo, la crítica a la deriva comercial que iba tomando el deporte llegaba con cuentagotas. Únicamente José María Cagigal (1928-1983) escribía sobre estos temas, aunque con la prudencia jesuítica que le permitía seguir al frente de la institución creada a mayor gloria del falangista Samaranch.
Hubiera sido impensable, en nuestros estudios, contar con la aportación marxista de Pier Paolo Passolini. Sus escritos, que entonces hubieran sido devorados y escrutados con ansiedad, llegan ahora, cuando se lee poco y se considera superada la elaboración filosófica marxista de cualquier idea; aunque solo esté superada por la alienación, como estado ideal del pensamiento. En cualquier caso, bienvenidos por si alguien los lee, sobre todo si tiene que ver con la profesión profesoral de educación física (aunque disminuye bastante la posibilidad de lectura si pensamos en este gremio).
El viejo Topo Extra/ 5 1976. La crítica al deporte tuvo que esperar a que muriera el dictador
En el propio libro, Javier Bassas, incluye un ejercicio crítico a partir de los escritos de Passolini (Deporte y Revolución). A él remito por su sabiduría. Aunque la posibilidad de múltiples interpretaciones hace necesaria la lectura individual y crítica.

Mientras lo leía pensaba en Manuel VázquezMontalbán y José Luis Salvador.               

viernes, 28 de octubre de 2016

Teoría del deporte según Erik Satie. 2: De las Gymnopédies a los Deportes y diversiones.

La emoción, el vértigo, el amor, la fiesta, la aventura, los ritos, reírse de lo serio, de las paradojas, de lo ridículo, lo pomposo y de uno mismo es vivir deportivamente, y a ello me aplico. Nunca me convencieron de que los resultados eran la esencia del deporte. Eso de más rápido, más lejos más fuerte… o algo así no entendí que fuera un fin. Por eso insisto en la atención a Erik Satie.

Hacer deporte y divertirse parecen causa y efecto inseparables. Quienes saludaron al deporte en sus orígenes como comportamiento social, seguramente no podían ni imaginar que fuera a ser negocio y trabajo. Ese es el caso de Erik Satie (1866-1925) que con sus veintiuna composiciones, las ilustraciones de Charles Martin y las anotaciones poéticas que forman el álbum Deportes y diversiones, crea una auténtica taxonomía y un concepto humanista y juguetón de ese gran invento que fue el deporte.
Con ese espíritu hedonista nosotros reunimos aquí las sugerencias de su álbum que constituyen la articulación de nuestra idea de lo que es vivir deportivamente.
Charles Martin. El columpio, contiene todas las sugerencias hedonistas.
El deporte produce vértigo: El columpio “Es mi corazón el que se balancea”. Navegar: “El yate danza, parece que está loco”. Deslizarse por un tobogán: “Si tienes el corazón fuerte no te dará un infarto
Es deporte la música y el baile: “Suenan las guitarras”  “Un perro baila con su novia”. El tango perpetuo es la danza del diablo.
Es deporte el amor, enamorarse: en el despertar de la novia, al jugar a la gallina ciega.    “Ella lleva un bonito vestido blanco” para celebrar un pic-nic. “Tienes unos ojos muy grandes. Me gustaría estar en la luna” son frases para un flirt. Doblemente, es deporte, el erotismo: “El diablo baila el tango para enfriarse. Su mujer, su hija y sus criadas también se refrescan así” dice del Tango perpetuo, la más erótica de las danzas. “que piernas más bonitas tiene y que nariz tan preciosa” observa en el tenis. También hay erotismo en las imágenes de Ch. Martin, por ejemplo: El columpio.
Ser actor, actuar, el teatro. Todo eso es deporte. La aventura es deporte: el baño de mar, “el mar es ancho…, profundo, húmedo” El pulpo, la persigue, atolondrado, tropieza…Lo ridículo, lo paradójico forman parte: “golpea… ¡su palo salta en pedazos!” (el golf). “Señoras, metan la nariz en la bufanda” (El trineo). La emoción y los ritos: “Se pesan los caballos, se rompe el programa, se apuesta, se ponen en línea ¡Salida!. “Todos con la boca abierta, un anciano se vuelve loco”                 con los fuegos artificiales; “provocan… se estira… se lanza…” en las cuatro esquinas. La fiesta y las coreografías: los desfiles, los peces en el río, coreografía de animales en el bosque.
No le parece deporte ni divertido el peligro y matar. La caza: “bien pensado no es divertido…Cazaré nueces a tiros”. La pesca: Murmullos del agua, el pescador no pesca. Navegación: “El peligro no es divertido, prefiero otra cosa, grita la guapa pasajera”


A mi me gusta este deporte, me parece divertido y vital.

jueves, 27 de octubre de 2016

Teoría del deporte según Erik Satie. 1: De las Gymnopédies a los Deportes y diversiones.

Al llamar a este blog Deportes y Diversiones, adquirí una deuda con Erik Satie (1866-1925) que quiero comenzar a satisfacer. Deportes y Diversiones (1914) es una obra multimedia de Erik Satie en la que la música esta creada a partir de las ilustraciones de Charles Martin y que se acompaña de textos poéticos.
En sus Memorias de un amnésico y otros escritos (1913-1914),  Erik Satie teoriza sobre el aprendizaje gimnástico de la música y marca la distancia que existe entre quien aplica las reglas y quien es capaz de crear placer estético. Cree que el deporte liberará a la gimnasia de su rigidez disciplinada.
Con su creación, Deportes y Diversiones, parece querer entrar en el universo recién creado de la educación corporal para señalar el camino que la gimnasia debe recorrer para ser educación física.
Deportes y Diversiones
Si no tuvieron mucho éxito sus composiciones fue, posiblemente, porque la educación corporal de sus contemporáneos no era suficiente para entender su socarrona carcajada ante la pose hierática de los compositores románticos. Las compuso cuando las escuelas gimnásticas aún no habían conseguido despegarse de la disciplina militar o la rigidez analítica del movimiento, siempre correcto o incorrecto.
Después, las danzas de Isadora Duncan y el deporte anglosajón, que demonizaron los maestros de la danza y de la gimnasia por su indisciplina académica, abrieron los ojos a un cuerpo expresivo distinto. Aquellos que vieron bailar y agitar las túnicas que apenas tapaban el cuerpo, que se regocijaron corriendo detrás de una pelota que había que meter en alguna parte y viendo como chicos y chicas se desprendían de sus respectivos corsés y se solazaban en los baños o deslizándose por las montañas, entendieron y celebraron con regocijo el irreverente mensaje y el aire fresco que invocaban las composiciones de Satie. Y por un momento arte, deporte y juego estuvieron de acuerdo.
Más tarde, cuando el deporte se “patriotaliza” (Stephan Sweig), pierde el sentido lúdico y el respeto de los intelectuales y de mucha más gente.

Erik Satie compuso los Deportes y Diversiones, seguramente con el sentido gymnopédico de lo fundamentalmente humano que desarrolló en sus famosísimas Gymnopédies. Y al organizar sus composiciones y describir lo que quería decir en anotaciones que acompañaban a la composición y a las ilustraciones de CH. Martin, construyó una clasificación de los juegos y deportes que podría ser la norma directriz del desarrollo de una educación física divertida y vital. A ello dedicaré otras entradas.

lunes, 17 de octubre de 2016

Teoría del deporte. Philip Roth. Némesis

Basta ya. No merece la pena seguir guardando en la memoria la lectura de la gran novela americana. Ya la leí y se acabó. Recomiendo a quien le interese el deporte y quiera desentrañar su sentido social y político que la lea. Esta escrita con el desgarro, el cinismo y el sentido del humor de la literatura grande. Y con el desprecio que siente Philip Roth por el ser humano que se deja manipular y los que le manipulan; el asombro de que, una práctica que debían ser un revulsivo moral, no te obligue a ser más persona sino un poco menos.
Para entender mejor a Philip Roth y a sus personajes indagué en su obra y me sorprendió que su novela Némesis (1910), tenga por protagonista a un profesor de educación física ¡Qué sorpresa! Durante casi toda la novela Cantor, el protagonista, es un ser impecable en el sentido de su práctica y su compromiso social.
“Quería enseñar a aquellos niños para que sobresalieran tanto en las actividades deportivas como en sus estudios, para que valoren la deportividad y cuanto podía aprenderse mediante la competición. Quería enseñarles lo que su abuelo le había enseñado: resistencia y determinación, valor y buena forma física, y a no permitir jamás que los zarandearan… solo porque sabían usar el cerebro”. 
El lanzador de jabalina que nunca la lanzó 
Cuando Cantor enferma, pierde su cualidad deportiva y tiene que moverse en una silla de ruedas (Este es el concepto de Némesis. Una especie de venganza divina cuando todo va bien) no consigue sobrellevar la vida con dignidad: “Crees en el cuerpo deformado, pero lo que realmente se te ha deformado es la mente” Se lo dice su novia que quiere seguir a su lado a pesar de la enfermedad. Y un antiguo alumno, al observar su deriva destructiva, recuerda: Mientras corría con la jabalina en alto, extendía el brazo hacia atrás y lo movía adelante para lanzar la jabalina por encima del hombro, y acto seguido, la arrojaba como una explosión; nos parecía invencible”.
No se fía Philip Roth del ejercicio de las facultades físicas que se termina con el músculo engordado. Clama por un juego dinámico que nutra al cerebro más allá del resultado obtenido. Si al menos lo supieran los educadores y los difusores de la educación física. Pero el deporte mercantil y la mentalidad aviesa del deportista se han apoderado de la educación física. En una entradas antiguas de este blog, cuando todavía ejercía de profesor de educación física, ya escribí de vivencias personales relacionadas con esto (Idiotes savants). Os contaré una historia sobre esto en la próxima entrada.

(La foto de ese espanto, que representa la juventud de su dueño, preside la entrada del gimnasio Atalanta de Valencia, y le viene al pelo a la historia contada y al concepto de idiotes savants)

lunes, 26 de septiembre de 2016

Philip Roth 2. El deporte es un trasunto del Edén y es deudo de Dios y la Patria. Nació en 4960 a.de c.

Origen del universo y del deporte
En 1975, España, estaba a punto de quedarse sin Franco, aunque no sin su mentalidad castrense y sus referentes Patria y Dios, que perviven en Aznar, Bono, Rajoy, Susana Díaz, Artur Más -¡su tupé es igualito al de un jefe de campamento OJE que lo fue en Almorox 1962!
Pues bien, en 1975 estaba cursando segundo o tercero en el INEF de Madrid y nuestros profesores intentaban hacernos reflexionar sobre las razones por las que el ser humano juega. Nos facilitaron el libro de Joan Huizinga –Homo Ludens (1954Joan Huizinga –Homo Ludens (1954)-  que argumenta el origen cultural, que es como no decir nada. Otros pensadores afinaban más y lo aproximaban a la guerra, la religión, el ocio, el trabajo. A mí me gusta la teoría de no sé quién, que dice que el origen del deporte es literario, y que son los cuentos del bardo Homero los que le hicieron trascendente.
 Un poco antes, en 1973, Philip Roth en La gran novelaamericanaya había explicado de forma contundente lo que es el deporte): el deporte es un trasunto del Edén y es deudo de Dios y la Patria. Dios y patria ¡los pilares del ideal Franquista! No sé cómo no se hizo viral su teoría en aquellos años de la mirada claralejos, purrutas imperiales… por las Montañas Nevadas. Pues bien, Mister Fairsmith, el profético mánager de los Mundys Ruppert de la liga patriótica, así explica lo que es el deporte:


¡A ver si lo que sostiene Eva
es una pelota de beisbol!
 “El Creador todopoderoso, cuya presencia percibo en todos los estadios de la liga en esos días dorados del verano caluroso y fecundo y del fértil y benevolente otoño en que los muchachos dotados de fortaleza física y moral se entregan con rigor a la práctica del deporte bajo el sol, como hicieron nuestros antepasados en el Edén, antes de la Serpiente y del Pecado Original”. (pág 104)
Nos queda por dilucidar la fecha y eso lo encontramos en esta enciclopedia para la formación de maestros en 1875 (aprox) el deporte nació en 4960 a.de C. el séptimo día de la creación, cuando creó el Edén. Me consta que en Enero. Lo constata Nino Bravo: “Cuando Dios creó el Edén (y el béisbol) pensó en América”
Así el deporte autentico es anterior al pecado original y todo lo que pasa después es una perversión: los profesionales, la ciencia, la iluminación artificial, la radio, la televisión. De eso hablaremos otro día

miércoles, 24 de agosto de 2016

Philip Roth 1. Psicopatología del deportista profesional

Hablar de Philip Roth y deporte es entrar en un jardín. Tan exuberante y lleno de matices es su relato. En una conversación con Hemingway que Philip Roth  se inventó, disputan por la gran novela americana: ¿la escribiste tú o está por escribir? Para concluir que la gran novela americana será sobre béisbol o no será. Luego se pone manos a la obra (PhilipRoht. La gran novela americana 1973
La zafiedad del pelotero Joe di Magio
).
 
Los personajes de La gran novela americana son los deportistas, los directivos y los espectadores del béisbol. Es mejor leer la novela entera pero en un párrafo resume lo que piensa de la capacidad mental de los “peloteros” profesionales. Son gente desinhibida, pero está claro que el deseo de comportarse de forma desinhibida no es una intención explícita, como pudiera ser la del pintor que busca el trazo desprejuiciado del niño. Lo que pasa es que no dan más de sí. “Escuchar las divagaciones de Huckleberry Finn es como escuchar al noventa por ciento de los jugadores de béisbol que en el mundo han sido…” Se refiere a sus ocupaciones familiares, a sus ensoñaciones sobre la libertad de dejarse llevar por el río…
Pone numerosos ejemplos del comportamiento infantil de los deportistas profesionales, pero nos resultará fácil entenderlo si pensamos en los futbolistas que exhiben los valores de su éxito en fiestas con los chicos y las chicas más guapísimas, la gorra atrás, los coches caros, los pelos cardados, los yates; son la imagen del éxito y el modelo de los valores del deporte.
Luego se confiesan redimidos por el deporte. Gracias al deporte son algo (tienen dinero, son queridos). Gil Gamesh, después de ser expulsado de la liga profesional y de una peripecia soviética que no tiene desperdicio, vuelve a Norteamérica y el jugador reconoce: “… por primera vez en la vida me daba cuenta de que este era mi país, de que un país, algo, podía ser mío realmente”. “No, mi corazón nunca lloró por la humanidad, ni por la clase obrera, sólo por mí, por el número 19”.

Creo que después de leer La gran novela americana habremos aprendido todo o que hay que saber sobre la psicopatología del deportista profesional. Pero hay mucho más que saber sobre el deporte y Philip Roth nos lo enseña.

lunes, 18 de julio de 2016

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 3


 He escrito al principio que los escritores americanos no son ajenos al deporte. Con frecuencia, los rasgos del comportamiento deportivo de sus personajes, son definitorios de su personalidad. Joyce Carol Oates (1938- ), de quien desconozco mucho pero de quien prometo conocer más, dedica un ensayo al boxeo. No lo he leído pero leed que recesión más jugosa de Mauricio Sáenz en la revista on-line Arcadia.
“Joyce Carol Oates aclara muy temprano que no considera al boxeo un deporte, entre otras cosas porque nada en él es lúdico: “Nada que parezca pertenecer a la luz del día, al placer”. No es como el fútbol o el baloncesto, que se “juegan”. Nadie “juega” al boxeo, ni en él los hombres recrean actividades infantiles, porque los niños poco o nada tienen que ver con el boxeo. No pueden, porque la muerte siempre es un desenlace posible. En el cuadrilátero los hombres no recuerdan su infancia, sino la infancia de la humanidad.
Y si no es un deporte, ¿entonces qué es el boxeo? ¿Una ceremonia salvaje, un rito expiatorio, un espacio votivo en el que las leyes quedan suspendidas y es posible matar a un hombre pero no asesinarlo? Ninguna definición es suficiente, ni siquiera que el boxeo es la imagen más aterradora “de la agresividad colectiva de la humanidad, de su demencia histórica”.

Prometo leerlo y escribir otro día de boxeo.

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 2

Nunca volvería a jugar a hockey sobre hierba

Antes de seguir con la Teoría del deporte de Joyce Carol(Mágico, sombrío impenetrable. Alfaguara, 2015) ha llegado a mis manos, como clavo que cae del cielo cuando ejerces de martillo, la historia de Emile Laurent (El País, 9 de julio de 2016), que es la chica con mejor resultado en las pruebas de selectividad francesa. Es noticia porque se sobrepuso a un suceso de acoso durante sus estudios. Pues bien, dice: “Mucha gente dice que los buenos alumnos no hacen deporte porque se les da mal, pero en mi caso realmente tengo motivos”. Extraña información en el contexto de una noticia que no sé si lo es.
No es este el caso de Lou-Lou que abandonó el deporte, a pesar de la emoción por la admiración de su padre y, sin embargo, persistió en ella el apego agradecido a su padre por aquello del diente contado en la entrada anterior.
Tanto Emile como Lou-Lou (y Carol Joyce) son mujeres y no es baladí el detalle. Hablan del deporte como un suceso en su vida que ocurrió antes de que hablaran con la serpiente , de que pactaran con el mundo su propia ubicación. Lou-Lou deja el deporte: “La mayoría de las chicas abandonan para siempre los deportes de equipo al terminar secundaria y cuando escucha a su padre rememorar aquel suceso en el que perdió un diente, le abruma y le disgusta. “Lou-Lou, mi hija más asombrosa. No hay nada misterioso o sutil en ella, es todo corazón. No es oscura ni tortuosa. Es una atleta”. A ella no le gusta “Con frecuencia tenía la sensación de que no me conocía en absoluto; creaba una caricatura o una historieta, adornada con mi nombre”. Acaba renegando de la admiración de su padre por aquel suceso tan físico, que sólo se revela en su corporeidad. Desea otra admiración indefinida, que nunca llega.
Hay otro matiz en sus vivencias del Hockey: “Nosotras queríamos creer que nuestra profesora de Educación física, mujer de extremidades nervudas y penetrantes ojos oscuros, era por lo menos lesbiana. Que los hombres no le interesaban pero descubre que ella y su padre comparten algo más que la preocupación por la pérdida de su diente y los sorprende en una cita; “Me escandalicé y me sentí traicionada. No por mi padre sino por Tina Rodríguez… Nunca se lo contaría a mis compañeras de equipo. Nunca volvería a jugar a hockey sobre hierba.

Que el deporte sirve para muchas cosas que nada tienen que ver con el juego, que en el deporte subyacen dependencias emocionales, que las chicas abandonan el deporte antes del bachillerato, que los chicos sienten fascinación por lo físico del comportamiento, que hombres y mujeres no comparten deporte y sienten al otro sexo como extraño en las relaciones deportivas, que el deporte sigue viéndose como una traba para el desarrollo intelectual. Es más fácil encontrar estas reflexiones en una novela que en la planificación del currículo de las Facultades de Educación Física.

No es deporte, no es salud… ¡Es dinero!

A modo de homenaje a José Luis Salvador

Hay muchas cosas a las que nos acostumbramos y al fin nos parece que son como deben ser. Por ejemplo que el deporte sea un negocio y que, para el Estado, eso de que sea un derecho es una pamema. Nunca te lo van a decir así de claro.
Pero a veces se reúnen varios factores (noticias, lecturas) que van en la misma línea y hacen visible la tormenta perfecta: Una persona ata cabos y lo pone en su blog; tampoco da más de sí.
Una noticia del País (14-07-2016) titula: “el 75% de la población está muy por debajo del nivel de actividad física necesario” y concluye: El 10% del gasto sanitario se debe al sedentarismo”. No sé si necesita más comentarios. Se podría reflexionar sobre la idea de calidad de vida, sobre la contaminación, el urbanismo, el acceso a instalaciones y profesionales de la Educación física, las horas de Educación física escolar, los valores de las retransmisiones deportivas, la dependencia de los gimnasios. Pero no, el problema de que no se haga ejercicio es que cuesta dinero al estado y la culpa la tiene usted por no dedicar 30 minutos diarios a relevarnos de este gasto (que se nos ocurren mil maneras mejores de llevárnoslo a Suiza).
Unos días antes leí la columna de Carlos Boyero, Asco 9 julio 2016,  que denunciaba las campañas antitabaco relacionándolas con las cuentas de la Seguridad Social.
Ahora leo en el Facebook de Miguel Á. Delgado, el lamento de un “dependiente” del gimnasio. ¿A que lo sabíamos? Que
¡No es salud, no es educación ¡es dinero!

Lo sabíamos. Por cierto, esta filosofía (el deporte es bueno en tanto que es negocio) tiene numerosos seguidores en las Facultades de Ciencias de la Actividad Física e INEFs. Y es posible que muchos no entiendan lo que digo como algo criticable. Otros muchos sí. Por ejemplo, a José LuisSalvador, que murió un 14 de julio, ya hace tiempo, no se le escapaba ni una cuando intentaban tomarnos el pelo en materia de deporte y dinero.


domingo, 17 de julio de 2016

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 1


“¿A ti que te parece papá?”

Estaba absorto en la narración de Parricidio, el cuento de Joyce CarolOates (Mágico, sombrío impenetrable. Alfaguara, 2015) sin poder levantar la cabeza, cuando llegué a un pasaje que narra un suceso deportivo. ¡Cáspita! Pensé, los americanos hablan del deporte como algo muy integrado en sus vidas… Vamos por partes.
Parricidio cuenta cómo Lou-Lou, una mujer brillante, vive pendiente de su padre (un premio Nobel de literatura). A él dedica su vida: Amor y profesión; textualmente: “Esta es la historia de cómo una hija preferida corresponde al cariño de su padre”.
En cuanto al suceso deportivo, la propia Lou-Lou lo resume: “Yo jugaba al hockey sobre hierba y papá estaba delante de la tribuna descubierta: vino un número sorprendente de partidos aquel año; una chica me golpeó en la boca con su palo y me arrancó un diente: este de aquí. Y papa dijo: “¿Qué llevas en la mano, Lou-Lou?; y yo dije: “¿A ti que te parece papá?”, y el dijo, sin perder comba: “A mí me parecen unos cinco mil dólares, Lou-Lou. Pero tú los vales.” En otro momento explica cómo se sintió: “Estaba entusiasmada, llena de exaltación. Era un momento clave de mi vida adolescente: tenía quince años. No siempre había sido tan feliz ni me había sentido tan orgullosa de mí misma pese a mi situación privilegiada en el aprecio de padre. Ahora creía que mis compañeras se preocupaban por mí y que sabían quién era mi padre, quién era Roland Marks”.
Luego, estaba picando unas cebollas y pensando en el significado de la anécdota en el contexto de la narración, cuando escucho en la radio a Michael Robinson, que habla de un parapléjico que dice “debo todo al deporte: mi familia, mi ¿?...” Todo cosas que se derivan de la fama y el dinero. Intento establecer una relación entre el relato radiofónico y la historia de la novela, pero no cuadra. Yo también, en este mismo blog (Teoría del deporte. Agustín García Calvo 1) he contado mis inicios en el deporte y lo importante que fueron los refuerzos que obtuve. Realmente ¿Quién de los que han persistido en la práctica deportiva no ha alimentado su apego con las alabanzas de los demás? Bueno, no es malo que, cuando haces algo bien, te lo digan. Esto vale para cualquier cosa que hagas.
A los adolescentes que hacen deporte, les va muy bien estos refuerzos, y alguno hace la lectura de que lo bien hecho bien parece, y lo aplican al juego que practican sin presión, sin necesidad de prensa ni publicidad. Porque si te predispones a esperar la fama, entonces jugar no vale para nada y si fiamos la importancia en el negocio se pierde el ocio.

Los apegos vitalicios al deporte generan esperpentos porque muchos deportistas se creen que haciendo bien eso (cualquiera que sea la habilidad que exhiban) siempre les van a reír la gracia. Y asistimos perplejos al discurso de, millonarios hasta el insulto, deportistas que dicen que no se sienten queridos por la afición; suena a pitorreo y sonroja.

miércoles, 6 de julio de 2016

Tiempo de juego

A destiempo, contratiempos, pasatiempos y récords

Hasta aquí llega lo que escribí antes de 2013. De entonces hasta ahora lo que ha cambiado es el tiempo. No solo porque ha transcurrido, también la forma, si es que el tiempo tiene forma.
Entonces el tiempo no es el de ahora, porque ahora se han desmoronado los hitos que lo tabulaba (TA-BU-LA-BA). Esto parece una adivinanza: Los hitos son las obligaciones laborales y ahora no trabajo. Antes el tiempo se podía entender haciendo una cuadrícula, una tabla. En los espacios que definían las coordenadas tiempo-materia se metían las cosas que tenías que hacer y lo que quedaba fuera era tiempo libre. La mayor parte del tiempo ¡no era libre! ¿Cómo llamar a ese tiempo? ¿Sometido, productivo? Vaya lío ¿Todo lo que hacías fuera de la cuadricula no era rentable? ¿no cuenta, no cotiza? El caso es que ahora no tengo cuadrículas donde meter lo que hago, entonces  ¿No vale? Mientras me lío yo solo, estoy pensando en el jugador que lanza la pelota a la canasta después de la bocina ¡fuera del tiempo! En el deporte se puede estar fuera del tiempo. Si Einstein llega a saberlo.
En lo de medir el tiempo, el deporte mercantil se parece mucho al trabajo: si no anotas dentro del tiempo no vale; no sale en la televisión y no pagan por ello. Imaginar lo que da de sí hablar del tiempo en el deporte. Por ejemplo, antiguamente no había récords porque no había cronómetros con décimas y milésimas. ¿Cuánta gente sería la campeona del mundo si solo se contara en segundos? Hay un reloj en la Puerta del Reloj de la catedral de Toledo que solo cuenta en horas. El récord cambia mucho la forma de hacer deporte porque uno puede “competir contra el crono” que a mí parece como hacerse una paja: está bien pero no es lo mismo. Los griegos no tenían records, el que ganaba era el mejor. Los romanos eran más expeditivos, si acababas sin cabeza habías perdido.
En el siglo XVI, antes y después, se medía el tiempo de juego, pero de otra manera. Por ejemplo, un partido de Calcio podía durar todo el día, hasta que no vieran porque era de noche y, aún así ¿quien decía que no se veía lo suficiente? ¡Pues yo veo! diría el que iba perdiendo por poco. En la novela ¡Calcio! (Juan Esteban Constaín.Seix Barral 2012) el partido entre los florentinos y las huestes de Carlos V termina porque tienen que seguir la guerra ¡Parece un chiste de Gila!
Cuando yo era más pequeño, perdía el partido quien se retirara. Por ejemplo, si venía la mamá de Manolito y le cogía por la oreja ¡anda so ganso, que tienes que hacer recados! Manolito perdía el juego aunque hasta ese momento fuera ganando.

Creo que volveré sobre este tema, pero en realidad, lo que quería decir es que ahora mi tiempo no cabe en una cuadrícula y estoy hecho un lío redescubriendo la vida y el juego. Comprobando si lo que haces libre, a espaldas del tiempo, vale para algo. Tanto como escribir esto.

lunes, 27 de junio de 2016

Teoría del deporte. Haruki Murakami.

20121221  Ritos de amistad e impulso para la danza. (Tras la lectura de Baila, baila, baila)
Como los personajes en búsqueda de Baila, baila, baila, subí a la planta decimoquinta, para encontrarme con mi oráculo, mi hombre carnero, y sin oscuridad truculenta ni rayos de luz que me guiaran, me vi en la mesa en la que juntos: ellas, ellos y los dioses, yo uno más, oficiamos ritos necesarios.
Confirmamos que nos queremos y que cuando pensamos cómo y por qué son las cosas, pensamos en la gente y en un mundo mejor. Luego sobrevolamos nostalgias de noches de San Juan; formas diferentes de hablar de fútbol; pudorosos, pasamos de puntillas sobre los dramas personales; nos deslizamos por alguna ladera nevada y llenamos el espacio de proyectos y esperanzas, con sordina, de viajes y navegaciones. Sin que falte el teatro.
Cerol, Sierra Negrete y cava para las libaciones rituales. Y enlazar delirios surrealistas y risas a costa de nosotros, de nuestra sombra, pasado, futuro y hasta de los más ocultos pensamientos.
Nos separamos de la mesa sin saber quien es el oráculo pero con música para bailar, sin darle más vueltas ni buscarle significados, deslumbrando a todos, sin pensar en demasiadas cosas para no tropezar, y:
- No perder la conexión.
- Vivir en otro mundo.
- No marchitarnos.
- Tener imagen ante ti y los demás.
- Que fluya el devenir.
- Poder regresar.


(Murakami dixit)

Teoría del deporte. Isadora Duncan. Holderlin.


20121217 El cuerpo viviente y flotante. El conocimiento de la belleza y de la santidad
Hace algunas entradas, me referí al templo de Ártemis en Braurón, en el Ática. Y como Isadora Duncan sintió que aquello que quería decir con su danza encontraría razón, como la encontraron poetas, filósofos, músicos, en la areté (excelencia) y la práctica de la paideia (enseñanza humanista) de la antigua Grecia. Ya había tomado contacto con la mejor educación física europea en el Instituto Gimnástico de Estocolmo. “…me parece que la gimnasia sueca está destinada a un cuerpo estático e inmóvil, pero no al cuerpo humano viviente y flotante” Eso dijo allí y supo que no la entendieron.
Su empeño tenía que ver con otras dinámicas: “…he venido a traer un renacimiento de la religión por medio de la danza, para elevar al público el conocimiento de la belleza y de la santidad del cuerpo humano mediante la expresión de sus movimientos” Sus maestros: Rousseau, Walt Whitman y Nietzscheze.
Así que, como el poeta antiguo (murió Hölderlin en 1843 en Tubinga), siguió el vuelo de las grullas y cabalgó sobre delfines en busca de la cultura que antepuso la excelencia a ser el mejor, para encontrar “hombres antiguos, vagando confiando en sus fuerzas, con fe en el mañana” Vírgenes puras de Atenas que esperan transidas de angustia…” “relucen gimnasios abiertos, cunas reciben los dioses y, audaz, una idea sagrada sube en el éter: descuella en el soto bendito el altivo templo Olimpeo que casi ya atisba inmortales regiones”.
Con un entusiasmo sin prejuicios, como solo conozco en las mujeres que danzan, se plantó en Grecia: “¡Por fin henos aquí, al cabo de tantos trabajos, en la sagrada tierra de la Helade! ¡Salud, oh olímpico Zeus! ¡Y Apolo! ¡Y Afrodita! ¡Preparaos, oh musas a bailar de nuevo!". Así de exuberante y desnortado era su intento.
Si se le concedió la inmortalidad a Hölderlin por su ejercicio poético de capturar lo universal de la cultura clásica ¿Por qué no a ella en el ejercicio de la danza?
En el Templo de Ártemis las mujeres se reunieron para la danza y el juego y de sus restos arqueológicos Isadora Duncan pudo entrever una manera de bailar: Si capturo la forma ¿conseguiré el espíritu? Se debió preguntar.
Pero ¡ay! la danza que imaginó no estaba en los chicos y las chicas griegas cargadas de prejuicios. Tal vez nunca estuvo sino en la intimidad femenina del templo.
En busca de la cultura más deseada, Heidegger supo ver en la isla de Delos, “la manifiesta, la que luce, la que congrega todo en su apertura, la que por lucir oculta todo en un presente” la sublime cultura de los seres humanos en contacto con la divinidad. E Isadora Duncan la buscó en las cráteras y los grabados evidentes. En realidad ya había encontrado la respuesta: había creado un modelo de insinuaciones y fingimientos, ocultaciones y evidencias que expresaba al ser humano. Como la isla de Delos, su danza “obsequia con la gracia del favor de lo divino y demanda de los mortales la contención y el respeto”.
No era poder. Se equivocó si pensó que era poder lo que tenía. La danza se traza en el aire, en el instante, y no encontraremos al cuerpo que danza, ni a quien baila, entre el conocimiento ni los sabios con poder.
A mi Isadora Duncan me genera todos los sentimientos y su vida articula mi amistad de antes y el amor que ahora siento.


Friederich Hölderlin. Der Archipielagus. La oficina. 2011; Martin Heidegger. Estancias. Pre-textos 2008; Isadora Duncan. Mi vida. Debate. 1977