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miércoles, 9 de enero de 2019

El deporte metáfora del mal


El deporte ilustra gran cantidad de metáforas de nuestro comportamiento y en él se retratan lo mejor y lo peor de nuestra sociedad. Para que retratara lo mejor se inventó y se hizo educativo pero, en estos momentos, el retrato más veraz que hace el deporte de la sociedad es el de la impunidad con que se mueven en él “los malos”.

No pasarían muchos años de la existencia del fútbol, o de cualquier juego que le precediera, para que alguien viera en este enfrentamiento un trasunto de la guerra, antes de ver en él un negocio, o tal vez al tiempo porque, una cosa y la otra siempre han hecho ganar dinero a alguien. Este podría ser el punto de partida y esto es lo que nos viene a contar Ángel S. Harguindey en su columna "fútbol es fútbol" de la sección “En Antena” del Pais del 8 de enero de 2019. Lo que hace es comentar la serie “Todo por el juego” que se puede ver en la plataforma de Movistar.

En primer lugar desmonta aquello de “fútbol es fútbol”; una simpleza con la que se intenta destacar el carácter de juego azaroso, por encima de las circunstancias corruptas e inmorales que rodean al negocio. Luego se mete en terreno pantanoso y habla de la gran cantidad de delincuentes que lavan su cara y la pasta en el deporte. Entonces se lanza a dar algunos nombres de rapaces que han pasado por el deporte y los juzgados. Y aquí da un paso atrás porque el gran problema no son los que han sido descubiertos y juzgados sino la poca ejemplaridad de los castigos y que son más los que consiguen no pasar nunca por los tribunales a pesar de su evidente implicación en las tramas corruptas y su connivencia con los políticos; sin nombrar, porque a pocos les importa, la degradación que hacen de un juego que debía ser más ocio que negocio. Todo esto nos puede hacer llegar a la conclusión de que las leyes favorecen la trampa, en el fútbol y en la sociedad, y han creado un terreno propicio para la delincuencia en el que, los que han sido pillados, es porque no han sido lo suficientemente malos, ya que los peces gordos siguen en el poder como si éste fuera un territorio sin ley. Como si lo fuera pero sin el como.

En fin. Lo malo de todo esto es que sigo creyendo en el juego como un territorio feliz y atractivo. Un espacio que deberíamos recuperar para los jugadores.

Últimamente aparecen numerosas denuncias literarias sobre la degradación del deporte, lo malo es que forman parte del carrusel mediático que engorda la popularidad del negocio. Tal vez sea hora de hablar bien del deporte, si es que puedo. U olvidarse de él y pensar que hay Educación Física más allá del deporte. en cualquier caso hay que ver la serie esa de "Todo por el juego"
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domingo, 18 de noviembre de 2018

La sociedad futbolerizada y la Universidad


 El País. 18 de agosto de 2018. EL ACENTO. El futbolerismo se impone en la educación superior. Jorge Marirrodriga.

Acababa de terminar la entrada dedicada a Carlos Zanón cuando cae en mis manos un artículo de la prensa diaria, que viene a profundizar en lo que quiere decir ser futbolero y su aplicación fuera del ámbito del fútbol. Lo utiliza para explicar la perversión de los valores en la Universidad. Cuando el interés está por encima de la educación. En el Instituto nacional de Educación Física, en 1974 (diez años antes de que la Real Academia Española (RAE) de la Lengua se diera por enterada de la vigencia de este adjetivo) se llamaba futbolero a cualquier deportista que entendiera la práctica deportiva al margen de sus valores educativos (en el más amplio sentido de la palabra) y de pasatiempo. Así había jugadores de baloncesto que eran futboleros; y de balonmano, aunque estos podían llamarse balonmaneros, que no era lo mismo. Es un adjetivo que se aplica a comportamientos que se dan en deportes muy mercantilizados. Nadia Tronchoni (El País, 25 de septiembre de 2018) habla de los crecientes conflictos entre pilotos de moto GP y la radicalización de las hinchadas: "El Mundial de motociclismo se ha futbolizado", concluye. 

06-noviembre-2009 Manel Fontdevila 

Así, decir de alguien que era futbolero, que nadie se preocupaba en definir, se sobreentendía que era despectivo. Que es lo mismo que explica José Marirrodriga en su artículo, que además nos ofrece algunos rasgos  Se pregunta ¿Qué es lo más importante para un futbolero? Vender camisetas, son profesionales fríos, el ranking FIFA, la marca del patrocinador. En contra de valores intrínsecos del futbolista: Marcar goles, comprometerse emocionalmente, competitividad, compromiso con el club. No es que me guste mucho el resumen. Queda más claro cuando dice, más o menos, que el futbolista y los aficionados al fútbol atienden al juego (al ocio) y el futbolero al dinero (al negocio).

Pero lo más importante es que cree que la sociedad pervierte de la misma manera los valores y pone por delante de cualquier valor de convivencia y cultura, el dinero. A eso lo llama futbolerizar la sociedad. Y cuando se refiere a la Universidad dice: “Es una lástima que el tiempo de la vida en que mejor se puede aprender y pensar sin prisas se rinda al utilitarismo de un lenguaje ajeno. También es bueno aprender para nada”.

Pero es una batalla perdida, las Facultades de Ciencias de la actividad Física y el Deporte también están futbolerizadas.

Esta entrada tiene más sentido si también se lee la dedicada a Carlos Zanón



jueves, 4 de octubre de 2018

Kenizé Mourad. De parte de la princesa muerta. Una inquietante teoría sobre el origen del deporte



Narra la peripecia de la princesa Selma, la madre de la autora del libro, musulmana, hija de sultana otomana en Turquía que, en 1923 (Revolución y fundación de la República de Turquía) se exilió a Libia hasta finales de los años treinta del siglo XX. Después fue Maharaní, esposa del Rajá de Badalpur, en la India en los años cuarenta, mientras se gestaba la independencia del país. Luego se exilia a París, justo cuando va a empezar la Segunda Guerra Mundial.

He leído este libro como una lectura de verano, tumbado en una hamaca y con el auxilio de la Wikipedia, porque la novela biográfica se sitúa en varios momentos de la historia que yo desconocía. Me resultó apasionante. Lo que no esperaba era encontrar referencias al deporte y las hay, concisas y bien claras, del papel que juega en la sociedad. Pero sobre todo hay referencias al juego, una teoría muy interesante para quienes ven el origen del deporte en la guerra, o más bien en la política. Vamos por partes:


Ya comentamos, en otras entradas de este blog, la contribución de las sociedades deportivas al estilo de vida fascista en la Alemania de los años treinta. 

Pues bien, en 1936 Libano es un protectorado francés y Beirut es considerada “El París del Líbano”, una ciudad abierta y cosmopolita que comienza a sufrir la tensión prebélica (En 1936 Mussolini invade Etiopía y ambiciona Libia) que dará origen a la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto hablan dos personajes del libro (:340):

“¡Otra vez las milicias de Gemayel hijo! Francamente, desde que fue a los Juegos Olimpicos de Berlín, no se para en nada.
Falanges libanesas. ¿Una asociación deportiva?  
¿Sabes como les llaman? ¡Las Falanges! Mussolini es su héroe. Pretende que su asociación es únicamente deportiva con fines sociales, aunque en realidad quiere organizar a los jóvenes libaneses según el modelo de las juventudes fascistas, una juventud pura y dura, ultranacionalista”

Efectivamente, Pierre Gemayel no fundó una asociación deportiva, sino un partido fascista (Falanges Libanesas) que tuvo como modelo La Juventudes Hitlerianas y Falange Española y se ha ido adaptando a los tiempos para mantener el poder. El deporte tiene muchas utilidades.


La distensión por el deporte

En la India de la década de 1940, en un corrillo de una reunión en la que se encuentra la alta sociedad, indios, otomanos e ingleses, se roza el tema de las fricciones entre hindúes y musulmanes, se deriva hacia la necesaria independencia de la India y la Maharaní Selma quiere hablar de los derechos de las mujeres. Entonces el Gobernador ingles ataja:

¿Y qué pensáis del último partido de polo?
El polo, claro, se habían olvidado del polo. Todos se apasionan y el gobernador olvida su mal humor” (:416).

Origen bélico y político del deporte

Con la razón religiosa y el ocio, una de las teorías más aceptadas sobre el origen del deporte, es el de la guerra. En la guerra de Troya se fundamenta el origen de las Olimpiadas. Aunque a mí me gusta la idea de que no es en la guerra sino en las narraciones de Homero de la guerra de Troya. En este libro se propone un origen político e intereses de manipulación del pueblo y las masas.

En el contexto de una narración sobre el carácter del pueblo de Lucknow, en India, se habla sobre deportes tradicionales, sus razones, su necesidad y su carácter. Son párrafos demasiado largos para transcribirlos, lo mejor es leerlo, y de paso el libro entero. Este es mí resumen (:551-553):

¿Qué os parece este juego princesa?... Combates de codornices… Las codornices son pacificas, volverlas agresivas requiere entrenamiento y mucho talento para convertirlas en animales fuertes y belicosos. La princesa Selma se sorprende ¿No hay suficientes animales que combatan por instinto?

Resulta una incongruencia para la idiosincrasia del juego: “Todo arte consiste, no en seguir los dictados de la naturaleza, sino justamente en cambiarlos” Es una vulgaridad hacer luchar a dos enemigos naturales, eso es solo fuerza bruta. “Hacer que se peleen dos amigos, dos aliados, eso sí que es arduo y mucho más excitante”.

La princesa Selma, comprende que está hablando, no de codornices, sino de seres humanos y de política y dice que es una perversión. Su interlocutora le da la razón: “Esto tiene la ventaja de ahorrarnos el ridículo y el mal gusto de pelearnos por ideas que se abandonan de un día para otro”    Es un juego como cualquier otro ¿Decadencia de una aristocracia agotada? De ninguna manera

Entonces aclara que los indigentes y los pobres, que no pueden dedicar dinero a gallos ni codornices apuestan en peleas de huevos. Así de simple: enfrentan dos huevos, los empujan y el que casque, pierde.

“Los ingleses creen que están locos, que sería preferible que se comieran los huevos antes de estropearlos de esa manera. No comprenderán jamás a nuestro pueblo”.

Alguien más sabio que yo podrá sacar consecuencias de esta narración. Como teoría del origen del deporte, es maquiavélica, inquietante y plausible.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Carlos Zanón. ¿Qué es ser futbolero?


Carlos Zanón: Futboleros y escribidores


 De la orgía de literatura sobre deporte que se desencadena cada vez que hay una Olimpiada o un Campeonato del Mundo de Fútbol, yo hago una selección poco rigurosa. En primer lugar, mis hábitos lectores me tiene que poner el articulo ante los ojos y, después, algo me tiene que llamar la atención, en este caso es el autor de quien había oído hablar. Algo suyo leí.

El caso es que Carlos Zanón escribió en el País dos artículos sobre fútbol: uno cuando se iban a jugar las semifinales, y otro en vísperas de la final. El primero se llama Pasión por una lavadora y el segundo Gloria y fracaso. Tópicos y lugares comunes, pensé. Aunque no estaba de acuerdo con la afirmación de que en el funcionamiento de una lavadora, que lo compara con el estilo de juego de los equipos semifinalistas, no haya pasión. Eso es porque no ha sacado a su lavadora de su encastre, la ha puesto en un pasillo junto a otra y ha programado el centrifugado para ver cuál de las dos corre más. Yo he visto una carrera de lavadoras en el bar de Moe en Los Simpson. Seguro que no se le ha ocurrido hacer el amor sobre una lavadora cuando está centrifugando (cuatro millones y medio de entradas en Internet).

Ya había desechado ninguna aportación de sus artículos cuando, en el último párrafo, vi que se autodenominaba futbolero. Como no estoy de acuerdo con la definición que da la Real Academia del significado (Perteneciente o relativo al fútbol. Persona aficionada al fútbol o que practica este deporte) decidí ver a que se refiere el escritor (ni se me ocurriría decir escribidor) cuando se autodenomina futbolero. Deduzco que, al futbolero:

No le gusta el fútbol sin héroes ni villanos. Sin gente a la que odiar o amar.

El buen juego le da igual (Bélgica juega bien, pero qué más da). A esta selección, con Francia, Croacia e Inglaterra son a las que compara con la sosería de la acción de una lavadora.

Para que el fútbol guste a un futbolero se necesita el intangible histórico, emocional o trágico (o todo junto). Y aclara: selecciones para las que un partido es el sustituto de una batalla, de una declaración de independencia, corregir mapas, escapar de barrios y vidas sin expectativas.
Se necesitan jugadores (Muchachos que sus vidas quedarán marcadas para siempre después de jugar una final) con estigmas de derrotas… 

Jugadores (que se debaten entre ser alguien distinto de los demás o ser uno más, indistinguible) que saben que cada vez que tocan el balón hay millones de corazones encogidos…, con problemas de todo tipo.

Jugadores que lanzan penas máximas jugándose la vida…, deseosos de entregar la felicidad a una turba de descerebrados… ¡Qué agobio ser jugador!

Dice que lo importante del fútbol es que te enseña a perder. Pobre docencia, ¿que hubieran dicho de mí si hubiera enseñado eso? Yo enseñaba lo que hay que hacer para jugar bien. A perder te enseña la vida. Phillipe Roth escribe: Enséñame a un buen perdedor y te enseñaré a un perdedor. Y continúa con una retahíla memorable. Perder es tedioso, agotador, anodino, deprimente, aburrido, extenuante, comprometido, vergonzoso, humillante, enervante, descorazonador… Produce dolor de cabeza… es dañino para la confianza, el orgullo, los negocios, la armonía familiar, la potencia sexual… hace que la gente llore, grite, se esconda mienta…Es la mayor causa de suicidios y asesinatos… Vuelve malvado al noble, cobarde al valiente. Es motivo de desprecio…Cuanto antes nos quitemos de encima a los perdedores, más felices estaremos todos” (La gran novela americana :312).

Y por último, el futbolero compensa la vida con fútbol. 

Sobre este tópico terapéutico, sencillo y contundente lo dice Mario Conde, el detective habanero de Leonardo Padura: "Le hubiera gustado poder ir al estadio, necesitaba aquella terapia de grupo, que tanto se parecía a la libertad, en la que podía decir cualquier cosa, desde putear a la madre del árbitro hasta gritarle comemierda al "manager" del propio equipo, y salir de allí triste por la derrota o eufórico por la victoria, pero relajado, afónico y vital" (Pasado perfecto) 

Lo dejamos aquí. Debe ser terrible ser futbolista con esas responsabilidades y también ser futbolero como Carlos Zanón. Y no digo que sea mentira lo que dice, aunque parece que se deja llevar por su vena poética y una cierta contundencia, como si los futboleros fueran personajes de novela. Y da pavor pensar lo manipulable que es una masa de personas inmersas en esos intangibles.

Ser futbolero no es lo que dice la RAE en su diccionario (perdón por la osadía de contradecir a tan regia institución pero supongo que la relación de los Académicos con el deporte debe ser, como mucho, de futboleros). En el campo semántico del fútbol ya había suficientes palabras para describir lo relativo a este deporte y a sus aficionados: futbolistas, jugadores (cada uno con su especificidad), entrenadores, directivos, aficionados de distinto carácter: hinchas, hooligans. Desmond Morris escribió El deporte rey y Vicente Verdú El fútbol, mitos y ritos sin tener que utilizar esta palabra. El futbolero fue un término popular, despectivo, que nació para denominar al descerebrado, al que era incapaz de ver en el fútbol un juego, alguien que veía en el fútbol… todo eso que dice Carlos Zanón que ve. El futbolero, en su acepción popular, era un subproducto de la manipulación que se hace del fútbol para convertirlo en religión, negocio y patriotismo. Un mal aficionado, igual que un escribidor es un mal escritor.

Es frecuente que muchas de las personas que se ven retratadas en una pasión impropia, es decir muñida por otros, se revuelva e intente hacer del menosprecio timbre de orgullo. Pasó con las marujas a las que Rita Barberá quiso hacer un monumento. Futbolero a mucha honra es un exabrupto similar, menos dramático, al resignado Vivan las cadenas. 

En fin. A Carlos Zanón le comparan con Vázquez Montalbán. No digo que no ni que sí (más bien que no). Pero el deporte en Vázquez Montalbán era mucho más serio y más pensado. Seguro que a Vázquez Montalbán ni se le hubiera ocurrido autodenominarse futbolero. Lean de este autor Política y Deporte o la intriga de Carballo situada en las Olimpiadas de Barcelona. Y lean algo de Zanón. Yo volveré a hacerlo…, el día menos pensado.

De sus artículos me quedo con la última frase de su artículo Gloria y fracaso, que no encaja en nada de lo que hay escrito en estos artículos: Para lo que se necesita coraje es para vivir y jugar.








domingo, 9 de septiembre de 2018

Carlos Marzal: El poeta, el fútbol y los toros


Carlo Marzal escribe sobre fútbol ¿Por qué?

 Al fútbol se juega todo el año en todas partes, pero los días que dura el Campeonato del Mundo de Fútbol, el terreno de las letras se convierte en una especie de barbería de la posguerra en las que era obligatorio hablar de fútbol o de toros, para evitar la tentación de hablar de política.

Carlos Marzal, que es poeta, y bueno en esto, también dedica una columna al fútbol en el Levante EMV de 30 de junio de 2018. La futboliada titula, en referencia, no sé si culta o burlona, a La Iliada o a las Olimpiadas. 

El poeta empieza el artículo exponiendo una teoría evolutiva al modo de Piaget. “El futbol es un fenómenos de masas en el que las masas participan desde la niñez. El impulso de pegarle una patada a algo… constituye un absoluto” (Y nombra a Kant y Schopenhauer ¡para lo que han quedado!). Les aseguro que no hay que irse tan lejos. En el Instituto Nacional de Educación Física de Madrid, en el año 1974 aproximadamente, esa misma era la teoría con la que Miguel Muñoz, entrenador del Real Madrid, abría su docencia sobre fútbol con el siguiente discurso: El fútbol es instintivo. Un niño ve venir una pelota rodando y no la coge con la mano, le da una patada; y si la pelota pasa por una puerta dice ¡Gol! Eso se llama instinto de gol. Esto último lo dijo sonriente, cuando notó el regocijo generalizado. En una muestra de honradez dimitió de su docencia antes de acabar el curso.

Otra razón de su artículo, puede ser sociológica y geopolítica. Nombra los momentos en que jugar al fútbol puede provocar una distensión política: los partidos entre enemigos en las pausas de las guerras. Nombra también en las ocasiones en las que se juega en condiciones extremas de penuria. Pero la distensión no es una virtud del fútbol, sino del juego. Hay ejemplos conocidos de política del tenis de mesa, del rugby, del cricket.

Cita la infancia vivida en las calles como la patria del futbol. En la foto de su blog aparece un niño como de nueve años jugando al fútbol sobre impecable césped con un impecable equipamiento del Valencia CF que incluye espinilleras, porque la violencia es evidente también a esas edades, que le aleja bastante de la visión del fútbol de favelas que insinúa. El fútbol infantil, ahora, nada tiene que ver con pelotas de trapo (si hay alguien en el mundo que juegue con pelotas de trapo sale en internet y cualquier club de cualquier otra parte del mundo, en gesto magnánimo y convenientemente publicitado, le ahoga en balones de reglamento). Los niños juegan en escuelas deportivas con buenos profesionales y con psicólogos que prevengan a los niños del casi seguro fracaso en su intento de llegar a la élite. Por cierto, en la misma página del blog aparece una proclama sobre la libertad del pueblo catalán, impagable.

Pero, para Marzal, la principal razón para jugar al fútbol es terapéutica. Herramienta del recuerdo, “los olvidados del mundo juegan al fútbol”, y lenitivo del dolor: Durante noventa minutos se “vuelve a ingresar en el Paraíso, fuera del tiempo, lejos de la decrepitud, invulnerable al dolor y a la muerte”. ¡Joder! Vaya colocón. Y luego dice que eso de que el fútbol es el opio del pueblo es una perversión de los progres.

Como se ve que esto del deporte no lo tiene muy pensado, hay que volver al principio de la columna para entender por qué habla de fútbol y descubrimos que en realidad de lo que quiere hablar es de toros para hacer un ajuste de cuentas con los progres de otra época, que dice que ya no existen. Lo explica con un “silogismo cateto” que atribuye a los fantasmas de la izquierda: “Los toros eran franquistas, luego abominables”. No Carlos, no entendiste nada: Los toros son abominables y por eso franquistas. Entendido el franquismo como el predio de todas las abominaciones.

Marzal quiere decir que el fútbol nunca estuvo bien visto por los progres (¿Qué demonios querrá decir con progres? –diría Juanjo Millas-). Esto no es cierto, los progres de principios del siglo XX vieron en el futbol y en el deporte, el mirlo blanco de la humanización y el cambio regenerador. Mucho antes de Franco y su amor por los toros (¡Cómo disfrutaba! en el palco de las Ventas, cual Emperador romano, llegando tarde y haciendo flamear los pañuelos blancos de protesta, para que el ABC dedujera que España era una democracia y se podía protestar contra el gobierno como en Inglaterra); como decía, mucho antes, en 1924 en la Revista Aire Libre aparecía el siguiente párrafo: “No sabemos si el deporte tendrá tanta fuerza regeneradora, pero vale la pena ponerlo a prueba, porque con nuestros floridos casticismos, con nuestro toro y con nuestra pandereta y nuestra “jonduras” no nos ha ido tan bien que podamos despreciar el examen de nuevos procedimientos educadores”. Había muchas esperanzas puestas en el deporte.

La intromisión de los progres en 1978

Después, los progres, denunciaron el deporte como un paraíso perdido a favor de la mercantilización y del Nacional Futbolismo, que diría el periodista Julian García Candau.


Además, el pensamiento sobre los toros no se puede aplicar al fútbol porque no es lo mismo. Nada que incluya la muerte debía pensarse que es un juego, ocio ni deporte: ¿jugar y matar? No lo entiendo.

Quiere llegar a la conclusión de que si los progres no disfrutan viendo el mundial (y los toros) es porque son unos taraos. Argumenta que los progres y los fantasmones de la izquierda necesitan el permiso de una autoridad para disfrutar de algo (incluye el sexo, que los progres no disfrutaron nunca sin permiso de alguien y cita la autoridad de Roland Barthes, semiólogo estructuralista que pasaba por allí). Vamos, que los progres, quien quiera que sean, le caen fatal, lo mismo que le pasaba a Aznar, que llamaba a todo el que se le oponía desde la izquierda progres trasnochados y radicales.

El poemario de Carlos Marzal Metales pesados, me encanta. Recomiendo su lectura. Las novelas que ha escrito, a otros les gustarán. Lo mejor es leer mucho, para que luego no “te la cuelen” en una columna.


domingo, 2 de septiembre de 2018

Quiero que pierdan todas las selecciones nacionales

Levante EMV 30 de junio de 2018


Ya hace mucho que se jugó el Campeonato Mundial de Fútbol. Esos días escribe tanta gente de fútbol que apabullan los argumentos críticos, no es fácil separar el trigo de la paja y, como además es verano, dejas de lado las fatigas de escribir y te tumbas a la bartola. Así, meciéndome panza arriba, a la brisa generosa de un treinta de junio de Xàbia, ojeaba un Levante EMV. En la portada Jorge Rodríguez, alcalde de Ontinyent sospechoso de alguna trapacería, se da un baño de adhesiones incondicionales sonriente ¿Por qué sonríe? Tres bebés ahogados frente a las costas de Libia. Vísperas del partido de España contra Rusia, que evoca el gol de Marcelino de 1964 y el subidón del honor patrio de la dictadura. Parece un periódico de aquella década.

Pasolini no hubiera escrito actualmente sobre deporte, simplemente por el rechazo que produce la descomunal industria y la cínica manipulación de le ética y la moral del juego. A mí me pasa algo parecido, rechazo el deporte cuando me apabullan con él a mayor gloria de la patria y el negocio.

Cuando me creía inmune al fervor mundialista, varios artículos que hablan de fútbol y deporte, de muy distinta índole, me llaman la atención, los leo y decido guardar el periódico para ver si en otro momento se me ocurre algo que escribir.

En la página cinco, Josep L. Pitarch se sincera y dice lo que tantos piensan y dicen en petit comité: Vull que perda la roja. Quiere que pierda la selección española por la hartura de exhibicionismo españolista, el patriotismo descerebrado, la imbecilidad en la vestimenta, los sentimientos identitarios desnortados. A mí me gusta el argumento, que Pitarch no dice, de que si eliminan a la Selección, entonces solo quedamos viendo el fútbol los que nos gusta el fútbol. El columnista dice que “el fútbol se la bufa”, aunque no lo parece.

Luego reparte argumentos, generalmente mal informados, sobre el impacto económico del fútbol, el abuso de las autoridades que los apoyan y, por fin, confiesa la auténtica razón por la que quiere que pierda La Roja: La exaltación de la selección española va en contra de quienes no estamos de acuerdo con este Estado. Cabe pensar que si nuestro estado fuera. por ejemplo, republicano, a J.L. Pitarch ya le gustaría La Roja. Y en eso no estamos de acuerdo porque yo con ningún estado quiero que me representen las selecciones nacionales. Yo en realidad quiero que pierdan todas las selecciones nacionales, que se ahoguen con todos sus estandartes y que a los jugadores les saquemos a hombros al cántico de “hemos ganao, hemos ganao, el equipo colorao” y que les paguen sus madres con besos.

Me gusta lo que dice al final. Yo también me lo he preguntado: ¿Dónde se meten los del honor patrio y las camisetas coloridas cuando pierden? Porque se habrán dado cuenta de que la mayor parte de los equipos pierde, de los treinta y dos equipos que jugaron este mundial, solo uno ha ganado.

Apenas recuperado de este artículo, en la página siguiente Nicolás Junquero escribe un artículo insólito: “La universalidad del deporte”. El artículo es como la Carta Europea del Deporte de la UNESCO. Dice cosas tan bonitas como que “En la mayoría de los países se utiliza la práctica deportiva para transmitir valores democráticos para la resolución de conflictos de tolerancia y paz”. Inquieta un poco que diga que eso ocurre en la mayoría de los países, es decir que en algunos se utiliza para otra cosa. ¿Para qué? No se me ocurre: ¿Para manipular a la gente? ¿Para negocios sucios, como blanqueo de dinero, evasión de impuestos?

Con que hubiera dicho que esto es lo deseable pero que está muy lejos de la realidad parecería menos una declaración de intenciones de UNICEF, UEFA, FIFA, MUFACE¿?...

Cuanta F, en las siglas, como las de la F1 que aparece en el mismo diario porque “la jueza de la F1 cita como investigadas a once empresas…” 

En la foto, Camps y Rita Barberá resolviendo conflictos democráticos relacionados con el deporte.

Pero lo bueno viene en el suplemento Posdata en el que el poeta Carlos Marzal escribe su Futboliada. Pero esto, que tiene más enjundia lo leeremos otro día.


Todo en el mismo día, 30 de junio de 2018





jueves, 12 de julio de 2018

CR y la huelga de la USB


Mientras me rascaba la barriga, balanceándome en una hamaca, con un trozo de mar casi al alcance de la mano, el mundo seguía: se jugaba el mundial de fútbol, cumpliendo inexorablemente su fase de equipos, sus octavos, sus cuartos y ya solo queda la final y el humillante partido para tercero y cuarto. De los periódicos que leía, después de hacer el crucigrama, recortaba todo aquello que escriben los escritores sobre el fútbol. Lo que escriben los que cobran por escribir y no los que cobran por jugar. Curiosas lecturas de las que daré cuenta otro día.


Mis paseos de la tarde, en horario de fútbol, me sirvieron para darme cuenta de que había pasado a formar parte de un colectivo que ni sabía que existía pero que era muy numeroso: Aquellos que no vemos los partidos pero que, cuando pasamos al lado de una terraza en la que muchos lo están viendo y oímos rugir por un gol, nos acercamos a la pantalla para saber quién ha marcado y de paso enterarnos de quienes estaban jugando.

Pero lo que me tiene loco del mundo del fútbol es el fichaje de Cristiano Ronaldo por la Juventus. No me había fijado en la cantidad porque ya hace mucho tiempo que perdí la sensibilidad a la economía futbolera. Creo que cobran más que algunos catedráticos, médicos e investigadores (o que todos juntos, no sé). Lo que me ha dejado patidifuso es la huelga anunciada por la Unión Sindical de Base (USB) por la desmesura de lo que va a cobrar mientras ellos cobran…, me imagino que menos.

Estoy soñando con ver la vuelta de la conciencia de clase y la imagen del negocio del fútbol como metáfora de la injusticia social. Quien sabe, tal vez a partir de ahora, los trabajadores dejen de ver el fútbol y de votar a la derecha.

La imagen está tomada y manipulada de https://www.realmadrid.com/