El FC Union se afana en mantener la esencia y la autenticidad de un deporte que la está perdiendo. Eso dice esta crónica.
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Con frecuencia se encuentran artículos en la prensa sobre la autenticidad de las emociones de los aficionados al deporte. Esta preocupación, al menos la publicada, casi siempre se refiere al fútbol. Se supone que no existen dudas sobre las razones por las que los espectadores acuden a otros espectáculos deportivos. Los asistentes a un evento atlético, por ejemplo, van allí porque les gusta el atletismo.
De la preocupación por encontrar valores sociales en clubs de fútbol va este artículo (Marc Bassets. El espíritu berlinés vibra en las gradas) que empieza marcándose objetivos realmente ambiciosos: “¿Dónde vibra el nervio de una ciudad?” Se refiere a Berlín. Y por fin lo encuentra: en un estadio de fútbol en un barrio obrero. Se trata del barrio de Köpenick, en un estadio que tiene el bucólico nombre de La Antigua Casa del Guarda Forestal. El club es el FC Union “Rara avis en el deporte globalizado y millonario”. El otro equipo berlinés, el otrora poderoso Dynamo, está en una categoría más baja y se le identifica con la extrema derecha y los neonazis.
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