Jesse Austin perdió por unas milésimas de segundo la final de 100 metros libres en los juegos olímpicos de 1968 en Ciudad de México. Tenía 17 años y era la mayor esperanza de la natación estadounidense, pero la esperanza es peligrosa y conviene mantenerla a raya.
No he leído este libro. Hago este artículo a partir de una crítica de Patricio Pon y los comentarios que he leído en Internet. Me interesó por la reseña con que se anuncia, quiero saber si es un libro sobre deporte y compruebo que esta es la pregunta que se hacen muchos de los que se interesan en él, e incluso muchos de los que lo han leído. La respuesta que se dan es que no, que el libro tiene que ver con la manera en la que Jesse maneja su vida. Sus relaciones, sus decisiones y las consecuencias de ellas.
Entonces, ¿qué significa que se recurra a un momento deportivo como arranque y eje de lo que va a vivir como adulta? Vamos por partes. El relato no es biográfico, por lo que el suceso de la nadadora frustrada es una elaboración de la autora. Es decir, la autora reconoce en el deporte momentos de gran intensidad sensitiva y emocional capaces de condicionar la vida. Y también cree, se deduce de la descripción del contenido del libro, que una joven de diecisiete años no es consciente ni puede asumir las enormes expectativas y esperanzas que, a veces, se ponen en el deporte.







