La fotografía refundó el deporte, quien lo fundó fue la literatura. Para el espectador atento, el deporte es una sucesión de imágenes fugaces que, cuando te sorprenden, se recrean una y otra vez en la memoria y sobre las que el tiempo y el deseo ejercen su influencia hasta construir sucesos inverosímiles que se comparten en relatos épicos que van cambiando a medida de quien escucha.
— ¿Viste a Belauste que venía corriendo desde la mitad del campo y entró en la portería con el balón pegado al pecho mientras gritaba ¡A mí el pelotón Sabino, que los arrollo!? https://inside.fifa.com/es/news/belauste-y-el-grito-de-furia-que-inspiro-a-un-pais-2803586
Y el que lo escucha, que también estuvo, pero no vio nada de eso, le da la razón, porque quiere formar parte de esa leyenda que deja boquiabiertos a los que no estuvieron allí. Por cierto, con ese y otros relatos parecidos se construyó la leyenda de la Furia Española, que tanto juego dio a los patriotas de puro y carajillo. Y no había otra manera de conocer la realidad. El bardo Homero fué maestro contando la guerra de Troya y sus relatos dieron origen a la representación de las hazañas con las que se construyeron los Juegos Olímpicos.


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