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sábado, 26 de febrero de 2022

Hormigas sin sombra. El libro del haiku. Maurice Cayaud


Hormigas sin sombra. El libro del haiku. Antología paseo por Maurice Cayaud. DVD ediciones


 

AVENA SILVESTRE

Lluvia de plata

si la desgrano y la

lanzo al cielo.

                      Luis Antolín

 


David Ayora 

Un momento que podría ser olvidado inmediatamente, el juego lo hace inolvidable.

He parafraseando un renglón de este libro, que si lo subrayáramos tendríamos que hacerlo línea por línea. Más valdría emborronarlo, olvidarlo para que te deje vivir sin recordarte lo frágiles e ignorantes que somos.

Estaba haciendo una lectura, embelesado en el arte de decir sin gritar, de insinuar, de contradecir, de contrastar con las palabras lo visto y sentido, soñando con ser tan sabio como todos los sabios que nombra el autor. Cuando me encontré con una referencia a Erik Satie y su creación Deportes y Diversiones (traduce deportes y entretenimientos), a los que dedica un espacio en el que hace referencia a los músicos que hacen creaciones cortas, resúmenes musicales en busca de lo esencial de la música. Además de ser el titulo de este blog, a esta composición, Deportes y Diversiones le dedica un párrafo en el que resalta la actitud juguetona del músico, que es lo que yo pretendo resaltar,

“instantáneas irónicas agrupadas por Satie bajo el título juguetón de Deportes y Entretenimientos”

El título juguetón, dice, lo leí y me di cuenta de que, a lo largo de esta lectura, en la que se habla de palabras y emociones, aparece con frecuencia la palabra juego, así qué, cundo acabé la lectura del libro, volví sobre las líneas ya leídas para ver qué decía sobre la idea de jugar.

Mirad a ver si os vale. Jugar es,

Crear un lenguaje que no es el de todos sino el de nadie, es una paradoja, un asentimiento tácito que hace que podamos compartir el juego (el de las palabras y las normas). Un momento que dura lo que se acuerda, un acuerdo perfecto limitado en el tiempo, y que escapa a la finalidad ordinaria del deporte… no dejar huella (hormiga sin sombra).

¿Qué huella puede dejar la felicidad? ¿Cuál es la belleza siempre entrevista?

sábado, 19 de febrero de 2022

Ángel Marino 5ª promoción 1971-1975

La pasión y la belleza

Muchos estudiantes piensan que los años en los que estudiaron la carrera les cambió la vida. Pues, por lo que cuentan sus compañeros, Ángel cambió la carrera, la forma de estar y ser estudiante de educación física. Llegó al INEF (1971-1975), con los pocos años con los que se empieza una carrera, con algunas determinaciones tomadas y algunas decisiones sobre lo que quería aprender y lo qué quería que fuera su vida. Yo no lo conocí entonces, lo que sé de este profesor de educación física es lo que se cuenta (y hay mucha gente que lo recuerda) y lo que deja en el camino, el rastro de su actividad.

sábado, 22 de enero de 2022

Delphine de Vigan. Nada se opone a la noche


 Y Lucile se quedaba colgada de la cuerda, en un silencio de muerte.

Este es un relato tan intenso, con tantas implicaciones que pueden condicionar una vida, que sería tramposo pensar que de la actitud ante la clase de gimnasia de Lucile se pueda comprender algo de su personalidad confusa y, en algunos aspectos atormentada. Pero su relación con la educación física esta ahí, nombrada y descrita en las páginas del libro y no está de más leerlo con atención, por si de ella podemos aprender algo.

Tal vez, antes o después de leer este artículo, sea interesante leer el resumen del libro. Delphine de Vigan. Nada se opone a la noche. Anagrama 2012 primera edición.

Lucile, como tanta gente, no encuentra sentido vital al ejercicio, no significa nada en su vida. No le reporta ningún beneficio personal, no va a ser más querida por lo que haga, ni la salud la interpreta como un bien que haya que perseguir a costa de ningún esfuerzo. Trepar por una cuerda para llegar al final de la cuerda o esforzarse en correr más rápido para llegar antes que otros a una línea pintada en el suelo, no le reporta ningún beneficio personal. Prefiere, antes que encerrarse en un gimnasio, superar su desidia poniéndose tacones y pintándose los labios para recorrer Paris. También prefiere escribir

A Lucile no le gustaba el deporte. Tenía miedo de los balones, de las raquetas, del potro. No corría deprisa, no llegaba a lanzar el peso a más de un metro de ella, nunca atrapaba una pelota, cerraba los ojos en cuanto las cosas iban demasiado deprisa. Lucile no podía tocar el suelo con las manos sin doblar las rodillas, ni hacer el puente, ni inclinar el cuerpo hacia delante para agarrarse los pies cuando estaba sentada. Nunca supo hacer la rueda, ni la gacela, ni el pino.