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lunes, 27 de junio de 2016

Teoría del deporte. Haruki Murakami.

20121221  Ritos de amistad e impulso para la danza. (Tras la lectura de Baila, baila, baila)
Como los personajes en búsqueda de Baila, baila, baila, subí a la planta decimoquinta, para encontrarme con mi oráculo, mi hombre carnero, y sin oscuridad truculenta ni rayos de luz que me guiaran, me vi en la mesa en la que juntos: ellas, ellos y los dioses, yo uno más, oficiamos ritos necesarios.
Confirmamos que nos queremos y que cuando pensamos cómo y por qué son las cosas, pensamos en la gente y en un mundo mejor. Luego sobrevolamos nostalgias de noches de San Juan; formas diferentes de hablar de fútbol; pudorosos, pasamos de puntillas sobre los dramas personales; nos deslizamos por alguna ladera nevada y llenamos el espacio de proyectos y esperanzas, con sordina, de viajes y navegaciones. Sin que falte el teatro.
Cerol, Sierra Negrete y cava para las libaciones rituales. Y enlazar delirios surrealistas y risas a costa de nosotros, de nuestra sombra, pasado, futuro y hasta de los más ocultos pensamientos.
Nos separamos de la mesa sin saber quien es el oráculo pero con música para bailar, sin darle más vueltas ni buscarle significados, deslumbrando a todos, sin pensar en demasiadas cosas para no tropezar, y:
- No perder la conexión.
- Vivir en otro mundo.
- No marchitarnos.
- Tener imagen ante ti y los demás.
- Que fluya el devenir.
- Poder regresar.


(Murakami dixit)

Teoría del deporte. Isadora Duncan. Holderlin.


20121217 El cuerpo viviente y flotante. El conocimiento de la belleza y de la santidad
Hace algunas entradas, me referí al templo de Ártemis en Braurón, en el Ática. Y como Isadora Duncan sintió que aquello que quería decir con su danza encontraría razón, como la encontraron poetas, filósofos, músicos, en la areté (excelencia) y la práctica de la paideia (enseñanza humanista) de la antigua Grecia. Ya había tomado contacto con la mejor educación física europea en el Instituto Gimnástico de Estocolmo. “…me parece que la gimnasia sueca está destinada a un cuerpo estático e inmóvil, pero no al cuerpo humano viviente y flotante” Eso dijo allí y supo que no la entendieron.
Su empeño tenía que ver con otras dinámicas: “…he venido a traer un renacimiento de la religión por medio de la danza, para elevar al público el conocimiento de la belleza y de la santidad del cuerpo humano mediante la expresión de sus movimientos” Sus maestros: Rousseau, Walt Whitman y Nietzscheze.
Así que, como el poeta antiguo (murió Hölderlin en 1843 en Tubinga), siguió el vuelo de las grullas y cabalgó sobre delfines en busca de la cultura que antepuso la excelencia a ser el mejor, para encontrar “hombres antiguos, vagando confiando en sus fuerzas, con fe en el mañana” Vírgenes puras de Atenas que esperan transidas de angustia…” “relucen gimnasios abiertos, cunas reciben los dioses y, audaz, una idea sagrada sube en el éter: descuella en el soto bendito el altivo templo Olimpeo que casi ya atisba inmortales regiones”.
Con un entusiasmo sin prejuicios, como solo conozco en las mujeres que danzan, se plantó en Grecia: “¡Por fin henos aquí, al cabo de tantos trabajos, en la sagrada tierra de la Helade! ¡Salud, oh olímpico Zeus! ¡Y Apolo! ¡Y Afrodita! ¡Preparaos, oh musas a bailar de nuevo!". Así de exuberante y desnortado era su intento.
Si se le concedió la inmortalidad a Hölderlin por su ejercicio poético de capturar lo universal de la cultura clásica ¿Por qué no a ella en el ejercicio de la danza?
En el Templo de Ártemis las mujeres se reunieron para la danza y el juego y de sus restos arqueológicos Isadora Duncan pudo entrever una manera de bailar: Si capturo la forma ¿conseguiré el espíritu? Se debió preguntar.
Pero ¡ay! la danza que imaginó no estaba en los chicos y las chicas griegas cargadas de prejuicios. Tal vez nunca estuvo sino en la intimidad femenina del templo.
En busca de la cultura más deseada, Heidegger supo ver en la isla de Delos, “la manifiesta, la que luce, la que congrega todo en su apertura, la que por lucir oculta todo en un presente” la sublime cultura de los seres humanos en contacto con la divinidad. E Isadora Duncan la buscó en las cráteras y los grabados evidentes. En realidad ya había encontrado la respuesta: había creado un modelo de insinuaciones y fingimientos, ocultaciones y evidencias que expresaba al ser humano. Como la isla de Delos, su danza “obsequia con la gracia del favor de lo divino y demanda de los mortales la contención y el respeto”.
No era poder. Se equivocó si pensó que era poder lo que tenía. La danza se traza en el aire, en el instante, y no encontraremos al cuerpo que danza, ni a quien baila, entre el conocimiento ni los sabios con poder.
A mi Isadora Duncan me genera todos los sentimientos y su vida articula mi amistad de antes y el amor que ahora siento.


Friederich Hölderlin. Der Archipielagus. La oficina. 2011; Martin Heidegger. Estancias. Pre-textos 2008; Isadora Duncan. Mi vida. Debate. 1977

Teoría del deporte. Haruki Murakami.

20121129 Huida hacia uno mismo. Negación del poder. Impulso para la fantasía y la literatura.
Había prometido contar algunos recuerdos del juego de los niños y las niñas en libertad, pero se ha cruzado Haruki Murakami y prefiero dejarme llevar por lo que me sugiere este encuentro literario.
Saliendo de la meta
Murakami y yo recurrimos a las mismas imágenes para señalar en qué dirección huimos. Escribió De qué hablo cuando hablo de correr y vi en su literatura mis diarios de entrenamiento y las fantasías que acompañaban mis sufridas carreras por los caminos del marjal del Puig y las calles de Benimaclet y Orriols. Ahora ha escrito Baila, baila, baila y cobija mi empeño en ver literatura en la danza cuando escribí para mí y mis amigos 50 historias que me han bailado o una fantástica huida por ríos y charcas de la mano de mi profesora de danza.
Y por esas y otras identificaciones, tomaré a Haruki Murakami de rehén para decir lo que quiero decir. Aunque, la verdad sea dicha, es raro que no me identifique con alguien que habla con pasión: John Silver ¡Yujujú y una botella de ron! Adriano enfrentado a su cuerpo envejecido, el arponero Queequeg en silencio ante la muerte, Darwin en el Beagle, John Cage y Mercé Cunningham inventando sonidos y danzas, Igor Ter-Ovanessian saltando ocho metros colgado de un cuerno de la luna. De todos tengo algo.
En dirección a nosotros mismos, paso a paso (de carrera o de danza), con el cuerpo que se reconoce en el movimiento, huimos. Aunque no somos nosotros los que nos alejamos. Lo dice el narrador de Baila, baila, baila: “Mi vivienda tiene dos puertas. Una de entrada y otra de salida. No son intercambiables. No se puede salir por la entrada o entrar por la salida. … Hay distintas formas de salir. Pero al final todos salen.
No somos nosotros los que huyen, sino de quien huyen. Porque yendo hacia uno mismo, por mucho que te muevas, permaneces en el cuerpo siempre anclado a la tierra, que es tierra y es pueblo, y no supone ni proyecto ni futuro, porque el cuerpo no se proyecta en logros sino en vivencia, en vida emocionada. Y es masculino y femenino, como la voz que nos expresa. El cuerpo vivido, sustento de la emoción y de la curiosidad no genera poder sobre nadie y quien quiere poder no nos encuentra. Y, si lo busca en el cuerpo, debe seguir su camino por ver si en el deporte (si llamamos deporte a lo que es ganar o imponerse) encuentra el poder que aprendió que le pertenecía.


Aunque al final sea el otro o la otra quienes se van ¿qué más da quien se ha ido si, en una foto fija, lo que resulta es que estamos lejos?

Toledo. El miradero, niños y niñas jugando

20121120. El miradero, niños y niñas jugando
Hace dos entradas contaba la habilidad para el juego de Atalanta y como, apartada del espacio de los hombres, estaba a punto de usar ese poder sutil que le permite hablar con la serpiente. Así llama Agustín García Calvo al poder que tienen las mujeres de ir más allá de lo que los hombres damos por supuesto y pactar con lo fundamental.
El Miradero. Destruido por la corrupción normal
Tengo una amiga que pasó su infancia jugando en el Miradero, un paseo romántico de Toledo (¡malditos sean los alcaldes que arruinaron su encanto y lo destruyeron!) y corría más que los chicos y, por eso, todavía alguno le mira mal. O porque, pasada la infancia, no consiguió que mi amiga cogiera las manzanas del árbol de las Hespérides que le tiró al paso por ver si le paraba en su carrera. Ya no tiene prisa ni le importa correr más que los hombres. Para competir prefiere hablar con la serpiente.
En la infancia, antes de aprender que poder nos corresponde (quien lo aprenda) jugamos y nos enamoramos sin medir. Mi amigo José Luis Salvador en su libro Besos y abrazos recuerda a su primera novia y los juegos que con ella compartía:
Querida Turi: me gustas. Me gustas cuando juegas a los cromos, cuando te ríes en el patio del cole. Me gustas cuando vamos en bici al río y entre naranjos comes patatas fritas sentada en la orilla y tiras piedras al agua. Eres chica, pero que bien y que lejos tiras las piedras.
Me gustas cuando jugando al diábolo saltas, tanto, que tus faldas se suben. Me gustas cuando bostezas a media tarde, cuando apoyada en la barandilla de la plaza miras cómo jugamos al fútbol. Me gustas cuando te llama tu madre a gritos y le dices que espere, que aún no ha terminado el partido. Me gustas cuando bebes agua en la fuente. Me gustas cuando cuchicheas con las amigas, cuando tarareas camino de la panadería, cuando te rascas las rodillas. Me gustas cuando te asomas a la ventana, cuando saltas sobre los charcos, cuando toses y cuando estás en silencio. Me gustas cuando pareces enfadada. Me gustas Turi y cuando seamos mayores…, y…besarte.
¡Cuando seamos mayores! Nada será igual. A ellas y a nosotros nos habrán enseñado el poder y deberemos ejercerlo o desaprenderlo, pero en esto se te va la vida.
Algo debí intuir sobre un poder desconocido cuando escribí cual era el vértigo de jugar con las niñas.
“Pero había otros vértigos en los juegos del patio. Correr para coger a las niñas y cuando se conseguía alcanzar a una se le conducía a un banco y se le hacía cosquillas entre todos. ¡Puff! A mí me encantaba. Jugábamos en los anocheceres de verano y aún tengo la sensación en mis brazos y en mi ánimo cuando en un quiebro capturé a Piluca por la cintura y a ella le dio risa y yo muy ufano la conduje al banco de las cosquillas, aunque allí acudieron todos como moscas a la miel y ya no recuerdo más. Un día, cuando teníamos a Tere en la tortura de las cosquillas apareció su madre en la ventana de la cocina y con un grito: ¡Tere, Julito, a casa! mandó parar. Por cierto, que yo debía perseguir siempre a Piluca, porque recuerdo que en otra ocasión, después de cogerle le tiré de la cola de caballo y las risas se convirtieron en un reproche, con morros incluido, que me desorientó."


Yo corría más pero ella ya hablaba con la serpiente y sabía cómo hacerme dudar de que lo que yo podía sirviera para algo.

domingo, 26 de junio de 2016

Teoría del deporte. Agustín García Calvo 4



20121108 Mujer. La venganza: conversaciones con la serpiente y fingimiento

Cada vez más lejos de la idea original, pero todavía tras la estela de Agustín García Calvo que me dio pie para interpretar el deporte como un lugar donde perderse, aunque más bien me está resultando como un lugar donde echarse a perder.
A vueltas con los orígenes:
Ya sé que cuando me refiero a los primeros juegos olímpicos estoy hablando del ritual de un mito literario (el de la guerra de Troya y el del Odiseo y los Argonautas), bien aprovechado para abrir una original vía de poder y riqueza para nobles y sacerdotes.
Pero en la plasmación del ritual se volvió a cometer el mismo error que en las guerras que evocaban: no escuchar a las mujeres. Volver la cara, huir de ellas. Y no anduvieron con paños calientes: 
“En el camino a Olimpia, antes de cruzar el Alfeo, viniendo de Escilunte, hay un monte escarpado con elevadas rocas. Se llama Tipeo. Es una ley entre los Eleos despeñar desde éste a las mujeres que se descubra que han ido a los Juegos Olímpicos o incluso que hayan cruzado el Alfeo en los días prohibidos para ellas” (Pausanias, V, 6, 7) (Recogido por Jesús Cepeda en Reflejos de Apolo. Ministerio de Cultura 2005).
Sabedores que no se podía entrar en una guerra abierta y despreciar a las mujeres y a las deidades de su género, pergeñaron un remedo de juegos en Olimpia para las mujeres: los juegos Hereos ¿Sabías algo de ellos? Vamos, la importancia que se da al fútbol femenino actualmente se debía dar a esos juegos de antaño. Reproducían sin consecuencias mediáticas las carreras y los ritos religiosos de los hombres. Limitada su participación a su momento genital y a consideraciones de fertilidad y buena crianza, de paso aprendían a tejer con la disculpa de una ofrenda a la diosa Hera. Supongo que desarrollados en la intimidad, como en un gineceo.
También encontraron un lugar en la excepción y el mito. Por ejemplo, se cuenta la historia de la mujer que vestida de hombre fue descubierta al celebrar la victoria de su marido y su hijo y, magnánimos, ¡no la tiraron desde el monte Tipeo! o Atalanta, la mítica atleta capaz de derrotar a los hombres en todos los terrenos deportivos, aunque ellos sabían cómo dominarla y apelando a su condición sentimental, Hipómenes, aliado con Afrodita, le desafió a correr pero dejó caer las manzanas de oro del árbol de las Hespérides que Atalanta se demoró en recoger, perdiendo así la carrera. La historia no tiene desperdicio, porque creo que se acaban casando, pero si hubiera ganado Atalanta le habría matado. Mucha simbología, no dan puntada sin hilo.

Menos atención se ha prestado a los confusos indicios del templo de Ártemis en Braurón, en el Ática. No se sabe muy bien su sentido, pero me gusta interpretarlo como el lugar en el que las mujeres encontraron un lugar para ejercer su poder en el ejercicio corporal alejado del deporte de los juegos griegos. Isadora Duncan, encontró en los indicios de sus rituales, la inspiración para su danza, su vestuario y su desnudez, sacando de sus casillas a los hombres, y a las mujeres que beben del poder de los hombres, de los principios del siglo XX que debieron pensar que por qué habíamos estado siempre tan lejos. Y así seguimos en esto de los espacios del juego.


Teoría del deporte. Agustín García Calvo 3

20121008 El deporte. Un lugar donde huir
Perché perché...La domenica mi lasci sempre sola, per andare a vedere la partita di pallone, perché, perché…(Cantada por Rita Pavone 1963)
Los hombres huyen de las mujeres (sigo utilizando la idea y las razones de Agustín García Calvo) porque interfieren la lógica de sus prioridades; a ellas disputan el poder.
Para encontrar un espacio propio de poder es necesario alejarse, diferenciarse, marcar un territorio donde ser admirados y el deporte podría ser una buena idea. Pero:
- El dominio sobre el espacio y el tiempo y, tal vez, sobre el vértigo, es agotador y tal vez absurdo, lúdico e inocuo. Además, eso lo podemos aprender juntos y compartirlo hombres y mujeres.
- El dominio que, al practicar deporte, se adquiere sobre los sentimientos, sobre la sensibilidad o el conocimiento, es lo que nos hace iguales. No interesa.
Esas razones para hacer deporte no valen para diferenciarse y alejarse. Había que construir una coartada que excluyera a las mujeres, había que construir un oxímoron de violencia fingida y valores nobles, que las espantara, como les espanta la guerra. Como espantó la de Troya a las mujeres que tienen voz en los escritos de Homero y Eurípides:
Morirán los victoriosos apenas se embarquen, no verán a sus hijos y no serán vestidos por las manos de sus esposas, sino yacerán en país extranjero. Sus mujeres morirán viudas, otras perderán a sus hijos. (Voz de Casandra en Las troyanas. Eurípides)
Tantos los dolores que sufrimos, asolada nuestra patria, desde que los dioses nos fueron adversos. Cadáveres ensangrentados yacen en los templos para servir de pasto a los buitres, y Troya sufre el yugo de la esclavitud. (Voz de Andrómaca en Las troyanas. Eurípides).
Todas, también Helena, intentaron parar la guerra invocando en los hombres su condición de padres, maridos, amantes o a su prudencia. Quisieron que buscaran en la palabra un espacio donde entenderse. No era fácil.
Para no oírlas, los griegos enviaron a Tersites para que comunicara su suerte a las troyanas: la esclavitud, la muerte y la de sus hijos. Y enviaron a Tersites porque era capaz de hablar con las mujeres, de encontrarse en un lugar común:
“Quiero explicaros lo que yo sé, para que así vosotros comprendáis lo que yo comprendí: la guerra es una obsesión de los viejos que envían a los jóvenes a librarla”.
“Entonces me di la vuelta y busqué a Nestor, al viejo y sabio Nestor. Quería mirarlo a los ojos. Y en sus ojos ver morir la guerra, y la arrogancia de quien la desea, y la locura de quienes la libran”.
Pero a Tersites, que es capaz de hablar con las mujeres, lo desprecian por feo y, por ser sensible, le espetan ser el peor de los guerreros y solivianta a los griegos y los aqueos. Odian más a Tersites que a su enemigo en el partido (perdón, en la guerra).
La guerra la viven los guerreros en reuniones en las que exaltan su valor y astucia. Habla Héctor:
“Ahora intercambiemos valiosos presentes, para que todos puedan decir: Se han batido en un duelo cruel, pero se han separado en armonía y en paz… Y en el banquete dejé que todos bebieran y comieran y, luego, cuando los vi cansados, les pedí a los príncipes que me escucharan.” (Homero. Iliada. Alexandro Barico. Anagrama 2005)
Esto les pone: la mezcla de rudeza, sangre y noble hermandad. Así como la belleza de sus armaduras relucientes y sus caballos bellísimos.
¿Qué mejor modelo que la guerra para excluir sensibilidades de paz, crianza y diálogo?
Para perpetuar la separación, guerreros y sacerdotes, cuando ya no hay guerra, fundan un trampantojo olímpico de carreras, y luchas en las que invitan a los dioses y excluyen a las mujeres, para que no les vengan con monsergas, que ya han tenido bastante con sus lamentos por las muertes de sus hijos y sus maridos y haber sido vendidas como esclavas. Tal vez como una huida hacia delante, incapaces de dar la cara por abandonarlas cuando las cosas van mal, en las derrotas. Y lo hacen a lo grande: con todo el dinero del estado y con todo el poder en juego.
Hay que reconocer que consiguieron un buen producto, pero no es la mejor manera de empezar la historia del deporte.
En España Gelu tradujo: “por qué por qué, los domingos por el fútbol me abandonas…” Al final de la canción hablan de su venganza, pero de esto hablaremos otro día.

La adulación que te hace sentir poderoso o te da un hueco entre los “admirados” es la condición para la adhesión al deporte. Infalible con los adolescentes, es habitual que su efecto sirva durante toda la vida: a individuos, a tribus y a pueblos enteros. De eso hablaremos el próximo día.

Teoría del deporte. Agustín García Calvo 2


20121002 El deporte. Un lugar en el poder donde perderse
Si como insinúa Agustín García Calvo (De mujeres y de hombres. Ed. Lucina 1999. Zamora) la historia puede ser la crónica de una huida de los hombres hacia fortalezas de poder, no cabe duda de que en el deporte han conseguido uno de sus fortines más inexpugnables. Aunque más firme es la religión. Y más aún ambos aliados.
En la génesis de lo olímpico, creo haber entendido que en las olimpiadas primeras, anteriores a la época clásica de Grecia, se ofrendaba a los dioses el éxito como lo mejor que podían ofrecerles los hombres: hacer las cosas bien y ser quien mejor las hacía. Hera, Júpiter y tutti quanti disfrutaban del homenaje de los atletas, herederos de las guerras literarias de Homero.
Del proceso de aquel ritual hay quien deduce que la práctica deportiva en la época clásica tenía un carácter religioso. Esto es útil para diferenciarlas de las actuales prácticas que ya no se ocultan tras el sentido y se muestran directamente mercantiles.
Pero como yo creo en la existencia de aquellos dioses tanto como en la de estos (aquellos me caen más simpáticos por eso de traérselas tiesas con los mortales y porque había muchos y discutían), pues no me creo eso del sentido religioso de la exhibición atlética de antes (a no ser que acordemos que, antes y ahora, dios es el dinero). Estoy con los que piensan que aquellos juegos eran un puro corral de poder que se montaron los nobles cuando se les acabó la de Troya.
En competiciones amañadas exhibían ante los mortales las razones de por qué eran merecedores de las tierras y la riqueza saqueada y se coronaban con una mata de olivo o laurel. Luego, vía sacerdotes y chamanes, en los templos, recogían las ofrendas que a los dioses hacía el pueblo en agradecimiento por tener unos jefes tan buenos.
Los poderosos devolvían a cambio dosis de belleza, ideales, y sabiduría. Para ser más queridos.
Un buen lugar para perderse este del deporte.


Pero ¿Por qué perderse? ¿De quién huyen los hombres?

Teoría del deporte. Agustín García Calvo 1

20111105 Poder. El saltador que volaba
Tenía preparado un texto sobre mi relación con el deporte pero murió Agustín García Calvo el 1 de noviembre y quería hablar de él. He decidido mezclar las dos cosas.  
Desde que los chicos entran en la escuela comienza el entrenamiento para asumir su cuota de poder, lo quieran o no. Para mí fue un baldón más que conocimiento.
Tres años estuve en el castillo San Servando, que a la sazón fascista era un Colegio Menor del Frente de Juventudes, que dependía de Falange porque todo lo relacionado con los jóvenes dependía del partido fascista (excepto los de la Iglesia que dependían de la Iglesia fascista). Como no había mucho donde elegir, mis padres prefirieron los fascistas civiles a los fascistas del clero y en eso les alabo el gusto. En aquella época (hablo de principios de la década de 1960) los fascistas del clero y los civiles, de puro machos, separaban a los hombres de las mujeres. Supongo que para no tener competencia.
Como estudiante era curioso, formal, me aburría mortalmente y no me interesaba nada de lo que era obligatorio. Pasaban los meses y los cursos sin que ningún educador o profesor se diera cuenta de que yo valía para algo. Ni yo tampoco. Y fue el profesor Luna quien me descubrió en una prueba para hacer un equipo de atletismo. Ya debía barruntar algo de mi habilidad para el salto, porque me pidió que probara en longitud. Los mayores, excavaron un foso en la tierra arcillosa y trazaron una raya amontonando arena, desde la que había que saltar. Corrí, salté, me sentí volar y me pase el foso. Había nacido una estrella del atletismo, je, je. No midieron ni falta que hacía. Sin protocolos ni alabanzas me seleccionaron para el campeonato escolar, y el primer refuerzo valioso vino de mi hermano que me dijo que sus compañeros de curso le habían dicho que saltaba mucho, y tuvo la delicadeza, rara en un adolescente, de trasmitírmelo sin puyas ni coñas.
El día del campeonato en el campo de Los Palomarejos había mucha presión. El Sr. Luna nos sacó a todos juntos a calentar (gimnasia al fin y al cabo ¡vaya obsesión!) y los alumnos de otros colegios nos abuchearon por chulos. Y luego salté. Yo era delgadito y poquita cosa, los demás saltadores eran uno o dos años mayores que yo y Mariano Martínez Villalba, mi compañero, fornido. Los chicos que miraban, me abuchearon y se burlaron de mí cuando me preparaba, pero cuando estaba en el aire, se hizo el silencio. Ese instante de silencio, ingrávido y ajeno, es la sensación que me ha acompañado siempre al saltar sin la presión de representar a nadie ni tener nada que ganar. Luego, hubo un murmullo de admiración cuando caí al foso. Salté alrededor de 4 metros, no gané, y el profesor Luna me dijo que sin duda había sido el mejor y que tenía un estilo natural muy bueno; ese segundo refuerzo fue definitivo y me hizo poderoso.
Pero el poder que se adquiere en el deporte no vale cuando uno no busca poder sino emoción y vértigo como era mi caso.
Doce, trece años; en el barrio yo seguía jugando igual, y ser buen saltador no se me veía en la cara ni me daba ningún derecho. El valor y el valer había que demostrarlo día a día y, en cualquier momento: un regate de la imaginación de Rafa, la provocación burlona de Miguelín o la mirada de Aurora me hacían perder toda la seguridad que había depositado en mi habilidad deportiva.
Nunca, en toda mi vida, tuve la tentación de perderme allá donde alguna ley me asegurara el poder (ser hombre, ser fuerte o ser maestro). Me importa demasiado el vértigo de escuchar algo de lo que dicen aquellas que, sin saber nada lo saben todo. Aunque sea peligroso para mí y una renuncia definitiva al poder. En esta situación, ser bueno en el deporte solo ha sido una cuestión de vértigo. Nada de lo que presumir.


Todo esto lo me lo ha explicado Agustín García en “Esos ojos de virgen Magdalena” de su libro: De mujeres y de hombres, de la editorial Lucina editado en 1999

sábado, 25 de junio de 2016

José Luis Salvador Alonso. Las Conversas


20100426 VIII Conversas José Luis Salvador Alonso
José Luis fue remero en el Guadalquivir
Hemos acudido puntuales y los días 23y 24 de abril hemos celebrado las primeras Conversas sin José Luis, mezcladas con un acto institucional en su homenaje. Las Conversas, en su línea: faltas de conferenciantes a última hora, intervenciones inconvenientes y lo peor es que hemos perdido un poco el contacto con los alumnos. Sin embargo, bien, como siempre salimos contentos de nosotros mismos e ilusionados para seguir. Este año he hecho yo la presentación:
Os voy a decir lo que son las Conversas para que nadie piense en que son lo que no son y, de paso, recordármelo a mí mismo. Porque ahora falta el guía, quien parió el invento, y no tengo ganas ni fuerzas de seguir otro rumbo que el que él marcó. Así que lo mejor será que os cuente lo que José Luis Salvador dijo, tal y como yo lo escuche de su voz y de sus silencios, sobre este movimiento indisoluble: Conversas y Paradoja.
Un día de 1997 José Luis fue a Valencia para contarme una idea que yo no entendía y que todavía no sé si la entiendo. Fundamentalmente me dijo que había mucha gente valiosa en nuestra profesión que estaba muda, perdida en el sistema de poder administrativo y académico que se había creado alrededor del nuevo estatus universitario. Que había mucha gente trabajando a “pie de obra”, es decir, en la práctica docente y educativa, que sabía mucho y no encontraba la manera de contarlo entre tanta investigación de impacto y tanto currículum, y que debíamos ver la manera de hacer que resonaran esas voces. Recuerdo las primeras reuniones con alguno de los pesos pesados en Valencia y con qué claridad nos expusieron que no estaban dispuestos a poner en riesgo sus valiosas trayectorias académicas por aventuras ilusas y que eso que proponíamos era un brindis al sol. ¡Qué buena idea! pensamos: ¡brindar al sol! y nos fuimos a la Malvarrosa en tranvía a comernos una paella estupenda.
Hablando y comiendo supimos que nuestra amistad se había hecho mayor al tiempo que nosotros, sin darnos cuenta, simplemente: Como éramos más mayores éramos más amigos y como éramos más listos, nuestra amistad era más ilustrada. Y allí mismo establecimos el fundamento primero del que sería el grupo Paradoja (todavía no tenía nombre): ser amigos y comer juntos.
El grupo constituido por un asturiano, un valenciano, un murciano, un madrileño, un extremeño, un catalán y varios gallegos (parece un chiste), fuimos dando vueltas por otros lugares explicando nuestra idea (Lorca, Getafe, Leganés, Cáceres, Valencia) y, la verdad es que sólo conseguíamos que se nos unieran quienes valoraban, por encima de nuestra indefinición, la amistad, la risa y complicidad crítica, sin desesperanza ni rabia por cómo sucedían las cosas en nuestra profesión, con lo que casi nunca estábamos de acuerdo.
Lo que si conseguimos es establecer los vértices de nuestra asociación. En lo que estábamos de acuerdo es que nos reuníamos porque nos gustaba: leer, hablar, comer, reír, querernos, beber, pensar y no callarnos, aunque no siempre tengamos razón, faltaría más. Bueno, y hablar de educación física y de deporte. Después de mucho ir y venir y sobre todo del impulso que iban dando los que estaban en Galicia (el único grupo en el que eran más de uno) pensamos que había que hacer una reunión anual que recogiera ese espíritu. Y sabíamos que era lo que no queríamos: ni un congreso, ni un simposium, ni unas jornadas, ni un seminario. No pretendíamos darnos a conocer pero sí que se supiera como pensábamos. No pretendíamos tener razón pero dejar claro que la teníamos. En fin, que lo teníamos claro: lo que evidentemente queríamos eran: ¡unas Conversas!
Unas Conversas son reuniones para hablar del deporte y la educación física convencidos de que es algo bueno e importante. Vale cualquier forma de reunión pero que no sea nada de lo que he dicho antes (seminario, congreso, etc.) y que respete los parámetros ya citados: reír, comer y, resumiendo: cultivar la amistad. Y si se molesta a alguien que creemos que no lo hace bien, pues mejor.
Cuando la propuesta de llamarlo Conversas llegó a los oídos de quienes no estábamos acostumbrados al idioma gallego, por una parte, evidentemente, entendimos que se trataba de hablar pero también que conversa es el femenino de converso, y empezamos a identificarnos con las connotaciones que se puede dar al término de ocultación, represión de las ideas, también de una forma de vivir trampeando, mintiendo con tal de conservar las creencias o las esencias, sobrevivir, y mantener intacta la fe en que nos educamos. Y esa fe la describe muy bien Salva en uno de sus muchos escritos sobre este fenómeno: “Los conversos, feliz hallazgo de Gurri, somos una pandilla de amigos que nos hemos engolfado en nuestra madurez con un fardo de complicidades y repliegues, andamos con hijos adolescentes y parejas cambiantes, vivimos en casa, dúplex o confortables pisos y gozamos de una camaradería que procede de los tiempos en el INEF madrileño y que ha aguantado el desgaste de los años, entre otras cosas, por la fuerza coherente de aquellos tiempos de luchas e ilusiones, en el fondo mantenidas por nuestro espíritu lúdico, el que no tuvieron muchos de los mercaderes que también se disimulaban por aquellos pasillos y hoy trepan y trepan trepanados o trepanabos. Esa es la modesta fuerza de las Conversas, compartidas por amigos y gente juguetona a los que les importa un carajo el trepe político. Los conversos se clausuran ritualmente todos los años con una cena alrededor del 23 de abril, regada con vino, algo de lluvia gallega, un libro en la mano y la melancolía del retorno de cada uno a su casa.”
Que cada uno piense lo que quiera pero a nosotros nos gusta: Hablar en público pero contra lo que es publicable; en el sistema, pero en los límites; dejándonos ayudar, pero contra la subvención como forma de vida…
Como se puede comprobar todo está muy claro, aunque se puede pensar que es caótico. La verdad es que todos los componentes del grupo somos muy serios y racionales, aunque un poco contradictorios: Hoy pienso esto y mañana otra cosa; hablar por no callar; es lo mejor pero no es bueno; ninguna intención de ser coherentes, vivir tranquila y conscientemente en un devenir paradójico… y Paradoja debía llamarse el grupo porque así nos sentíamos. Y si poner nombre a las cosas es una buena manera de domesticar el caos: que no lo queremos domesticar ¡pues nos llamamos Paradoja! ¡Y esto es lo único coherentes!
Las Conversas y el grupo Paradoja están indisolublemente unidos, pero el grupo Paradoja no puede presumir de sustentar las Conversas. Las conversas la sustenta…, no sé, Eduardo Blanco, Iván, deben saber algo, mirar el tríptico y todos los patrocinadores que tienen las conversas y pensad lo que queráis. Preguntar a Rafa Martín o a Miguel González. Yo, quitando que he pagado mi inscripción, sólo he puesto fidelidad, ilusión y alguna idea. Este año alguien ha pagado mi avión, pero, hubiera pagado por venir. Esto lo digo ahora que no tiene remedio.
Y ahora vamos a presentar las Conversas de este año. Este año se iban a hacer en Valencia, pero como José Luis no iba a estar allí para darnos calor nos hemos quedado aquí que es donde más intensa es su presencia, y así sentirnos un poco menos huérfanos.
Este año la idea es hablar sobre Política y Deporte en un sentido amplio y fundamental de ambos términos. Porque a pesar de la repetida muletilla sobre la independencia del deporte con respecto al rumbo de la sociedad a nadie se le escapa que el deporte, tal y como se práctica, se dirige y se piensa, es producto de la sociedad en la que se desarrolla. Y a quien menos se le escapa esto es a los que ejercen la política como forma de vida. A los políticos siempre les interesa el deporte y estos tienen una idea en la cabeza de cómo debe ser y como se debe organizar, una idea que naturalmente tiene relación con sus ideas sobre la organización social y el reparto del dinero y los medios que ellos tienen obligación de distribuir.
No nos engañemos, si un político dijera que el deporte es independiente del sistema social que propone, es que le beneficia el limbo de responsabilidad política en que se produce. La política tiene que asumir su responsabilidad en el deporte y de lo que hacen con él retratan su pensamiento y sus intenciones sociales.
Nosotros, los profesionales, tenemos que tener pensado el deporte en su relación con la sociedad y los individuos para que no nos tomen el pelo con historias de valores educativos cuando se organiza para el negocio o el valor productivo, o cuando hablan del valor productivo cuando lo que quieren decir es disciplina o sumisión, o cuando se habla de ocio o de entretenimiento cuando quieren decir alienación.
Además la política no es sólo el ejercicio de los políticos, los profesionales hacemos política cuando diseñamos objetivos educativos o convergencias europeas. Cuando desvestimos de humanismo una profesión para hacerla tecnológica. Cuando cambiamos productividad por creatividad o cuando el juego deja de ser un recurso para la vida para ser un recurso para la producción.
Merece la pena hablar de política y deporte y no hacer como si no existiera esa relación. Si no definimos nosotros nuestra política deportiva alguien lo hará por nosotros.

20100503 Unos mueren más que otros


Jugar forma parte de la fundación de las Conversas y las intenciones constitucionales del grupo Paradoja: “amigos y gente juguetona” nos llama José Luis Salvador. En las VIII Conversas pesaba la melancolía y parecía que se iba a ahogar toda iniciativa lúdica, y más cuando escuchamos una loa extemporánea a Samaranch que no venía a cuento y que nos colocó al borde del naufragio porque parecía que con José Luis había desaparecido la cordura (gracias Gurri por devolvernos la dignidad y la energía). Entonces apareció el juego de la mano de la bailarina y el trío de cuerda Albariza, recordándonos que los juegos que han logrado trascendencia sublime son los que trastean la muerte. La música y la danza pusieron a la parca símbolos, gestos, magia, belleza, erotismo, armonía coherente, y todo lo hicieron flotar por el auditorio alterando nuestra emoción y nuestro gesto circunspecto para recordarnos, y es cierto porque nos hizo partícipes, que Salva jugó con la muerte: ignorándola, citándola, brindando al sol, fintando, por bulerías. ¡Salve Salva!

José Luis Salvador Alonso, las Conversas y el grupo Paradoja

20090713 José Luis Salvador y Paradoja
José Luis Salvador
Hace un rato, cuando le he llamado para hablar un rato y también para vernos  este fin de semana, su teléfono lo ha cogido Eduardo Blanco y me ha dicho que José Luis se está muriendo. Mientras ponía unas camisetas en mi maleta para ir a su lado, he llorado y he sentido su voz cuando, al presentir su muerte, me dijo que lo que sienta por él lo ahogue en vino y risas y que haga el amor todo lo que pueda.
José Luis es un profesor de educación física comunista, enamorado de la profesión y comprometido con ella. Salva es nuestra coartada, la de los templados, para sentir que estamos comprometidos con un modelo de educación física en la que el centro es el ser humano. En fin, un descastado, un expulsado de esta educación física, que en su vertiente universitaria, ha resultado ser ajena a la ilusión que hace años nos reunió en torno a la idea del valor intrínseco del juego y el deporte. Juntos construimos el grupo de discusión Paradoja.

20090716 Paradoja. Punto y seguido
Ya hace dos días que murió Salva. El grupo Paradoja, del que él era el alma, nos proponemos continuar. Ahora todavía estamos noqueados y de eso es de lo que hay que hablar. Salva hacía lo que todos creemos que se debe hacer en la vida: luchar por los demás y por la libertad. Ahora estamos inquietos, porque sabemos que con estar a su lado ya cubríamos la apariencia del compromiso y ahora tendremos que dar la cara.

El amor, la libertad y la amistad es lo que estábamos aprendiendo juntos mientras hablábamos de deportes, juegos, niños y campeonatos. Todos los que nos hemos encontrado estos días, alrededor de su presencia quieta, estábamos un poco mosqueados porque parecía que se reía un poco de nuestra preocupación, ufanos porque su impulso no se pierda. 

El leviatán docente


20090712 El leviatán docente
En realidad lo que quieren los alumnos, es que les digas lo que tienen que hacer y, si de sentir se trata, lo que tienen que sentir. Y si (ellos o “la sociedad”) nos piden disciplina se la damos y si nos piden control, pasamos lista, y si quieren notas objetivas hacemos listas de lo obvio y se las pedimos de memoria, y si es necesario sentir el cuerpo: vídeos para verse y sensores en la piel.
Te regalan, indiferentes, su libertad a cambio de que los libres de la incertidumbre y, al final, la clase es una autarquía, un artificio, un leviatán que asume todas las dudas, todas las neurosis, los temores, las aspiraciones, y se organiza para autoabastecerse (recibir títulos y calificaciones) con el mínimo esfuerzo. Si fuera posible, sumidos en el ostracismo. Si fuera posible, y a veces lo es, sin aprender nada que importe: ¡sálvese quien pueda, que cada cual construya su leviatán!
Aclaro que no me refiero al leviatán que perseguía el capitán Ahab ni ningún otro monstruo marino. Sino al poder totalitario (el que tiene respuesta para todo y ante el que no es necesario pensar) del artificio de Hobbes (1588-1679). Thomas Hobbes (autor de la idea de que el hombre es un lobo para el hombre) fue un filósofo materialista y defensor del estado totalitario, deportista entusiasta¿? y ferviente defensor del individualismo como motor de la sociedad
Aprender y enseñar educación física requiere un compromiso mínimo. Valga, aunque un poco descontextualizado, el "catálogo de la desconfianza" para mantener la dignidad que elaboró José Luis Salvador Alonso en el epílogo de su historia del Deporte en Occidente:
“Por esto, para preservar la dignidad del deporte práctica y de quienes lo practican, los que nos dedicamos a él debemos mostrarnos extremadamente desconfiados frente a los empresarios, los chauvinistas, los moralistas e incluso, médicos que trabajan para la industria deportiva: textil, alimentación y laboratorios farmacéuticos. El mismo cuidado que debemos reservar a los políticos y Estados que ven el deporte en términos instrumentales y en el que caen muchos deportistas del espectáculo”.

Y ya que hemos nombrado a José Luís Salvador, las próximas entradas se las dedicaremos a él.

El ensimismamiento corporal y el bloqueo de la sensibilidad

20090609 Idiotes savants. El ensimismamiento corporal.

Hay una gran variedad en los rasgos del autismo, pero no podemos hablar de autismo sin nombrar la incapacidad para procesar emociones ajenas, comprender los comportamientos simbólicos y aún menos los abstractos. En algunos de los síntomas del autismo, los individuos que lo padecen, manifiestan habilidades brillantes en el campo de la memoria y rendimientos perceptivos específicos, como la comprensión numérica, percepciones espaciales, habilidades musicales: “Idiotes Savants” es el término acuñado para expresar las enormes capacidades de los autistas a pesar de su personalidad ensimismada.
Como profesor de expresión corporal en la licenciatura de educación física, no deja de sorprenderme la escasa capacidad de mis alumnos para ir más allá del rol de rendimiento o de salud que se asigna al ejercicio físico voluntario. El cuerpo: su fisiología, su configuración anatómica y los rendimientos deportivos, son los únicos conocimientos motrices que contemplan. Si se les pide reconocer el sentido simbólico del movimiento, aceptan si resulta divertido (y se puede reducir a un lenguaje mudo), pero en casi ningún caso toman las riendas del desasosiego que les genera la comunicación corporal expresiva: las emociones del otro y para el otro, la sensibilidad, y la empatía. 
No podemos hablar de “Idiotes Savants” en sentido estricto porque si se les guía son capaces de entender de qué estamos hablando, y algunos descubren un interesante campo de su personalidad por explorar. Pero muchos, la mayoría, sólo ven la experiencia expresiva como un mal que les produce inquietud y no ponen la mínima intención de comprenderlo… y consiguen para siempre un ensimismamiento autista en su rendimiento (experto en el mejor de los casos) que les impide relacionar su cuerpo, extraordinariamente sensitivo, con su emoción, su inteligencia y su creatividad.

20090709 “Idiotes savants”.
El acto motor que no conecta con una necesidad personal más allá del rendimiento es sospechoso a los ojos de los “ajenos”.
La imagen “infantil y fascistilla” del entrenador o el profesor de educación física ensimismado en sus capacidades sensitivas: formas y rendimientos, genera un estereotipo social de estancamiento intelectual y emotivo (lean la novela Némesis de Philip Roth).
Pero no es un estereotipo sin fundamento. Durante años he preguntado a alumnos universitarios de Ciencias de la Actividad Física por sus vivencias en el deporte y el esfuerzo, con el resultado de que la mayoría nunca relacionó su experiencia con sus emociones. No reconocen nada en el deporte que les haga conectar su práctica con otra necesidad que no sea la de ganar o mejorar su rendimiento.
Así, de la práctica expresiva sólo encuentran valores en actividades como: el aeróbic, la gimnasia o la danza (que tanto da) acrobática. Del cuerpo como protagonista de la estética o la comunicación sólo conciben el mimo payaso que les haga reír y los estereotipos culturales o comerciales de la danza (programas televisivo-garrulos, bailes de salón o discotecas…). Es decir lo que por habilidad, estereotipo o narrativa mimética puedan entender sin esfuerzo emocional sensible.

Incapaces de entender el movimiento simbólico, cuando ven danza expresiva intentan hacer una lectura de cuento infantil, de buenos y malos, príncipes y princesas, héroes y villanos y se sienten defraudados si no entienden el trabajo, bloqueando su capacidad de admirar, criticar o comprender.

La música, el movimiento y el canto del cisne.



20090520 La música, el movimiento y el canto del cisne. 
En clase, había diseñado una práctica para reconocer, de una composición musical, las cualidades sonoras que provocan el movimiento. Improvisando, los alumnos, respondían de mil maneras: a los tonos agudos con gestos delicados, a veces sólo de los dedos; se encogían y les comía la vergüenza al verse expuestos ante los demás, al abrir los brazos por el impulso natural de un sonido largo; cambiaban el plano en el que se movían o la dirección al distinguir contrastes en la intensidad del sonido y señalaban con la mirada un punto imaginario en el espacio cuando aparecía un nuevo timbre. ¡Qué maravilla! estaba pensando cuando al acabar se sentaban en el suelo para comentar lo que habían hecho. Y de repente, la realidad: ¡No saben lo que han hecho! ¡No han sido conscientes de nada! Y, de las pocas cosas que se han dado cuenta, no lo pueden explicar, no pueden ponerle nombre.
Como no puedo creérmelo comienzo a hurgar hasta que aflora todo el conocimiento teórico que tienen sobre la física del sonido: intensidad, tono, duración, timbre… Pero ya no hay remedio, es evidente que nada de eso se deriva de la consciencia de la práctica, de haber sabido leer sus movimientos. Y de sus emociones: vergüenza, disfrute, creatividad percibida… ¡para qué hablar!
¿Entonces? me pregunto en voz alta ¿El movimiento no nutre el conocimiento? ¿No tenéis un canal, un espacio mental para las noticias del cuerpo en movimiento? ¿Qué hacéis en la Facultad de Educación Física? ¿Os creéis que el movimiento puede estar relacionado con algún modo de inteligencia?
Ya sé que me pongo un poco melodramático pero hay que poner un poco de contraste a su inanidad.

En realidad creo que les da lo mismo: una bronca más. Eso de saber lo que se hace es una excentricidad, aquí, en esto de la Educación Física el movimiento va a la orden: Bota…, y boto. Da una voltereta…, y la doy. Ya me dirá el profesor si lo hago bien o lo hago mal. Y si lo hago bien ¿Para qué voy a volver a hacerlo? ¿Qué es eso del vértigo, la fatiga arrinconada por la emoción, la habilidad anulada por una mirada?