lunes, 27 de junio de 2016

Teoría del deporte. Haruki Murakami.

20121129 Huida hacia uno mismo. Negación del poder. Impulso para la fantasía y la literatura.
Había prometido contar algunos recuerdos del juego de los niños y las niñas en libertad, pero se ha cruzado Haruki Murakami y prefiero dejarme llevar por lo que me sugiere este encuentro literario.
Saliendo de la meta
Murakami y yo recurrimos a las mismas imágenes para señalar en qué dirección huimos. Escribió De qué hablo cuando hablo de correr y vi en su literatura mis diarios de entrenamiento y las fantasías que acompañaban mis sufridas carreras por los caminos del marjal del Puig y las calles de Benimaclet y Orriols. Ahora ha escrito Baila, baila, baila y cobija mi empeño en ver literatura en la danza cuando escribí para mí y mis amigos 50 historias que me han bailado o una fantástica huida por ríos y charcas de la mano de mi profesora de danza.
Y por esas y otras identificaciones, tomaré a Haruki Murakami de rehén para decir lo que quiero decir. Aunque, la verdad sea dicha, es raro que no me identifique con alguien que habla con pasión: John Silver ¡Yujujú y una botella de ron! Adriano enfrentado a su cuerpo envejecido, el arponero Queequeg en silencio ante la muerte, Darwin en el Beagle, John Cage y Mercé Cunningham inventando sonidos y danzas, Igor Ter-Ovanessian saltando ocho metros colgado de un cuerno de la luna. De todos tengo algo.
En dirección a nosotros mismos, paso a paso (de carrera o de danza), con el cuerpo que se reconoce en el movimiento, huimos. Aunque no somos nosotros los que nos alejamos. Lo dice el narrador de Baila, baila, baila: “Mi vivienda tiene dos puertas. Una de entrada y otra de salida. No son intercambiables. No se puede salir por la entrada o entrar por la salida. … Hay distintas formas de salir. Pero al final todos salen.
No somos nosotros los que huyen, sino de quien huyen. Porque yendo hacia uno mismo, por mucho que te muevas, permaneces en el cuerpo siempre anclado a la tierra, que es tierra y es pueblo, y no supone ni proyecto ni futuro, porque el cuerpo no se proyecta en logros sino en vivencia, en vida emocionada. Y es masculino y femenino, como la voz que nos expresa. El cuerpo vivido, sustento de la emoción y de la curiosidad no genera poder sobre nadie y quien quiere poder no nos encuentra. Y, si lo busca en el cuerpo, debe seguir su camino por ver si en el deporte (si llamamos deporte a lo que es ganar o imponerse) encuentra el poder que aprendió que le pertenecía.


Aunque al final sea el otro o la otra quienes se van ¿qué más da quien se ha ido si, en una foto fija, lo que resulta es que estamos lejos?

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