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domingo, 26 de junio de 2016

Teoría del deporte. Agustín García Calvo 2


20121002 El deporte. Un lugar en el poder donde perderse
Si como insinúa Agustín García Calvo (De mujeres y de hombres. Ed. Lucina 1999. Zamora) la historia puede ser la crónica de una huida de los hombres hacia fortalezas de poder, no cabe duda de que en el deporte han conseguido uno de sus fortines más inexpugnables. Aunque más firme es la religión. Y más aún ambos aliados.
En la génesis de lo olímpico, creo haber entendido que en las olimpiadas primeras, anteriores a la época clásica de Grecia, se ofrendaba a los dioses el éxito como lo mejor que podían ofrecerles los hombres: hacer las cosas bien y ser quien mejor las hacía. Hera, Júpiter y tutti quanti disfrutaban del homenaje de los atletas, herederos de las guerras literarias de Homero.
Del proceso de aquel ritual hay quien deduce que la práctica deportiva en la época clásica tenía un carácter religioso. Esto es útil para diferenciarlas de las actuales prácticas que ya no se ocultan tras el sentido y se muestran directamente mercantiles.
Pero como yo creo en la existencia de aquellos dioses tanto como en la de estos (aquellos me caen más simpáticos por eso de traérselas tiesas con los mortales y porque había muchos y discutían), pues no me creo eso del sentido religioso de la exhibición atlética de antes (a no ser que acordemos que, antes y ahora, dios es el dinero). Estoy con los que piensan que aquellos juegos eran un puro corral de poder que se montaron los nobles cuando se les acabó la de Troya.
En competiciones amañadas exhibían ante los mortales las razones de por qué eran merecedores de las tierras y la riqueza saqueada y se coronaban con una mata de olivo o laurel. Luego, vía sacerdotes y chamanes, en los templos, recogían las ofrendas que a los dioses hacía el pueblo en agradecimiento por tener unos jefes tan buenos.
Los poderosos devolvían a cambio dosis de belleza, ideales, y sabiduría. Para ser más queridos.
Un buen lugar para perderse este del deporte.


Pero ¿Por qué perderse? ¿De quién huyen los hombres?