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lunes, 14 de noviembre de 2016

El valor del deporte según Stefan Zweig

Stefan Zweig (1881-1942)El deporte cambió el mundo   

Al hilo de la relación de los intelectuales con el deporte que comentábamos al hablar de Pasolini y también de las esperanzas que pusieron en la popularización del incipiente deporte, como veíamos en Erik Satie, se me han venido a la memoria estas notas que tomé tras la lectura de la autobiografía de Stefan Zweig (2012). El mundo de ayer. Memorias de un europeo (Ed. Acantilado). 

“Cuando hoy (1940 aprox.) veo a muchachos saliendo de escuelas y colegios, cuando los veo juntos, chicos y chicas, en una camaradería franca y despreocupada, lanzándose a toda velocidad por la nieve sobre esquís, compitiendo en la piscina con la libertad de los antiguos, corriendo por el país en automóvil…Tengo la impresión de que han transcurrido no cuarenta sino mil años entre ellos y nosotros…”
El deporte que Stefan Zweig conoció de niño y de joven estaba muy lejos de ser una actividad que mereciera su atención: “la lucha, los clubs de atletismo, los récords de pesos pesados todavía se consideraban como actividades de suburbio y formaban su público carniceros y ganapanes; como mucho, unas cuantas veces al año, las carreras de caballos, más nobles y aristocráticas, atraían al hipódromo a la llamada “buena sociedad.”
1910 Valencia, La albereda
La educación física vino al rescate del deporte y pasa a formar parte de la revolución social que se consolida a principios del siglo XX: “Quizás en ninguna otra esfera de la vida pública se produjo un cambio tan radical en el lapso de una sola generación como en el de las relaciones entre los dos sexos, y eso por una serie de factores: la emancipación de la mujer, el psicoanálisis freudiano, la educación física, la emancipación de los jóvenes”.
La igualdad entre hombres y mujeres resulta imprescindible para que la sociedad avance, y el cuerpo es la clave: “Pero ese temor a todo lo corporal y natural realmente había penetrado en todas las capas sociales, desde las superiores hasta las inferiores, con la fuerza de una verdadera neurosis. Y es que, ¿es posible imaginarse hoy que a finales del siglo (el XIX) cuando las primeras mujeres osaron montar en bicicleta o a caballo a horcajadas, los campesinos les arrojaron piedras por atrevidas?… ¿Y qué constituyese una conmoción sin precedentes el que Isadora Duncan, en sus danzas, que eran de lo más clásico, bajo la túnica blanca –que por suerte se le arremolinaba alrededor del cuerpo hasta abajo del todo-, en vez de los habituales zapatitos de seda, enseñara por primera vez las plantas desnudas de los pies?”
1910 Stefan Zweig
Es un lujo que un intelectual se refiera al deporte (en esa época), sin burla o menosprecio. Este libro no es un libro sobre deporte, es evidente, pero tal vez sea mejor, porque las referencias que hace al cuerpo y su educación nos llegan desde su memoria sin los análisis teóricos que aíslan el incipiente fenómeno (el deporte y la educación física) del ser humano y su vivencia.


Todavía volveremos sobre Stefan Zweig.