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lunes, 18 de julio de 2016

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 2

Nunca volvería a jugar a hockey sobre hierba

Antes de seguir con la Teoría del deporte de Joyce Carol(Mágico, sombrío impenetrable. Alfaguara, 2015) ha llegado a mis manos, como clavo que cae del cielo cuando ejerces de martillo, la historia de Emile Laurent (El País, 9 de julio de 2016), que es la chica con mejor resultado en las pruebas de selectividad francesa. Es noticia porque se sobrepuso a un suceso de acoso durante sus estudios. Pues bien, dice: “Mucha gente dice que los buenos alumnos no hacen deporte porque se les da mal, pero en mi caso realmente tengo motivos”. Extraña información en el contexto de una noticia que no sé si lo es.
No es este el caso de Lou-Lou que abandonó el deporte, a pesar de la emoción por la admiración de su padre y, sin embargo, persistió en ella el apego agradecido a su padre por aquello del diente contado en la entrada anterior.
Tanto Emile como Lou-Lou (y Carol Joyce) son mujeres y no es baladí el detalle. Hablan del deporte como un suceso en su vida que ocurrió antes de que hablaran con la serpiente , de que pactaran con el mundo su propia ubicación. Lou-Lou deja el deporte: “La mayoría de las chicas abandonan para siempre los deportes de equipo al terminar secundaria y cuando escucha a su padre rememorar aquel suceso en el que perdió un diente, le abruma y le disgusta. “Lou-Lou, mi hija más asombrosa. No hay nada misterioso o sutil en ella, es todo corazón. No es oscura ni tortuosa. Es una atleta”. A ella no le gusta “Con frecuencia tenía la sensación de que no me conocía en absoluto; creaba una caricatura o una historieta, adornada con mi nombre”. Acaba renegando de la admiración de su padre por aquel suceso tan físico, que sólo se revela en su corporeidad. Desea otra admiración indefinida, que nunca llega.
Hay otro matiz en sus vivencias del Hockey: “Nosotras queríamos creer que nuestra profesora de Educación física, mujer de extremidades nervudas y penetrantes ojos oscuros, era por lo menos lesbiana. Que los hombres no le interesaban pero descubre que ella y su padre comparten algo más que la preocupación por la pérdida de su diente y los sorprende en una cita; “Me escandalicé y me sentí traicionada. No por mi padre sino por Tina Rodríguez… Nunca se lo contaría a mis compañeras de equipo. Nunca volvería a jugar a hockey sobre hierba.

Que el deporte sirve para muchas cosas que nada tienen que ver con el juego, que en el deporte subyacen dependencias emocionales, que las chicas abandonan el deporte antes del bachillerato, que los chicos sienten fascinación por lo físico del comportamiento, que hombres y mujeres no comparten deporte y sienten al otro sexo como extraño en las relaciones deportivas, que el deporte sigue viéndose como una traba para el desarrollo intelectual. Es más fácil encontrar estas reflexiones en una novela que en la planificación del currículo de las Facultades de Educación Física.