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domingo, 2 de septiembre de 2018

Quiero que pierdan todas las selecciones nacionales

Levante EMV 30 de junio de 2018


Ya hace mucho que se jugó el Campeonato Mundial de Fútbol. Esos días escribe tanta gente de fútbol que apabullan los argumentos críticos, no es fácil separar el trigo de la paja y, como además es verano, dejas de lado las fatigas de escribir y te tumbas a la bartola. Así, meciéndome panza arriba, a la brisa generosa de un treinta de junio de Xàbia, ojeaba un Levante EMV. En la portada Jorge Rodríguez, alcalde de Ontinyent sospechoso de alguna trapacería, se da un baño de adhesiones incondicionales sonriente ¿Por qué sonríe? Tres bebés ahogados frente a las costas de Libia. Vísperas del partido de España contra Rusia, que evoca el gol de Marcelino de 1964 y el subidón del honor patrio de la dictadura. Parece un periódico de aquella década.

Pasolini no hubiera escrito actualmente sobre deporte, simplemente por el rechazo que produce la descomunal industria y la cínica manipulación de le ética y la moral del juego. A mí me pasa algo parecido, rechazo el deporte cuando me apabullan con él a mayor gloria de la patria y el negocio.

Cuando me creía inmune al fervor mundialista, varios artículos que hablan de fútbol y deporte, de muy distinta índole, me llaman la atención, los leo y decido guardar el periódico para ver si en otro momento se me ocurre algo que escribir.

En la página cinco, Josep L. Pitarch se sincera y dice lo que tantos piensan y dicen en petit comité: Vull que perda la roja. Quiere que pierda la selección española por la hartura de exhibicionismo españolista, el patriotismo descerebrado, la imbecilidad en la vestimenta, los sentimientos identitarios desnortados. A mí me gusta el argumento, que Pitarch no dice, de que si eliminan a la Selección, entonces solo quedamos viendo el fútbol los que nos gusta el fútbol. El columnista dice que “el fútbol se la bufa”, aunque no lo parece.

lunes, 16 de enero de 2017

El fútbol según Eduardo Galeano 2


Galeano no es un espectador cualquiera. Se sitúa en la pasión pero no es un forofo. Ya leímos esta forma de amar el deporte en Pasolini, Auster y Coetzee:

El fútbol de antes
“Yo no soy más que un mendigo del buen fútbol… y cuando el buen fútbol ocurre agradezco el milagro sin que me importe un rábano cual es el club o el país que me lo ofrece”

Yo también disfruto así. Ayer vi un trozo del partido de Balonmano entre Francia y Noruega y quede subyugado por la emoción y la cantidad de virtudes humanas —deportivas— de las que disfruté el tiempo que estuve viendo el partido.

Como en otros libros, la lectura de este libro da casi todas las claves de lo que se puede ver cuando se ve deporte. . Yo resumiría  así sus contenidos:

     Estructura y partes del juego: Jugadores, estadios, espectadores, árbitros…

     Sociología y política: la guerra danzada, la publicidad en las camisetas “argolla de esclavos”, el opio de los pueblos, los negros (Uruguay era entonces el único país que tenía negros en su selección” “Europa nunca había visto un negro jugando al fútbol (1924)...se quedó anclado en París. Allí fue errante, bohemio y rey del cabaret... (Andrade) fue negro, sudamericano y pobre, el primer ídolo internacional del fútbol”, la pelota como bandera, una alusión al machismo del fútbol y a la exclusión de las mujeres de la fiesta.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Teoría del deporte según el boxeo 3. Ideas e ideologías

El boxeo quisieron domesticarlo en los Collegs británicos, también los deportistas prusianos, y revestirlo de un academicismo que lo preservara para las élites: misión imposible; cuando descubrieron que los negros peleaban por su libertad y los pobres por su supervivencia, los defensores de la supremacía blanca salieron en tromba para censurar y prohibir, no ya el boxeo, sino la imágenes de un negro vapuleando a un blanco (Leer Jack London. El combate del siglo). En la misma línea, con los matices que se quieran observar, sorprende en la actualidad el celo censor de periódicos y televisiones hacia el boxeo, sin que nadie se pregunte por qué no se atreven a erradicarlo.
No creo que sea casualidad que el boxeo, que es un deporte en el que siempre demostraron la supremacía los negros y los pobres, haya sido tan prohibido, tan ocultado y censurado. Solo los cubanos han hecho pedagogía de su práctica.

El boxeo arrastra una enorme carga ideológica. Pasolini describe a Nino Benvenuti: “El arreglo del pelo, su gesto de bribón y gallardo, la raya canalla”. Luego descubre su conexión con el utraderechista Movimiento Social Italiano MSI, y denuncia un destino físico en la ideología.
Eduardo Arroyo, cuando habla del boxeo en España, explica por qué se fusiló al semicadáver de Carlos Flix (destrozado previamente de una paliza): “Franco no torturó y mató solamente a los intelectuales, sino que persiguió a unos simples boxeadores por ser ídolos de su pueblo y solidarios con él”.
En estos otros libros que ahora traigo a colación, vuelve a aparecer el carácter literario del boxeo. Dice Luis Nucera en el prólogo de Panama Brown, el libro de Eduardo Arroyo: “La literatura sobre el boxeo,  o deportiva en general, no es competencia de la universidad… son los mismos boxeadores los que la forjan. Es una literatura del lumpenproletariado”.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Teoría del deporte según el boxeo 1. J.R. Moehringer..

“Todo el mundo nos exhorta a luchar, a pelear, a pelear. Pero sólo los boxeadores nos enseñan a hacerlo” J.R. Moehringer. El campeón ha vuelto. Duomo 2016 
  
A mí el boxeo me emociona  y me espanta. No sé si sabría explicar por qué. Puede que a mí, que tanto me gusta el deporte, el boxeo me traiga la sensación primaria del deporte no ritualizado. Pero tengo mala conciencia por esta atracción. Tal vez por eso he buscado complicidades en la literatura. En esta tarea me he encontrado con Joyce Carol Oates, Norman Mailer, Eduardo Arroyo, Ernest Hemingway, Pasolini, Jack London. Los que no sé y muchos implicados en mayor o menor grado. Y J.R.Moehringer, que es periodista. 
El campeón ha vuelto es una historia sobre la escritura. Y del boxeo como metáfora. A partir de estas reflexiones Moehringer (al escribir) y Saterfield (un boxeador en cualquier caso) enhebran un tejido laberíntico con los motivos para escribir y las razones para luchar.

martes, 8 de noviembre de 2016

Sobre el deporte. Pier Paolo Pasolini


Hay que atender a Pasolini (1922-1975), también cuando escribe de deporte, porque creyó en él como un juego y en el juego como un derecho del pueblo que debían amparar los poderes del Estado.
Estos escritos fueron publicados entre 1957 y 1971, cuando no se habían desarrollado, al menos no tanto, la comercialización del deporte. En ellos supera la tradicional barrera interpuesta entre los intelectuales y la praxis deportiva; en algún momento de sus escritos denuncia que el deporte no ha sido objeto del análisis inteligente que se merece.
Creo que actualmente no hubiera escrito sobre deporte, simplemente por el rechazo que produce la descomunal industria y la cínica manipulación de le ética y la moral del juego. Lo insinúa en su artículo “Deporte y cancioncillas”, lo resalta Javier Bassas en el postfacio y yo mismo no he dejado de pensarlo en ningún momento de la lectura.
La aproximación de Passolini al deporte es un intento sincero y desde dentro (por su práctica como futbolista y “tifoso”) de divulgar el enorme valor que tiene el juego. Dedica sus artículos al fútbol, al ciclismo y al boxeo, deportes que considera populares por estar al alcance de la mayoría. Passolini sabe de competiciones, de ídolos y de pasiones, pero en sus escritos hay más que eso. Nos traslada la innegable condición lúdica del ser humano y la posibilidad de generar criterios sobre la sociedad y la manipulación que se ejerce sobre las personas a través de algo tan sutil y frágil como la corporeidad que aúna el placer y la salud, el deseo del éxito y de ser admirado y querido.
Quienes estudiamos la carrera de Educación Física en el INEF al principio de la década de 1970 parecíamos destinados a superar la gimnasia del Frente de Juventudes (y de la Academia de Mandos José Antonio) como disciplina ideológica del régimen franquista (murió Franco en 1975). Sin embargo, la crítica a la deriva comercial que iba tomando el deporte llegaba con cuentagotas. Únicamente José María Cagigal (1928-1983) escribía sobre estos temas, aunque con la prudencia jesuítica que le permitía seguir al frente de la institución creada a mayor gloria del falangista Samaranch.
Hubiera sido impensable, en nuestros estudios, contar con la aportación marxista de Pier Paolo Passolini. Sus escritos, que entonces hubieran sido devorados y escrutados con ansiedad, llegan ahora, cuando se lee poco y se considera superada la elaboración filosófica marxista de cualquier idea; aunque solo esté superada por la alienación, como estado ideal del pensamiento. En cualquier caso, bienvenidos por si alguien los lee, sobre todo si tiene que ver con la profesión profesoral de educación física (aunque disminuye bastante la posibilidad de lectura si pensamos en este gremio).
El viejo Topo Extra/ 5 1976. La crítica al deporte tuvo que esperar a que muriera el dictador
En el propio libro, Javier Bassas, incluye un ejercicio crítico a partir de los escritos de Passolini (Deporte y Revolución). A él remito por su sabiduría. Aunque la posibilidad de múltiples interpretaciones hace necesaria la lectura individual y crítica.

Mientras lo leía pensaba en Manuel VázquezMontalbán y José Luis Salvador.