lunes, 16 de enero de 2017

El fútbol según Eduardo Galeano 2


Galeano no es un espectador cualquiera. Se sitúa en la pasión pero no es un forofo. Ya leímos esta forma de amar el deporte en Pasolini, Auster y Coetzee:

El fútbol de antes
“Yo no soy más que un mendigo del buen fútbol… y cuando el buen fútbol ocurre agradezco el milagro sin que me importe un rábano cual es el club o el país que me lo ofrece”

Yo también disfruto así. Ayer vi un trozo del partido de Balonmano entre Francia y Noruega y quede subyugado por la emoción y la cantidad de virtudes humanas —deportivas— de las que disfruté el tiempo que estuve viendo el partido.

Como en otros libros, la lectura de este libro da casi todas las claves de lo que se puede ver cuando se ve deporte. . Yo resumiría  así sus contenidos:

     Estructura y partes del juego: Jugadores, estadios, espectadores, árbitros…

     Sociología y política: la guerra danzada, la publicidad en las camisetas “argolla de esclavos”, el opio de los pueblos, los negros (Uruguay era entonces el único país que tenía negros en su selección” “Europa nunca había visto un negro jugando al fútbol (1924)...se quedó anclado en París. Allí fue errante, bohemio y rey del cabaret... (Andrade) fue negro, sudamericano y pobre, el primer ídolo internacional del fútbol”, la pelota como bandera, una alusión al machismo del fútbol y a la exclusión de las mujeres de la fiesta.

     Épica y personajes: Gol de Meazza, Gol de Severino, Andrade, Yashin, Hugo Sánchez…
     Eventos: Mundiales, Olimpiadas, rivalidades.

     Teoría y táctica: El gol olímpico, las jugadas virtuosas, la máquina de hacer fútbol…

     Algo de historia.

     Escritores, artistas y periodistas. Hay una entrada dedicada a Eduardo Chillida, que fue guardameta de la Real sociedad: “El hombre que convirtió el hierro en viento:… sus manos poderosas arrojan al aire el hierro y el hormigón, que volando descubren otros espacios y crean otras dimensiones. Antes, en el fútbol, él hacía lo mismo con su cuerpo”. También dedica un cuento a Camus.


Disfruten de la lectura y de vivir con pasión. Y después del juego, como en esta otra historia “al anochecer de cada domingo, después del partido, Severino se tomaba el barco y se volvía a Montevideo, al barrio, a los amigos y a su trabajo en la usina”

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