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viernes, 3 de noviembre de 2017

Lumière, comienza la aventura y el deporte

El cine y el deporte nacieron al tiempo. Lumière, comienza la aventura 

En este blog intento reflejar las miradas que sobre el deporte, contado como la crónica de una época, encuentro en la literatura y en otras formas narrativas de expresión.

Esta vez ha sido en el cine. Thierry Frémaux en Lumière. Comienza la aventura  recoge las primeras filmaciones (entre 1895 y 1905) de los hermanos Lumière, los inventores del cine. Es la exposición escueta de un centenar de películas (de las más de mil que hicieron) agrupadas por el tema de su contenido, que reflejan la sociedad de principios del siglo XX. Durante la proyección, un narrador va glosando los contenidos, la habilidad, el sentido artístico y la trascendencia para el futuro del cine de los recursos utilizados. En la selección de las películas (de cincuenta segundos cada una) hay un criterio cinematográfico sobre el acierto de los encuadres, la calidad de la óptica, el enfoque y el movimiento de la cámara. La película es muy amena e incluso te hace reír en algunos momentos.

Pero a lo que vamos es a la aparición de los juegos y deportes en las filmaciones. Al hablar de Lion, que es la ciudad donde viven los Lumière, aparece la petanca como juego divertido que lo juegan señores trajeados de aspecto grave que saltan y gesticulan como niños. También un impagable documento sobre unos chicos jugando a las canicas. Deporte fundamental. Olímpico debía ser con más razón que los vídeo juegos ¿Se sigue jugando a las canicas?

Luego llega un apartado que hace referencia a las diversiones. Comienza llamando la atención sobre un hecho: “El cine y el deporte nacieron al tiempo” Es difícil saber si eso es rigurosamente cierto porque son actividades de índole muy distinta y no pueden compararse, pero parece que el deporte estaba esperando al cine para desarrollar su vertiente popular y de espectáculo. Resulta impensable el deporte actual sin la imagen grabada.

Cronofotografía de Marey
Los hermanos Lumière se fijaron inmediatamente en la gimnasia, el deporte y la danza y, en este sentido el cine se siente deudor de la conofotografía de Marey y Demenÿ, pioneros de los estudios biomecánicos del movimiento a través de fotografías sucesivas.

En la película se recogen imágenes de alpinismo, ciclismo, gimnasia circense, salto del caballo (ejecutado por militares sobre un caballo de verdad). Todas grabadas con la cámara fija; no podía ser de otra manera. Con esta limitación técnica acomete la filmación de un partido de fútbol. Vemos un grupo de jugadores, con la portería al fondo, que sigue con la mirada la pelota, fuera de cuadro, y se desplazan, no muy rápido, porque la pelota debe estar lejos, de derecha a izquierda según los movimientos del balón invisible. Sugerente y surrealista. Los cincuenta segundos se acaban sin que la pelota entre en escena.
Loïe Fuller. Danza serpentina

Pero la actividad que reina en la fijación de los hermanos Lumière es la danza; deporte de la manera lúdica y vertiginosa que yo lo interpreto. Al menos cinco de los documentos seleccionados relejan alguna forma de danza. Divino y caótico el baile de la jota a cargo de un batallón del ejército español; dos militares bailan agarrados. Otro batallón, esta vez del ejército francés, coreografía con unánime precisión, una sucesión de ejercicios de kárate (o similar) despojados de cualquier rasgo de violencia y con un swing ajeno a cualquier ardor guerrero. Tal vez tiene algo que ver con Amorós o con la euritmia de Dalcroze. Tal vez con la Gymnastique Harmonique et Rhytmique de  Irene Popard que ponía de los nervios a los militares españoles que debían diseñar la educación física de la dictadura… Pero esa es otra historia.  Impagables cincuenta segundos.

Hay niños bailando y lo hacen con entusiasmo. Una bailarina de danza clásica sin complejos por el sobrepeso. En una filmación coloreada se exhibe Loïe Fuller con su danza serpentina.