Máquinas y enredos creativos

8 de julio de 2016. Nos reunimos gente que nos queremos, entre los dos y los setenta años, para sentarnos a la fresca, comer una empanada muy rica y bebernos un vino que merecía la pena. Miramos admirados los picos recortados de una sierra sugerente y, como siempre, me vi trepando por los caminos que suben a la cima. Entramos en el taller envidiable que tiene Luis, con espacio para máquinas y enredos creativos y, cómo no, hicimos proyectos con soldaduras e ingletes.
A veces, un sentimiento común, de los que no son tan leves como para permitirte llorar o reír, componía un silencio de terciopelo. Caminé hacia atrás para hacer reír a un niño que estaba mohíno.
Volvimos a casa al terminar el tiempo de juego, sin importarnos demasiado si hemos ganado o perdido. 

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