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viernes, 28 de octubre de 2016

Teoría del deporte según Erik Satie. 2: De las Gymnopédies a los Deportes y diversiones.

La emoción, el vértigo, el amor, la fiesta, la aventura, los ritos, reírse de lo serio, de las paradojas, de lo ridículo, lo pomposo y de uno mismo es vivir deportivamente, y a ello me aplico. Nunca me convencieron de que los resultados eran la esencia del deporte. Eso de más rápido, más lejos más fuerte… o algo así no entendí que fuera un fin. Por eso insisto en la atención a Erik Satie.

Hacer deporte y divertirse parecen causa y efecto inseparables. Quienes saludaron al deporte en sus orígenes como comportamiento social, seguramente no podían ni imaginar que fuera a ser negocio y trabajo. Ese es el caso de Erik Satie (1866-1925) que con sus veintiuna composiciones, las ilustraciones de Charles Martin y las anotaciones poéticas que forman el álbum Deportes y diversiones, crea una auténtica taxonomía y un concepto humanista y juguetón de ese gran invento que fue el deporte.
Con ese espíritu hedonista nosotros reunimos aquí las sugerencias de su álbum que constituyen la articulación de nuestra idea de lo que es vivir deportivamente.
Charles Martin. El columpio, contiene todas las sugerencias hedonistas.
El deporte produce vértigo: El columpio “Es mi corazón el que se balancea”. Navegar: “El yate danza, parece que está loco”. Deslizarse por un tobogán: “Si tienes el corazón fuerte no te dará un infarto”
Es deporte la música y el baile: “Suenan las guitarras”  “Un perro baila con su novia”. El tango perpetuo es la danza del diablo.
Es deporte el amor, enamorarse: en el despertar de la novia, al jugar a la gallina ciega.    “Ella lleva un bonito vestido blanco” para celebrar un pic-nic. “Tienes unos ojos muy grandes. Me gustaría estar en la luna” son frases para un flirt. Doblemente, es deporte, el erotismo: “El diablo baila el tango para enfriarse. Su mujer, su hija y sus criadas también se refrescan así” dice del Tango perpetuo, la más erótica de las danzas. “que piernas más bonitas tiene y que nariz tan preciosa” observa en el tenis. También hay erotismo en las imágenes de Ch. Martin, por ejemplo: El columpio.
Ser actor, actuar, el teatro. Todo eso es deporte. La aventura es deporte: el baño de mar, “el mar es ancho…, profundo, húmedo” El pulpo, la persigue, atolondrado, tropieza…Lo ridículo, lo paradójico forman parte: “golpea… ¡su palo salta en pedazos!” (el golf). “Señoras, metan la nariz en la bufanda” (El trineo). La emoción y los ritos: “Se pesan los caballos, se rompe el programa, se apuesta, se ponen en línea ¡Salida!. “Todos con la boca abierta, un anciano se vuelve loco”                 con los fuegos artificiales; “provocan… se estira… se lanza…” en las cuatro esquinas. La fiesta y las coreografías: los desfiles, los peces en el río, coreografía de animales en el bosque.
No le parece deporte ni divertido el peligro y matar. La caza: “bien pensado no es divertido…Cazaré nueces a tiros”. La pesca: Murmullos del agua, el pescador no pesca. Navegación: “El peligro no es divertido, prefiero otra cosa, grita la guapa pasajera”


A mi me gusta este deporte, me parece divertido y vital.

jueves, 27 de octubre de 2016

Teoría del deporte según Erik Satie. 1: De las Gymnopédies a los Deportes y diversiones.

Al llamar a este blog Deportes y Diversiones, adquirí una deuda con Erik Satie (1866-1925) que quiero comenzar a satisfacer. Deportes y Diversiones (1914) es una obra multimedia de Erik Satie en la que la música esta creada a partir de las ilustraciones de Charles Martin y que se acompaña de textos poéticos.
En sus Memorias de un amnésico y otros escritos (1913-1914),  Erik Satie teoriza sobre el aprendizaje gimnástico de la música y marca la distancia que existe entre quien aplica las reglas y quien es capaz de crear placer estético. Cree que el deporte liberará a la gimnasia de su rigidez disciplinada.
Con su creación, Deportes y Diversiones, parece querer entrar en el universo recién creado de la educación corporal para señalar el camino que la gimnasia debe recorrer para ser educación física.
Deportes y Diversiones
Si no tuvieron mucho éxito sus composiciones fue, posiblemente, porque la educación corporal de sus contemporáneos no era suficiente para entender su socarrona carcajada ante la pose hierática de los compositores románticos. Las compuso cuando las escuelas gimnásticas aún no habían conseguido despegarse de la disciplina militar o la rigidez analítica del movimiento, siempre correcto o incorrecto.
Después, las danzas de Isadora Duncan y el deporte anglosajón, que demonizaron los maestros de la danza y de la gimnasia por su indisciplina académica, abrieron los ojos a un cuerpo expresivo distinto. Aquellos que vieron bailar y agitar las túnicas que apenas tapaban el cuerpo, que se regocijaron corriendo detrás de una pelota que había que meter en alguna parte y viendo como chicos y chicas se desprendían de sus respectivos corsés y se solazaban en los baños o deslizándose por las montañas, entendieron y celebraron con regocijo el irreverente mensaje y el aire fresco que invocaban las composiciones de Satie. Y por un momento arte, deporte y juego estuvieron de acuerdo.
Más tarde, cuando el deporte se “patriotaliza” (Stephan Sweig), pierde el sentido lúdico y el respeto de los intelectuales y de mucha más gente.

Erik Satie compuso los Deportes y Diversiones, seguramente con el sentido gymnopédico de lo fundamentalmente humano que desarrolló en sus famosísimas Gymnopédies. Y al organizar sus composiciones y describir lo que quería decir en anotaciones que acompañaban a la composición y a las ilustraciones de CH. Martin, construyó una clasificación de los juegos y deportes que podría ser la norma directriz del desarrollo de una educación física divertida y vital. A ello dedicaré otras entradas.

lunes, 17 de octubre de 2016

Teoría del deporte. Philip Roth. Némesis

Basta ya. No merece la pena seguir guardando en la memoria la lectura de la gran novela americana. Ya la leí y se acabó. Recomiendo a quien le interese el deporte y quiera desentrañar su sentido social y político que la lea. Esta escrita con el desgarro, el cinismo y el sentido del humor de la literatura grande. Y con el desprecio que siente Philip Roth por el ser humano que se deja manipular y los que le manipulan; el asombro de que, una práctica que debían ser un revulsivo moral, no te obligue a ser más persona sino un poco menos.
Para entender mejor a Philip Roth y a sus personajes indagué en su obra y me sorprendió que su novela Némesis (2010), tenga por protagonista a un profesor de educación física ¡Qué sorpresa! Durante casi toda la novela Cantor, el protagonista, es un ser impecable en el sentido de su práctica y su compromiso social.
“Quería enseñar a aquellos niños para que sobresalieran tanto en las actividades deportivas como en sus estudios, para que valoren la deportividad y cuanto podía aprenderse mediante la competición. Quería enseñarles lo que su abuelo le había enseñado: resistencia y determinación, valor y buena forma física, y a no permitir jamás que los zarandearan… solo porque sabían usar el cerebro”. 
El lanzador de jabalina que nunca la lanzó 
Cuando Cantor enferma, pierde su cualidad deportiva y tiene que moverse en una silla de ruedas (Este es el concepto de Némesis. Una especie de venganza divina cuando todo va bien) no consigue sobrellevar la vida con dignidad: “Crees en el cuerpo deformado, pero lo que realmente se te ha deformado es la mente” Se lo dice su novia que quiere seguir a su lado a pesar de la enfermedad. Y un antiguo alumno, al observar su deriva destructiva, recuerda: Mientras corría con la jabalina en alto, extendía el brazo hacia atrás y lo movía adelante para lanzar la jabalina por encima del hombro, y acto seguido, la arrojaba como una explosión; nos parecía invencible”.
No se fía Philip Roth del ejercicio de las facultades físicas que se termina con el músculo engordado. Clama por un juego dinámico que nutra al cerebro más allá del resultado obtenido. Si al menos lo supieran los educadores y los difusores de la educación física. Pero el deporte mercantil y la mentalidad aviesa del deportista se han apoderado de la educación física. En una entradas antiguas de este blog, cuando todavía ejercía de profesor de educación física, ya escribí de vivencias personales relacionadas con esto (Idiotes savants). Os contaré una historia sobre esto en la próxima entrada.

(La foto de ese espanto, que representa la juventud de su dueño, preside la entrada del gimnasio Atalanta de Valencia, y le viene al pelo a la historia contada y al concepto de idiotes savants)

lunes, 26 de septiembre de 2016

Philip Roth 2. El deporte es un trasunto del Edén y es deudo de Dios y la Patria. Nació en 4960 a.de c.

Origen del universo y del deporte
En 1975, España, estaba a punto de quedarse sin Franco, aunque no sin su mentalidad castrense y sus referentes Patria y Dios, que perviven en Aznar, Bono, Rajoy, Susana Díaz, Artur Más -Su tupé es igualito al de un jefe de campamento OJE que lo fue en Almorox 1962.
Pues bien, en 1975 estaba cursando segundo o tercero en el INEF de Madrid y nuestros profesores intentaban hacernos reflexionar sobre las razones por las que el ser humano juega. Nos facilitaron el libro de Joan Huizinga –Homo Ludens (1954Joan Huizinga –Homo Ludens (1954)-  que argumenta el origen cultural, que es como no decir nada. Otros pensadores afinaban más y lo aproximaban a la guerra, la religión, el ocio, el trabajo. A mí me gusta la teoría de no sé quién, que dice que el origen del deporte es literario, y que son los cuentos del bardo Homero los que le hicieron trascendente.
 Un poco antes, en 1973, Philip Roth en La gran novelaamericana, ya había explicado de forma contundente lo que es el deporte): el deporte es un trasunto del Edén y es deudo de Dios y la Patria. Dios y patria ¡los pilares del ideal Franquista! No sé cómo no se hizo viral su teoría en aquellos años de la mirada claralejos, purrutas imperiales… por las Montañas Nevadas. Pues bien, Mister Fairsmith, el profético mánager de los Mundys Ruppert de la liga patriótica, así explica lo que es el deporte:

¡A ver si lo que sostiene Eva
es una pelota de beisbol!
 “El Creador todopoderoso, cuya presencia percibo en todos los estadios de la liga en esos días dorados del verano caluroso y fecundo y del fértil y benevolente otoño en que los muchachos dotados de fortaleza física y moral se entregan con rigor a la práctica del deporte bajo el sol, como hicieron nuestros antepasados en el Edén, antes de la Serpiente y del Pecado Original”. (pág 104)
Nos queda por dilucidar la fecha y eso lo encontramos en esta enciclopedia para la formación de maestros en 1875 (aprox) el deporte nació en 4960 a.de C. el séptimo día de la creación, cuando creó el Edén. Me consta que en Enero. Lo constata Nino Bravo: “Cuando Dios creó el Edén (y el béisbol) pensó en América”
Así el deporte autentico es anterior al pecado original y todo lo que pasa después es una perversión: los profesionales, la ciencia, la iluminación artificial, la radio, la televisión. De eso hablaremos otro día

miércoles, 24 de agosto de 2016

Philip Roth 1. Psicopatología del deportista profesional

Hablar de Philip Roth y deporte es entrar en un jardín. Tan exuberante y lleno de matices es su relato. En una conversación con Hemingway que Philip Roth  se inventó, disputan por la gran novela americana: ¿la escribiste tú o está por escribir? Para concluir que la gran novela americana será sobre béisbol o no será. Luego se pone manos a la obra (PhilipRoht. La gran novela americana 1973
La zafiedad del pelotero Joe di Magio
).
 


Los personajes de La gran novela americana son los deportistas, los directivos y los espectadores del béisbol. Es mejor leer la novela entera pero en un párrafo resume lo que piensa de la capacidad mental de los “peloteros” profesionales. Son gente desinhibida, pero está claro que el deseo de comportarse de forma desinhibida no es una intención explícita, como pudiera ser la del pintor que busca el trazo desprejuiciado del niño. Lo que pasa es que no dan más de sí. “Escuchar las divagaciones de Huckleberry Finn es como escuchar al noventa por ciento de los jugadores de béisbol que en el mundo han sido…” Se refiere a sus ocupaciones familiares, a sus ensoñaciones sobre la libertad de dejarse llevar por el río…

Pone numerosos ejemplos del comportamiento infantil de los deportistas profesionales, pero nos resultará fácil entenderlo si pensamos en los futbolistas que exhiben los valores de su éxito en fiestas con los chicos y las chicas más guapísimas, la gorra atrás, los coches caros, los pelos cardados, los yates; son la imagen del éxito y el modelo de los valores del deporte.

Luego se confiesan redimidos por el deporte. Gracias al deporte son algo (tienen dinero, son queridos). Gil Gamesh, después de ser expulsado de la liga profesional y de una peripecia soviética que no tiene desperdicio, vuelve a Norteamérica y el jugador reconoce: “… por primera vez en la vida me daba cuenta de que este era mi país, de que un país, algo, podía ser mío realmente”. “No, mi corazón nunca lloró por la humanidad, ni por la clase obrera, sólo por mí, por el número 19”.

Creo que después de leer La gran novela americana habremos aprendido todo o que hay que saber sobre la psicopatología del deportista profesional. Pero hay mucho más que saber sobre el deporte y Philip Roth nos lo enseña.

lunes, 18 de julio de 2016

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 3


 He escrito al principio que los escritores americanos no son ajenos al deporte. Con frecuencia, los rasgos del comportamiento deportivo de sus personajes, son definitorios de su personalidad. Joyce Carol Oates (1938- ), de quien desconozco mucho pero de quien prometo conocer más, dedica un ensayo al boxeo. No lo he leído pero leed que recesión más jugosa de Mauricio Sáenz en la revista on-line Arcadia.
“Joyce Carol Oates aclara muy temprano que no considera al boxeo un deporte, entre otras cosas porque nada en él es lúdico: “Nada que parezca pertenecer a la luz del día, al placer”. No es como el fútbol o el baloncesto, que se “juegan”. Nadie “juega” al boxeo, ni en él los hombres recrean actividades infantiles, porque los niños poco o nada tienen que ver con el boxeo. No pueden, porque la muerte siempre es un desenlace posible. En el cuadrilátero los hombres no recuerdan su infancia, sino la infancia de la humanidad.
Y si no es un deporte, ¿entonces qué es el boxeo? ¿Una ceremonia salvaje, un rito expiatorio, un espacio votivo en el que las leyes quedan suspendidas y es posible matar a un hombre pero no asesinarlo? Ninguna definición es suficiente, ni siquiera que el boxeo es la imagen más aterradora “de la agresividad colectiva de la humanidad, de su demencia histórica”.

Prometo leerlo y escribir otro día de boxeo.

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 2

Nunca volvería a jugar a hockey sobre hierba

Antes de seguir con la Teoría del deporte de Joyce Carol, (Mágico, sombrío impenetrable. Alfaguara, 2015) ha llegado a mis manos, como clavo que cae del cielo cuando ejerces de martillo, la historia de Emile Laurent (El País, 9 de julio de 2016), que es la chica con mejor resultado en las pruebas de selectividad francesa. Es noticia porque se sobrepuso a un suceso de acoso durante sus estudios. Pues bien, dice: “Mucha gente dice que los buenos alumnos no hacen deporte porque se les da mal, pero en mi caso realmente tengo motivos”. Extraña información en el contexto de una noticia que no sé si lo es.
No es este el caso de Lou-Lou que abandonó el deporte, a pesar de la emoción por la admiración de su padre y, sin embargo, persistió en ella el apego agradecido a su padre por aquello del diente contado en la entrada anterior.
Tanto Emile como Lou-Lou (y Carol Joyce) son mujeres y no es baladí el detalle. Hablan del deporte como un suceso en su vida que ocurrió antes de que hablaran con la serpiente , de que pactaran con el mundo su propia ubicación. Lou-Lou deja el deporte: “La mayoría de las chicas abandonan para siempre los deportes de equipo al terminar secundaria” y cuando escucha a su padre rememorar aquel suceso en el que perdió un diente, le abruma y le disgusta. “Lou-Lou, mi hija más asombrosa. No hay nada misterioso o sutil en ella, es todo corazón. No es oscura ni tortuosa. Es una atleta”. A ella no le gusta “Con frecuencia tenía la sensación de que no me conocía en absoluto; creaba una caricatura o una historieta, adornada con mi nombre”. Acaba renegando de la admiración de su padre por aquel suceso tan físico, que sólo se revela en su corporeidad. Desea otra admiración indefinida, que nunca llega.
Hay otro matiz en sus vivencias del Hockey: “Nosotras queríamos creer que nuestra profesora de Educación física, mujer de extremidades nervudas y penetrantes ojos oscuros, era por lo menos lesbiana. Que los hombres no le interesaban” pero descubre que ella y su padre comparten algo más que la preocupación por la pérdida de su diente y los sorprende en una cita; “Me escandalicé y me sentí traicionada. No por mi padre sino por Tina Rodríguez… Nunca se lo contaría a mis compañeras de equipo. Nunca volvería a jugar a hockey sobre hierba”.

Que el deporte sirve para muchas cosas que nada tienen que ver con el juego, que en el deporte subyacen dependencias emocionales, que las chicas abandonan el deporte antes del bachillerato, que los chicos sienten fascinación por lo físico del comportamiento, que hombres y mujeres no comparten deporte y sienten al otro sexo como extraño en las relaciones deportivas, que el deporte sigue viéndose como una traba para el desarrollo intelectual. Es más fácil encontrar estas reflexiones en una novela que en la planificación del currículo de las Facultades de Educación Física.

No es deporte, no es salud… ¡Es dinero!

A modo de homenaje a José Luis Salvador. 

Hay muchas cosas a las que nos acostumbramos y al fin nos parece que son como deben ser. Por ejemplo que el deporte sea un negocio y que, para el Estado, eso de que sea un derecho es una pamema. Nunca te lo van a decir así de claro.
Pero a veces se reúnen varios factores (noticias, lecturas) que van en la misma línea y hacen visible la tormenta perfecta: Una persona ata cabos y lo pone en su blog; tampoco da más de sí.
Una noticia del País (14-07-2016) titula: “el 75% de la población está muy por debajo del nivel de actividad física necesario” y concluye: “El 10% del gasto sanitario se debe al sedentarismo”. No sé si necesita más comentarios. Se podría reflexionar sobre la idea de calidad de vida, sobre la contaminación, el urbanismo, el acceso a instalaciones y profesionales de la Educación física, las horas de Educación física escolar, los valores de las retransmisiones deportivas, la dependencia de los gimnasios. Pero no, el problema de que no se haga ejercicio es que cuesta dinero al estado y la culpa la tiene usted por no dedicar 30 minutos diarios a relevarnos de este gasto (que se nos ocurren mil maneras mejores de llevárnoslo a Suiza).
Unos días antes leí la columna de Carlos Boyero, Asco 9 julio 2016,  que denunciaba las campañas antitabaco relacionándolas con las cuentas de la Seguridad Social.
Ahora leo en el Facebook de Miguel Á. Delgado, el lamento de un “dependiente” del gimnasio. ¿A que lo sabíamos? Que
¡No es salud, no es educación ¡es dinero!

Lo sabíamos. Por cierto, esta filosofía (el deporte es bueno en tanto que es negocio) tiene numerosos seguidores en las Facultades de Ciencias de la Actividad Física e INEFs. Y es posible que muchos no entiendan lo que digo como algo criticable. Otros muchos sí. Por ejemplo, a José LuisSalvador, que murió un 14 de julio, ya hace tiempo, no se le escapaba ni una cuando intentaban tomarnos el pelo en materia de deporte y dinero.


domingo, 17 de julio de 2016

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 1


“¿A ti que te parece papá?”

Estaba absorto en la narración de Parricidio, el cuento de Joyce CarolOates (Mágico, sombrío impenetrable. Alfaguara, 2015) sin poder levantar la cabeza, cuando llegué a un pasaje que narra un suceso deportivo. ¡Cáspita! Pensé, los americanos hablan del deporte como algo muy integrado en sus vidas… Vamos por partes.
Parricidio cuenta cómo Lou-Lou, una mujer brillante, vive pendiente de su padre (un premio Nobel de literatura). A él dedica su vida: Amor y profesión; textualmente: “Esta es la historia de cómo una hija preferida corresponde al cariño de su padre”.
En cuanto al suceso deportivo, la propia Lou-Lou lo resume: “Yo jugaba al hockey sobre hierba y papá estaba delante de la tribuna descubierta: vino un número sorprendente de partidos aquel año; una chica me golpeó en la boca con su palo y me arrancó un diente: este de aquí. Y papa dijo: “¿Qué llevas en la mano, Lou-Lou?; y yo dije: “¿A ti que te parece papá?”, y el dijo, sin perder comba: “A mí me parecen unos cinco mil dólares, Lou-Lou. Pero tú los vales.” En otro momento explica cómo se sintió: “Estaba entusiasmada, llena de exaltación. Era un momento clave de mi vida adolescente: tenía quince años. No siempre había sido tan feliz ni me había sentido tan orgullosa de mí misma pese a mi situación privilegiada en el aprecio de padre. Ahora creía que mis compañeras se preocupaban por mí y que sabían quién era mi padre, quién era Roland Marks”.
Luego, estaba picando unas cebollas y pensando en el significado de la anécdota en el contexto de la narración, cuando escucho en la radio a Michael Robinson, que habla de un parapléjico que dice “debo todo al deporte: mi familia, mi ¿?...” Todo cosas que se derivan de la fama y el dinero. Intento establecer una relación entre el relato radiofónico y la historia de la novela, pero no cuadra. Yo también, en este mismo blog (Teoría del deporte. Agustín García Calvo 1) he contado mis inicios en el deporte y lo importante que fueron los refuerzos que obtuve. Realmente ¿Quién de los que han persistido en la práctica deportiva no ha alimentado su apego con las alabanzas de los demás? Bueno, no es malo que, cuando haces algo bien, te lo digan. Esto vale para cualquier cosa que hagas.
A los adolescentes que hacen deporte, les va muy bien estos refuerzos, y alguno hace la lectura de que lo bien hecho bien parece, y lo aplican al juego que practican sin presión, sin necesidad de prensa ni publicidad. Porque si te predispones a esperar la fama, entonces jugar no vale para nada y si fiamos la importancia en el negocio se pierde el ocio.

Los apegos vitalicios al deporte generan esperpentos porque muchos deportistas se creen que haciendo bien eso (cualquiera que sea la habilidad que exhiban) siempre les van a reír la gracia. Y asistimos perplejos al discurso de, millonarios hasta el insulto, deportistas que dicen que no se sienten queridos por la afición; suena a pitorreo y sonroja.

miércoles, 6 de julio de 2016

Tiempo de juego

A destiempo, contratiempos, pasatiempos y récords

Hasta aquí llega lo que escribí antes de 2013. De entonces hasta ahora lo que ha cambiado es el tiempo. No solo porque ha transcurrido, también la forma, si es que el tiempo tiene forma.
Entonces el tiempo no es el de ahora, porque ahora se han desmoronado los hitos que lo tabulaba (TA-BU-LA-BA). Esto parece una adivinanza: Los hitos son las obligaciones laborales y ahora no trabajo. Antes el tiempo se podía entender haciendo una cuadrícula, una tabla. En los espacios que definían las coordenadas tiempo-materia se metían las cosas que tenías que hacer y lo que quedaba fuera era tiempo libre. La mayor parte del tiempo ¡no era libre! ¿Cómo llamar a ese tiempo? ¿Sometido, productivo? Vaya lío ¿Todo lo que hacías fuera de la cuadricula no era rentable? ¿no cuenta, no cotiza? El caso es que ahora no tengo cuadrículas donde meter lo que hago, entonces  ¿No vale? Mientras me lío yo solo, estoy pensando en el jugador que lanza la pelota a la canasta después de la bocina ¡fuera del tiempo! En el deporte se puede estar fuera del tiempo. Si Einstein llega a saberlo.
En lo de medir el tiempo, el deporte mercantil se parece mucho al trabajo: si no anotas dentro del tiempo no vale; no sale en la televisión y no pagan por ello. Imaginar lo que da de sí hablar del tiempo en el deporte. Por ejemplo, antiguamente no había récords porque no había cronómetros con décimas y milésimas. ¿Cuánta gente sería la campeona del mundo si solo se contara en segundos? Hay un reloj en la Puerta del Reloj de la catedral de Toledo que solo cuenta en horas. El récord cambia mucho la forma de hacer deporte porque uno puede “competir contra el crono” que a mí parece como hacerse una paja: está bien pero no es lo mismo. Los griegos no tenían records, el que ganaba era el mejor. Los romanos eran más expeditivos, si acababas sin cabeza habías perdido.
En el siglo XVI, antes y después, se medía el tiempo de juego, pero de otra manera. Por ejemplo, un partido de Calcio podía durar todo el día, hasta que no vieran porque era de noche y, aún así ¿quien decía que no se veía lo suficiente? ¡Pues yo veo! diría el que iba perdiendo por poco. En la novela ¡Calcio! (Juan Esteban Constaín.Seix Barral 2012) el partido entre los florentinos y las huestes de Carlos V termina porque tienen que seguir la guerra ¡Parece un chiste de Gila!
Cuando yo era más pequeño, perdía el partido quien se retirara. Por ejemplo, si venía la mamá de Manolito y le cogía por la oreja ¡anda so ganso, que tienes que hacer recados! Manolito perdía el juego aunque hasta ese momento fuera ganando.

Creo que volveré sobre este tema, pero en realidad, lo que quería decir es que ahora mi tiempo no cabe en una cuadrícula y estoy hecho un lío redescubriendo la vida y el juego. Comprobando si lo que haces libre, a espaldas del tiempo, vale para algo. Tanto como escribir esto.