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| 1910 Valencia, La albereda |
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| 1910 Stefan Zweig |
Todavía volveremos sobre Stefan Zweig.
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| 1910 Valencia, La albereda |
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| 1910 Stefan Zweig |
En esas
condiciones la actitud de los intelectuales hacia el deporte es de prevención y
él reconoce que no se dio cuenta de lo que aportaba el deporte hasta muy tarde. Cuando escribe sus memorias, en 1941, recuerda:“Tampoco sería fácil hacer entender a un joven de hoy hasta qué punto
ignorábamos, y hasta despreciábamos todo lo relacionado con el deporte…, el
deporte aún era considerado como una actividad de brutos de cuya práctica un
bachiller más bien se debía avergonzar… A los trece años, dejé el patinaje
sobre hielo y usé en la compra de libros el dinero que me daban mis padres para
las clases de baile; a los dieciocho aún no sabía nadar ni bailar ni jugar al
tenis; incluso hoy no sé montar en bicicleta…”.![]() |
| Gimnastique du chambre |
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| Dr. Fraguas |
El deporte fue el mirlo blanco del futuro de la humanidad a
principios del siglo XX. El espíritu deportivo contenía todas las promesas de
la relación saludable entre las personas y de estas con el humanismo y la
inteligencia. Stefan Zweig lo expresaba muy bien. Pero el deporte también
tenía un enorme potencial como mercancía. Adivinen cuál de las dos tendencias
ha ganado.El cuerpo y el recuerdo.
Eduardo Mendoza, por medio de su personaje Javier Miranda, nos recuerda el valor de la corporeidad. Cuando se ve obligado a recordar ante el juez, en 1927, unos hechos que deben esclarecer “La verdad sobre el caso Savolta”, observa como su cuerpo participa del recuerdo:
“La mente humana tiene un curioso y terrible poder. A medida que rememoro momentos del pasado, experimento las sensaciones que otrora experimentara, con tal verismo que mi cuerpo reproduce movimientos, estados y trastornos de otro tiempo”.




Ya hemos hablado de este poder en otros momentos. Al dedicar
una entrada a Walth Witman,
Pero la expresión de un
hombre cabal no sólo está en la cara,
Está en los miembros y
en las coyunturas también, está, curiosamente, en las coyunturas de las caderas
y de las muñecas,
Está en su andar, en el
porte de su cuello, en la flexión del talle y de las rodillas; la ropa no la
oculta;
Andrea Canepa nos recuerda como la experiencia corporal puede desarrollar las capacidades de abstracción, creatividad, y expresividad a partir de situaciones azarosas, sin sentido, desconcertantes...
Últimamente llegan a mi Facebook numerosos mensajes, como cartas en una botella arrojadas al mar, sobre las preocupaciones de los profesionales de la Educación Física por adquirir recursos para las clases, ahora que las preocupaciones por el contagio del coronavirus exigen eliminar el contacto, usar pocos materiales y trabajar al aire libre.
Un lector (el lector) me envía este comentario
vía E-mail sobre este blog y su contenido. Me habla sobre su vivencia en el
deporte y las razones por la que persiste en su práctica (muy distante de
aquella historia que conté: El deporte: una ruleta rusa). Además
de reconfortarme, lo aprovecho para hacer la crónica de una película con
contenido deportivo (100 metros) vista recientemente a
la que no sabía cómo hincar el diente.
Como no soy estudioso de casi nada, poco puedo
aportar a tus desvaríos lectores y observadores. Ciñéndonos al juego, si puedo
decir que aún hoy -después de tantos años jugando al frontón, al fútbol, al
tenis y al padel casi sin remansos- a mí me ha servido para conocer mejor mi
cuerpo, disfrutar a tope y usar el tarrito de su recuerdo como un bálsamo
reparador. Por ejemplo, aun hoy, cuando tardo en dormirme (como cuando éramos
pequeños y nos llevábamos a la almohada el recuerdo de la última peli de
indios) recurro a repasar a cámara lenta la mejor jugada que completé en el
último partido, el golpe de revés definitivo, la carrera para una dejada
adormecida. O repaso las bromas de los compis, cada uno de su padre y de su
madre, de profesiones disparísimas, pero que jugando actuamos como una fratria divertida,
desinteresada y estimulante. Lejos de toda manipulación, mentira o alienación,
y por supuesto de cualquier atisbo de poder o dominio (todo poder acaba
matando). Y con esas friegas -cada vez más tenues- del recuerdo reciente en la
pista, desaparezco de la realidad para pasar del ensueño al sueño.