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jueves, 10 de septiembre de 2020

La verdad sobre el caso Savolta. Eduardo Mendoza.

 El cuerpo y el recuerdo.  

Eduardo Mendoza, por medio de su personaje Javier Miranda, nos recuerda el valor de la corporeidad. Cuando se ve obligado a recordar ante el juez, en 1927, unos hechos que deben esclarecer “La verdad sobre el caso Savolta”, observa como su cuerpo participa del recuerdo:

“La mente humana tiene un curioso y terrible poder. A medida que rememoro momentos del pasado, experimento las sensaciones que otrora experimentara, con tal verismo que mi cuerpo reproduce movimientos, estados y trastornos de otro tiempo”.



Ya hemos hablado de este poder en otros momentos. Al dedicar una entrada a Walth Witman,  

Pero la expresión de un hombre cabal no sólo está en la cara,

Está en los miembros y en las coyunturas también, está, curiosamente, en las coyunturas de las caderas y de las muñecas, 

Está en su andar, en el porte de su cuello, en la flexión del talle y de las rodillas; la ropa no la oculta;

 Ideas semejantes hemos observado al referirnos a la obra de Paolo Passolini, y Stephan Zweig 

Andrea Canepa nos recuerda como la experiencia corporal puede desarrollar las capacidades de abstracción, creatividad, y expresividad a partir de situaciones azarosas, sin sentido, desconcertantes...

Últimamente llegan a mi Facebook numerosos mensajes, como cartas en una botella arrojadas al mar, sobre las preocupaciones de los profesionales de la Educación Física por adquirir recursos para las clases, ahora que las preocupaciones por el contagio del coronavirus exigen eliminar el contacto, usar pocos materiales y trabajar al aire libre.

martes, 20 de agosto de 2019

Thomas Mann y la gimnasia


Thomas Mann. Los Buddenbrook. Pocket Edasa 1ª Edición 1901

Gimnastique du chambre
La historia se desarrolla desde principios del siglo XIX hasta 1877. Se trata del auge y declive de una familia de comerciantes en el estado libre de Prusia, concretamente en Lübeck.

El libro es un clásico de la literatura europea y su autor, Thomas Mann (1875-1955), premio Nobel en 1929, uno de esos autores capaces de escribir un relato en el que nada era como es ahora, pero en el que nos reconocemos. Ya sea en los personajes o en sus avatares. Y seguirá ocurriendo por mucho que pase el tiempo.

Empecé a leerlo con muchas prevenciones (literatura anticuada, pensé) e iba ya por la página 732, sin poderme explicar cómo había llegado hasta allí, cuando me encontré una referencia a la gimnasia. No me lo esperaba, pero era absolutamente lógico. ¿Cómo retratar la sociedad prusiana del siglo XIX sin que alguno de sus personajes tuviera que ver con la idiosincrasia de la práctica gimnástica? Ya nos referimos al retrato del deportista, de esa misma época, que hace Leopoldo Alas Clarin en La Regenta

Los excluidos del deporte

Thomas Mann describe la gimnasia dese el punto de vista de los excluidos, de las personas cuya sensibilidad estaba a años luz del exhibicionismo patriótico que relacionaba la fuerza con la raza.

jueves, 21 de junio de 2018

El fútbol y los sarpullidos






Levanta sarpullidos ver la explosión de amores patrios, ardor guerrero, honras en las botas de los delanteros y en los guantes de los arqueros, banderas que envuelven y colores nacionales en las caras y en el culo (y no es por hablar mal, que es cierto). Cómo no hablar de fútbol estos días. Ya lo he hecho muchas veces en este blog y se puede saber lo que pienso de este nivel del deporte. Para quien a priori piensen que no me gusta el fútbol, les diré que sí, que veo los partidos, sobre todo en esta primera fase en la que se enfrentan los que no son favoritos y puedo mirarlos como si viera un partido del Campeonato de Empresas de un polígono industrial. Quiero decir, que puedo verlos sin tener que remitirme a honor y patria y análisis de los avatares por los que pasan los elegidos, lo más selecto de la nación.


Pero, no es a esto a lo que iba. Releyendo un libro de un profesor de gimnasia antiguo, he leído la siguiente consideración sobre la aplicación educativa de algunos juegos:

Dr. Fraguas
El “Foot Ball”: Difícil, si no imposible, es dar conveniente nombre castellano a este juego, aún más desconocido en España que el Rounder, pues que jamás hemos tenido la ocasión de presenciar ni oír ni referir ninguna partida de este juego entre la juventud de nuestro país” 

Dr. José E. G. Fraguas Gimnasia higiénica. Biblioteca de la Regeneración Física, 1897.

Esto no iba a quedar así, y en 1902 ya se corrige la tendencia sobre el conocimiento de este juego:

“Parece que va tomando carta de naturaleza entre nosotros un ejercicio inglés llamado foot-ball. Aunque en nuestro modo de ser no encaje por completo la afición a este juego, sin embargo, no se puede negar que cuenta con bastantes entusiastas y los domingos por la mañana se ven los campos muy concurridos, desplegándose por los jugadores el mismo ardor que pueden desplegar los anglosajones”.  Un lince el comentarista.

sábado, 11 de noviembre de 2017

El deporte ICON. Un ecosistema de lujo y consumo


El deporte fue el mirlo blanco del futuro de la humanidad a principios del siglo XX. El espíritu deportivo contenía todas las promesas de la relación saludable entre las personas y de estas con el humanismo y la inteligencia. Stefan Zweig lo expresaba muy bien. Pero el deporte también tenía un enorme potencial como mercancía. Adivinen cuál de las dos tendencias ha ganado.

Yo me entretengo en observar como hablan del deporte quienes no tienen intereses deportivos. Últimamente he encontrado referencias al deporte en ICON, que es una revista que se regala cuando se compra el diario El País.

Al abrir al azar la revista, por la página 83, me encontré un anuncio de la SER, con un hípster o barbudo atildado y un texto que decía “Un gol es como un orgasmo”. En letra muy pequeñita decía Creo en el fútbol. Creo en carrusel. Pensé que quien había escrito eso no sabía nada de goles ni de orgasmos. Por otra parte la fotografía de un hombre solo con gesto de placer sugiere más una paja que sexo compartido. Por ahí tal vez se entienda: un gol que mete otro es como hacerse una paja, algo aburrido o un recurso de la frustración. En cualquier caso, hombres y masturbaciones podría ser una buena imagen de la pasión por el fútbol.

Me pregunté si habría más alusiones al deporte y rastreé página a página el contenido de esta revista que promociona el consumo y el lujo.
No me resulta sencillo definir la revista, así que describiré alguna de sus características. Tiene casi doscientas páginas en buen papel. Editar esto debe ser muy caro, así que tiene muchísimos anuncios y por eso te la dan gratis. Ya he señalado el subtítulo con el que definen el contenido: Hombres y estilos. No dice mucho. Te queda más claro si te fijas en que, antes de que haya un solo texto, hay páginas completas con anuncios de colonias, coches, relojes, gafas y zapatos. De marcas como: Armani, Prada, Gucci, Dolce Gabana, Breitling, TagHeuer.

viernes, 25 de noviembre de 2016

100 metros, la película

Un lector (el lector) me envía este comentario vía E-mail sobre este blog y su contenido. Me habla sobre su vivencia en el deporte y las razones por la que persiste en su práctica (muy distante de aquella historia que conté: El deporte: una ruleta rusa). Además de reconfortarme, lo aprovecho para hacer la crónica de una película con contenido deportivo (100 metros) vista recientemente a la que no sabía cómo hincar el diente.

Querido Ratolín Gotelé:
Veo que vuelves a las andadas y además con ironías y lecturas al alcance de muy pocos. (Quiero decir que nadie suele leer ahora más de 140 caracteres, no digo ya a Zweig o Satie o Oates). Mejor aborregarse con el fútbol televisivo de sesión continua, o correr en la cinta sinfin como si eso te recompusiera, o alienarse con el Black Friday. Esa tarea intelectual tuya, como una buena autoterapia sanadora, creo que resbala bastante en los tiempos que vivimos. Mejor todo fragmentado, superficial, teledirigido, sepultado al segundo siguiente por otro reclamo, y al siguiente por otro nuevo, empapados de naderías sin ningún calado...


 Como no soy estudioso de casi nada, poco puedo aportar a tus desvaríos lectores y observadores. Ciñéndonos al juego, si puedo decir que aún hoy -después de tantos años jugando al frontón, al fútbol, al tenis y al padel casi sin remansos- a mí me ha servido para conocer mejor mi cuerpo, disfrutar a tope y usar el tarrito de su recuerdo como un bálsamo reparador. Por ejemplo, aun hoy, cuando tardo en dormirme (como cuando éramos pequeños y nos llevábamos a la almohada el recuerdo de la última peli de indios) recurro a repasar a cámara lenta la mejor jugada que completé en el último partido, el golpe de revés definitivo, la carrera para una dejada adormecida. O repaso las bromas de los compis, cada uno de su padre y de su madre, de profesiones disparísimas, pero que jugando actuamos como una fratria divertida, desinteresada y estimulante. Lejos de toda manipulación, mentira o alienación, y por supuesto de cualquier atisbo de poder o dominio (todo poder acaba matando). Y con esas friegas -cada vez más tenues- del recuerdo reciente en la pista, desaparezco de la realidad para pasar del ensueño al sueño.
En fin, sigue escribiendo. Incluso para los demás.
PD.- ¿Continúa rondándote tu propósito de ir a pie de Valencia a Toledo? Jo!

Querido Ramón Luján: Ayer vi una película malísima, de esas que invocan, con frases lapidarias, trampas lacrimógenas y épica deportiva, caer y levantarse ¡por mis hijos!, la condición sentimental del espectador. Se llama 100 metros y trata del esfuerzo de un enfermo de esclerosis múltiple que consigue acabar un Iron Man, ya sabes, un conjunto de pruebas (5000 m. nadando 100 km. en bici y un maratón) que se deben hacer de un tirón. Al salir del cine hablaba con Gloria de la desmesura del esfuerzo físico para demostrarse a uno mismo de lo que se es capaz a pesar de. Claro, es un caso real y no tengo nada que decir si a alguien le sirvió: a quien lo ha hecho enhorabuena. Pero como demostración del valor que tiene el deporte para dar sentido a la vida, es un ejemplo deplorable. Lo que haces tú: jugar, disfrutar, hablar, reír y soñar sí que es la medida humana del valor del deporte.
Un abrazo 
Sigo con la preparación del viaje vagabundo Valencia-Toledo. Empezaré en abril. Ya hablaremos de eso. 


Observaréis que el lector escribe mucho mejor que yo. Por otra parte, en otra entrada, ya decía que este blog solo lo lee dios: amigos, amores, hermanos… A algún sustancia de esa trinidad, que se mantiene anónimo porque quiere, debo esta inesperada ayuda.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El valor del deporte según Stefan Zweig 2

Stefan Zweig (1881-1942). Las personas se hicieron más bellas y sanas gracias al deporte  

Lo que hay que hacer es leer este libro (Stefan Zweig 2012. El mundo de ayer. Memorias de un europeo Ed. Acantilado) que nos recuerda cuales eran los valores de la construcción europea y el impulso entusiasta de quienes lo vivieron a principios del siglo XX. La primera guerra mundial sumió a Stefan Zweig en la perplejidad al ver que todavía el poder político y militar se parecía más al de la edad media que al del siglo de la ciencia y el humanismo. Luego la segunda guerra mundial le convertiría en un apátrida en la propia Europa. Tuvo que irse a Brasil, donde se suicidó en 1942.
En sus memorias, las referencias al deporte y a la educación física son unas líneas, pero su testimonio es realmente valioso. Fijaos que párrafos más esperanzadores sobre los valores del deporte antes de 1914: “…las personas se hicieron más bellas y sanas gracias al deporte, a una mejor alimentación, a la jornada laboral más corta….Los domingos, miles y miles de personas, con flamantes chaquetas sport, bajaban a toda velocidad por las laderas nevadas sobre esquís y trineos, por doquier surgían palacios de deportes y piscinas…La consigna era ser joven y vigoroso y dejarse de apariencias dignas y venerables. Las mujeres tiraron a la basura los corsés que les apretaban los pechos, renunciaron a las sombrillas y los velos, porque ya no temían al aire y al sol, se acortaron las faldas para poder mover mejor las piernas cuando jugaban al tenis… Por primera vez vi a muchachas saliendo de excursión con chicos sin institutriz y practicando deportes en una franca y confiada camaradería…”
Para él, el deporte es la educación física deseable y la gimnasia de “las escuelas” le parece detestable: “Aquel siglo no había descubierto todavía que el cuerpo joven… necesita de aire y de ejercicio físico…, dos veces por semana nos llevaban al gimnasio, con suelos de tablones de madera, donde corríamos sin ton ni son de un lado para otro, levantando a nuestro paso nubarrones de polvo; trotábamos, además, a tientas, pues las ventanas estaban cerradas a cal y canto. Así se satisfacían las necesidades higiénicas y así cumplía el Estado su deber que se resume en Mens sana in corpore sano.”
En esas condiciones la actitud de los intelectuales hacia el deporte es de prevención y él reconoce que no se dio cuenta de lo que aportaba el deporte hasta muy tarde. Cuando escribe sus memorias, en 1941, recuerda:“Tampoco sería fácil hacer entender a un joven de hoy hasta qué punto ignorábamos, y hasta despreciábamos todo lo relacionado con el deporte…, el deporte aún era considerado como una actividad de brutos de cuya práctica un bachiller más bien se debía avergonzar… A los trece años, dejé el patinaje sobre hielo y usé en la compra de libros el dinero que me daban mis padres para las clases de baile; a los dieciocho aún no sabía nadar ni bailar ni jugar al tenis; incluso hoy no sé montar en bicicleta…”.
Aunque no puede evitar una cierta burla cuando comenta la creciente comercialización: “en el siglo pasado, aún no había llegado a nuestro continente la ola deportiva. Aún no había estadios donde cien mil personas bramasen de entusiasmo cuando un boxeador descargaba un puñetazo en la mandíbula del otro; los periódicos todavía no enviaban a sus reporteros para que con fervor homérico, llenasen columnas y más columnas informando de un partido de hockey”. En cuanto a la competición deportiva adopta la distancia del “Sha de Persia, quien, cuando lo querían animar a que asistiese a un derbi, manifestó con sabiduría oriental: “¿Para qué? Ya sé que un caballo puede correr más que otro. Me es del todo indiferente cuál.”

Lo cierto es que el hubiera querido otra escuela y otra educación física: “He necesitado años y años para reencontrar el equilibrio que perdí a causa de esa hipertensión y esa avidez infantiles y para compensar en parte el inevitable abandono físico del cuerpo…”

lunes, 14 de noviembre de 2016

El valor del deporte según Stefan Zweig

Stefan Zweig (1881-1942). El deporte cambió el mundo   

Al hilo de la relación de los intelectuales con el deporte que comentábamos al hablar de Pasolini y también de las esperanzas que pusieron en la popularización del incipiente deporte, como veíamos en Erik Satie, se me han venido a la memoria estas notas que tomé tras la lectura de la autobiografía de Stefan Zweig (2012). El mundo de ayer. Memorias de un europeo (Ed. Acantilado). 

“Cuando hoy (1940 aprox.) veo a muchachos saliendo de escuelas y colegios, cuando los veo juntos, chicos y chicas, en una camaradería franca y despreocupada, lanzándose a toda velocidad por la nieve sobre esquís, compitiendo en la piscina con la libertad de los antiguos, corriendo por el país en automóvil…Tengo la impresión de que han transcurrido no cuarenta sino mil años entre ellos y nosotros…”
El deporte que Stefan Zweig conoció de niño y de joven estaba muy lejos de ser una actividad que mereciera su atención: “la lucha, los clubs de atletismo, los récords de pesos pesados todavía se consideraban como actividades de suburbio y formaban su público carniceros y ganapanes; como mucho, unas cuantas veces al año, las carreras de caballos, más nobles y aristocráticas, atraían al hipódromo a la llamada “buena sociedad.”
1910 Valencia, La albereda
La educación física vino al rescate del deporte y pasa a formar parte de la revolución social que se consolida a principios del siglo XX: “Quizás en ninguna otra esfera de la vida pública se produjo un cambio tan radical en el lapso de una sola generación como en el de las relaciones entre los dos sexos, y eso por una serie de factores: la emancipación de la mujer, el psicoanálisis freudiano, la educación física, la emancipación de los jóvenes”.
La igualdad entre hombres y mujeres resulta imprescindible para que la sociedad avance, y el cuerpo es la clave: “Pero ese temor a todo lo corporal y natural realmente había penetrado en todas las capas sociales, desde las superiores hasta las inferiores, con la fuerza de una verdadera neurosis. Y es que, ¿es posible imaginarse hoy que a finales del siglo (el XIX) cuando las primeras mujeres osaron montar en bicicleta o a caballo a horcajadas, los campesinos les arrojaron piedras por atrevidas?… ¿Y qué constituyese una conmoción sin precedentes el que Isadora Duncan, en sus danzas, que eran de lo más clásico, bajo la túnica blanca –que por suerte se le arremolinaba alrededor del cuerpo hasta abajo del todo-, en vez de los habituales zapatitos de seda, enseñara por primera vez las plantas desnudas de los pies?”
1910 Stefan Zweig
Es un lujo que un intelectual se refiera al deporte (en esa época), sin burla o menosprecio. Este libro no es un libro sobre deporte, es evidente, pero tal vez sea mejor, porque las referencias que hace al cuerpo y su educación nos llegan desde su memoria sin los análisis teóricos que aíslan el incipiente fenómeno (el deporte y la educación física) del ser humano y su vivencia.


Todavía volveremos sobre Stefan Zweig.