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viernes, 15 de diciembre de 2017

Vania Escenas de la vida y de la educación física.

Vania, escenas de la vida. De Chéjov. Dir. Àlex Rigola

Antes de entrar, no sé por qué, estábamos hablando de los ejercicios físicos que hacen los actores para prepararse y constituyen el entrenamiento del actor. Y cuando entramos al cajón en el que se representaba la obra, allí estaban Ariadna Gil, Irene Escolar, Gonzalo Cunill y Luis Bermejo intentando mantener en alto un globo impulsándolo con la cabeza. Dije a María José que eso era un ejercicio típico de entrenamiento de actor, pero no hablamos más porque ya estábamos en nuestras localidades y, aunque la obra no había empezado, la presencia de los actores induce al silencio.

Empezaron a hablar y que bellas voces y que texto tan bonito. Qué bien construido el discurso y que bien dicho. Pero poco a poco, unos actores más que otros, empezaron a bajar el tono de voz y, a pesar de la proximidad en aquel cajón, que nos habían avisado que podía ser claustrofóbico, ya no les oíamos bien. Previsor y sordo, saqué del bolsillo unos audífonos y la voz volvió a mí. Aún así a veces… casi que no oía. Pensaba en lo mal que lo estaría pasando mi amigo que tampoco oye bien. Luego vi que mucha gente no se enteraba y se distraía. Para todos era un consuelo cuando hablaba Ariadna Gil que, sin perder la intimidad ni la melancolía del discurso, se hacía oír sin artificios.

Golpear un globo con la cabeza te obliga a mirar al objeto de tu atención, mantener la espalda recta y la cabeza erguida si quieres impulsarlo hacia arriba y tener conciencia de dónde está el compañero para cumplir con el objetivo compartido de que no caiga al suelo. Si se hace mientras se recita un texto, un diálogo, te obliga a unificar el objetivo espacial con el discurso, tal vez con una emoción. Se le puede dotar de más sentidos a ese ejercicio tan simple. Es un buen ejercicio que ayuda a mejorar la presencia del actor en escena. Si intentas impulsar el globo con el aliento te ayuda a proyectar la voz.
A lo que íbamos, no se oía bien y, por mucho que alguna vanguardia parezca decir lo contrario, eso no puede ser bueno.