Vania, escenas de la vida. De Chéjov. Dir. Àlex Rigola
Antes de entrar, no sé por qué, estábamos hablando de los
ejercicios físicos que hacen los actores para prepararse y constituyen el
entrenamiento del actor. Y cuando entramos al cajón en el que se representaba
la obra, allí estaban Ariadna Gil, Irene Escolar, Gonzalo Cunill y Luis Bermejo
intentando mantener en alto un globo impulsándolo con la cabeza. Dije a María
José que eso era un ejercicio típico de entrenamiento de actor, pero no
hablamos más porque ya estábamos en nuestras localidades y, aunque la obra no
había empezado, la presencia de los actores induce al silencio.
Empezaron a hablar y que bellas voces y que texto tan
bonito. Qué bien construido el discurso y que bien dicho. Pero poco a poco,
unos actores más que otros, empezaron a bajar el tono de voz y, a pesar de la
proximidad en aquel cajón, que nos habían avisado que podía ser claustrofóbico,
ya no les oíamos bien. Previsor y sordo, saqué del bolsillo unos audífonos y la
voz volvió a mí. Aún así a veces… casi que no oía. Pensaba en lo mal que lo
estaría pasando mi amigo que tampoco oye bien. Luego vi que mucha gente no se
enteraba y se distraía. Para todos era un consuelo cuando hablaba Ariadna Gil
que, sin perder la intimidad ni la melancolía del discurso, se hacía oír sin
artificios.
Golpear un globo con la cabeza te obliga a mirar al objeto de
tu atención, mantener la espalda recta y la cabeza erguida si quieres impulsarlo hacia arriba y tener conciencia de dónde está el compañero para cumplir con el
objetivo compartido de que no caiga al suelo. Si se hace mientras se recita un
texto, un diálogo, te obliga a unificar el objetivo espacial con el discurso,
tal vez con una emoción. Se le puede dotar de más sentidos a ese ejercicio tan
simple. Es un buen ejercicio que ayuda a mejorar la presencia del actor en
escena. Si intentas impulsar el globo con el aliento te ayuda a proyectar la voz.
A lo que íbamos, no se oía bien
y, por mucho que alguna vanguardia parezca decir lo contrario, eso no puede ser
bueno.