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domingo, 10 de mayo de 2026

La fotografía deportiva. Millás y Arribas

La fotografía refundó el deporte, quien lo fundó fue la literatura. Para el espectador atento, el deporte es una sucesión de imágenes fugaces que, cuando te sorprenden, se recrean una y otra vez en la memoria y sobre las que el tiempo y el deseo ejercen su influencia hasta construir sucesos inverosímiles que se comparten en relatos épicos que van cambiando a medida de quien escucha.

— ¿Viste a Belauste que venía corriendo desde la mitad del campo y entró en la portería con el balón pegado al pecho mientras gritaba ¡A mí el pelotón Sabino, que los arrollo!? https://inside.fifa.com/es/news/belauste-y-el-grito-de-furia-que-inspiro-a-un-pais-2803586

Y el que lo escucha, que también estuvo, pero no vio nada de eso, le da la razón, porque quiere formar parte de esa leyenda que deja boquiabiertos a los que no estuvieron allí. Por cierto, con ese y otros relatos parecidos se construyó la leyenda de la Furia Española, que tanto juego dio a los patriotas de puro y carajillo. Y no había otra manera de conocer la realidad. El bardo Homero fué maestro contando la guerra de Troya y sus relatos dieron origen a la representación de las hazañas con las que se construyeron los Juegos Olímpicos.

Aunque hubiera una foto de Belauste con el balón en el pecho no justifica que viniera con el pegado desde el centro en el campo ni que entrara en la portería, porque antaño, de lo que uno veía en el deporte no había más constancia que su memoria y su imaginación. Y podía defender lo que vio hasta las bofetadas si el otro se ponía impertinente y negaba lo que para él era impepinable. Hasta que llegó la fotografía, que a los polemistas daba o quitaba razones. Pero que en realidad solo era la constatación de un instante, que no presuponía ni lo que pasó antes ni lo que pasó después.

La fotografía, ¡qué bonita la palabra instanténea! Dio origen a la democracia en la admiración por el gesto deportivo. Desde que apareció, aunque no estuviéramos presentes cuando sucedió, podíamos acceder a la belleza del gesto deportivo, a la hazaña increíble que nos hubiera gustado ver en directo y conocer al fenómeno que construyó tan bella imagen. Que puede que no fuera el campeón, que pudo ser el segundo o un deportista anónimo.

Y eso es lo que, sin buscarlo, he encontrado en dos artículos en El País Semanal del 1 de Marzo de 2026.

En uno Juan José Millas, en su columna La imagen, comenta una fotografía del tenista Alcaráz, aunque lo que le importa es su sombra. Se titula La sombra hace lo que puede... “que no es mucho” concluye. Y en el contenido glosa la “discordancia brutal entre realidad y su reflejo oscuro”, “el cuerpo sabe cosas que la sombra ignora”. Y encuentra razones porque “hay algo casi pedagógico en esa imagen...” 

A mí la sombra de la fotografía que acompaña la columna de Millás me ha recordado la representación de si mismo de quienes buscan recuperar su identidad representando el cuerpo, por alguna razón traumatizado.

El otro artículo se titula Poesía de calor en nieve y hielo. Y lo firman Carlos Arribas, con fotografías de Hector Vivas, Paulina Ballet y Ryan Pierse. En él, con cámaras térmicas, se atrapa la belleza y el esfuerzo de los deportistas participantes en los Juegos de Invierno en Milan-Cortina.

Y ponen la ciencia a las ordenes de la poesía para emocionarnos, yendo más allá de los posibles resultados o del país al que representan quienes ceden el calor de su esfuerzo para generar una imagen sorprendente y bella. Así lo explica el autor.

“Bajo la piel del deportista late un corazón caliente como el fuego y al ritmo de sus latidos frenéticos, en sincronía con sus reflejos nerviosos, decenas de músculos ejecutan movimientos violentos y armoniosos sobre el hielo...”

“La energía, la temperatura extrema y el movimiento son los lenguajes que arman el diálogo visual entre lo visible y lo invisible, y siempre la soledad del deportista ante el destino, dejándose llevar, sin pensar, sin dudar, por la memoria muscular edificada durante horas de ensayo y entrenamiento.”

Anteriormente, la fotografía, la cronofotografía concretamente, ya había entrado en el territorio del deporte. Teóricamente para explicar la biomecánica del cuerpo humano, pero sobre todo para encantarnos con la belleza del movimiento. De eso dimos cuenta en este blog al abrir la entrada Lumiere, comienza la aventura.

Después de la fotografía vino el cine y construyó su relato. En ese si que había un final, un mensaje y una moraleja. (siempre me ha sonado a moral de mierda).

Mi acercamiento al deporte tiene más que ver con la poesía y la fotografía que con la práctica. Pero esta es otra historia.

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