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domingo, 16 de agosto de 2026

La educación física y la Inteligencia Artificial IA

Me imagino que mi sorpresa causará burla...

“Las nuevas tecnologías cualquiera diría que no afectan al modelo deportivo, pero no es así, son un ídolo de la eficiencia y la inmediatez. Este modelo cuestiona la utilidad del juego o la experiencia práctica como forma de adquirir conocimiento.

Estaba pensando que el juego y el deporte, por razones obvias de desempeño, se iban a convertir en un islote idílico, en la expresión puramente humana del ocio en la que la Inteligencia Artificial no tuviera nada que decir. Me tomaba el pelo a mí mismo ¿Cómo detener un contraataque con inteligencia artificial o cómo planificar en qué momento el portero está distraído o, será capaz de rematar de cabeza un algoritmo? Así de estrambótico pensaba sobre la utilidad de la IA en el juego y el deporte.

 Y eso de pensar en el deporte como un espacio en el que, lo que se hace con esfuerzo de forma voluntaria y con la participación de algo tan analógico como es el cuerpo, no es un pensamiento de jubilado ocioso, ya lo argumenté hace años y lo expuse en una entrada de este blog. Se titulaba Tres filósofos contra la prisa y el ruido.

Y, al releerlo, me sentí acompañado por el pensamiento y el humanismos de  Manuel Cruz, Cesar Rendueles y Daniel Innerarity. Este artículo está escrito en 2017, antes de que la IA fuera de uso común.

Cesar Rendueles afirma que algunas manifestaciones que salen en las páginas de deportes de los diarios debían ir en las de cultura. Se refiere a actividades deportivas como prácticas amateur. Y que algunas que salen en las de cultura o deporte debían ir en las de consumo.

A Manuel Cruz la visión del deporte como una manifestación de la inteligencia no sometida a lo académico, le recuerda la subcultura que defendía Vázquez Montalbán que integraba disciplinas cuyo saber no está en las academias.

A Daniel Innerarty le parece que en estos espacios de la inteligencia poco consolidados se dan las mejores ideas. ...la posibilidad de desarrollar pensamiento a partir de un cierto bricolaje personal. Es decir la necesidad de pensar por uno mismo, elaborar la experiencia y después verbalizarla. El deporte es una excelente herramienta para reflexionar y desconectar del discurso oficial y del pensamiento uniforme. En materia social y política.

El problema para la desconexión, dice Manuel Cruz, es la falta de tiempo y el ruido de fondo. El mercantilismo, la corrupción y la politización del deporte hacen que no sea fácil el pensamiento autónomo. Hacen falta mapas, referencias a la totalidad… (Daniel Innerarty). Saber a dónde vamos, como se relaciona el deporte con todos los aspectos de la cultura y para que vale el deporte al margen del negocio y la alienación.

Y tiempo, las nuevas tecnologías cualquiera diría que no afectan al modelo deportivo, pero no es así, son un ídolo de la eficiencia y la inmediatez. Este modelo cuestiona la utilidad del juego o la experiencia práctica como forma de adquirir conocimiento. Para que el juego sea útil debe estar dotado de conectividad, dicen quienes confían ciegamente en las nuevas tecnologías, cuando el deporte debería ser un espacio de desconexión 

Cesar Rendueles: Bueno, yo soy más optimista. Cada vez veo más gente consciente de llevar “vidas dañadas” como decía Adorno. De haber vivido y seguir viviendo una gran mentira. Y lo veo también en la Universidad. Frente a una inercia heredada del pasado, cada vez veo gente, sobre todo estudiantes, que hace grandes esfuerzos para vivir de otra manera.

Al deporte le ha costado siglos ubicarse entre los estudios universitarios, pero no parece encontrar la manera de hacer respetar su idiosincrasia. Ya sea la disputa con el ámbito de la salud o de la eficiencia empresarial, ya sea por complejo, por papanatismo, por las dificultades académicas (me refiero a la dificultad de hacer currículo en el ámbito del humanismo) o por encontrarse en espacios del conocimiento, como es la experiencia práctica o el juego, excesivamente escurridizos, una y otra vez huimos a lugares ajenos, más cómodos, pero más alienantes. 

En otros momentos de avances sociales y científicos se introdujeron en el juego utilidades, herramientas y usos ajenos a la intención de los jugadores. Se argumentó que el deporte podría ser un sustituto o un desahogo de la violencia e incluso un remedo incruento de la guerra. También que, en los ámbitos de la salud, el deporte mantendría la condición motriz ante la creciente ola de sedentarismo que la vida moderna imponía. Todos esos argumentos, que algo de razón tienen, se utilizaron para dar valor y popularizar una práctica que solo se justificaba como expresión del ocio y también fueron señalados por la Iglesia, por desviarnos de la producción y de la santidad. Así que, el deporte, en muchos aspectos, dio la espalda al ocio y ahora, donde crece de forma espectacular, ha sido en su potencial comercial y de negocio.

Entonces, porque aún tengo amigos en el ejercicio académico de la educación física, me encontré en la red informática con la reseña de un: proyecto de generación de conocimiento en el ámbito de la investigación orientada de una Facultad de Educación Física que indaga en la Inteligencia Artificial Generativa para fortalecer el talento intraemprendedor y la innovación inclusiva en la industria deportiva.

Cómo no se me había ocurrido. Había cometido un error al pensar en un deporte sin dependencia de la IA, porque el juego y el ocio medran al amor del negocio (el ocio y su negación juntos, un oxímoron difícil de digerir). Que el deporte lo gestionan empresas ya no es novedad, así que ¿por qué no aplicar la IA generativa a su desarrollo? Escenarios económicos, análisis y estrategias financieras, análisis de escenarios sociales... Son muchos los datos que hay que tener en cuenta para que el juego de dinero. Y si la empresa está montada ya, ¿cómo no tener en cuenta la aportación de los empleados para hacerla más rentable? Sin perder de vista que las poblaciones excluidas o vulnerables también aportan su granito de arena a la industria deportiva y, de paso, justifican que una investigación con fines de gestión propia de la Dirección Empresarial sirva para el currículo en Ciencias de la Actividad Física.

Me imagino que mi sorpresa causará burla en quienes están actualmente en la cresta de la ola, montados sobre la nueva herramienta que cambiará el mundo (no creo que cambie la práctica deportiva de quien juega). Con razón, tal vez yo también hubiera encontrado sentido a esta nueva cara del deporte al principio de mi formación académica. Pero no ahora, porque cuando ya no tengo que ganarme la vida con el ejercicio profesional, lo que observo es que a la educación física a la que tienen acceso los mayores, los viejos, y la que reciben los niños, las de mis sobrinos (ya no tan niños) o las de mis nietos. Y tengo que reconocer que, ni al razonamiento más básico de su valor humano tienen acceso. Ni al conocimiento funcional ni al sensible y consciente de la corporeidad. No tienen acceso a nada que no pase por la gestión económica: criterios de rendimiento social en lo público, negocio en la industria y precariedad en la enseñanza.

Hago un pequeño descanso en mi argumentación, la IA acaba de corregirme una errata en el escrito, y yo agradezco su ayuda, aunque no era necesaria y yo no se la había pedido, porque me gusta corregir mis errores y que me los corrijan mis amigos. Me lo pienso mucho antes de hacerle caso, pero convivo con la IA con naturalidad y sin violencia.

Tampoco piensen que hay rebelión en mi actitud. Lo que me ha quedado de mi educación deportiva es el hábito de pensar y adaptarme a los cambios con el humor y la esperanza de mejorar y aprender algo nuevo.

Todo esto está un poquito más desarrollado en el enlace nombrado. Y en todo este blog, en el que subyace el convencimiento de que la experiencia práctica, basada en la actividad física, nos hará más humanos.

 

 

 

 

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