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jueves, 27 de octubre de 2016

Teoría del deporte según Erik Satie. 1: De las Gymnopédies a los Deportes y diversiones.

Al llamar a este blog Deportes y Diversiones, adquirí una deuda con Erik Satie (1866-1925) que quiero comenzar a satisfacer. Deportes y Diversiones (1914) es una obra multimedia de Erik Satie en la que la música esta creada a partir de las ilustraciones de Charles Martin y que se acompaña de textos poéticos.
En sus Memorias de un amnésico y otros escritos (1913-1914),  Erik Satie teoriza sobre el aprendizaje gimnástico de la música y marca la distancia que existe entre quien aplica las reglas y quien es capaz de crear placer estético. Cree que el deporte liberará a la gimnasia de su rigidez disciplinada.
Con su creación, Deportes y Diversiones, parece querer entrar en el universo recién creado de la educación corporal para señalar el camino que la gimnasia debe recorrer para ser educación física.
Deportes y Diversiones
Si no tuvieron mucho éxito sus composiciones fue, posiblemente, porque la educación corporal de sus contemporáneos no era suficiente para entender su socarrona carcajada ante la pose hierática de los compositores románticos. Las compuso cuando las escuelas gimnásticas aún no habían conseguido despegarse de la disciplina militar o la rigidez analítica del movimiento, siempre correcto o incorrecto.
Después, las danzas de Isadora Duncan y el deporte anglosajón, que demonizaron los maestros de la danza y de la gimnasia por su indisciplina académica, abrieron los ojos a un cuerpo expresivo distinto. Aquellos que vieron bailar y agitar las túnicas que apenas tapaban el cuerpo, que se regocijaron corriendo detrás de una pelota que había que meter en alguna parte y viendo como chicos y chicas se desprendían de sus respectivos corsés y se solazaban en los baños o deslizándose por las montañas, entendieron y celebraron con regocijo el irreverente mensaje y el aire fresco que invocaban las composiciones de Satie. Y por un momento arte, deporte y juego estuvieron de acuerdo.
Más tarde, cuando el deporte se “patriotaliza” (Stephan Sweig), pierde el sentido lúdico y el respeto de los intelectuales y de mucha más gente.

Erik Satie compuso los Deportes y Diversiones, seguramente con el sentido gymnopédico de lo fundamentalmente humano que desarrolló en sus famosísimas Gymnopédies. Y al organizar sus composiciones y describir lo que quería decir en anotaciones que acompañaban a la composición y a las ilustraciones de CH. Martin, construyó una clasificación de los juegos y deportes que podría ser la norma directriz del desarrollo de una educación física divertida y vital. A ello dedicaré otras entradas.

lunes, 27 de junio de 2016

Teoría del deporte. Isadora Duncan. Holderlin.


20121217 El cuerpo viviente y flotante. El conocimiento de la belleza y de la santidad
Hace algunas entradas, me referí al templo de Ártemis en Braurón, en el Ática. Y como Isadora Duncan sintió que aquello que quería decir con su danza encontraría razón, como la encontraron poetas, filósofos, músicos, en la areté (excelencia) y la práctica de la paideia (enseñanza humanista) de la antigua Grecia. Ya había tomado contacto con la mejor educación física europea en el Instituto Gimnástico de Estocolmo. “…me parece que la gimnasia sueca está destinada a un cuerpo estático e inmóvil, pero no al cuerpo humano viviente y flotante” Eso dijo allí y supo que no la entendieron.
Su empeño tenía que ver con otras dinámicas: “…he venido a traer un renacimiento de la religión por medio de la danza, para elevar al público el conocimiento de la belleza y de la santidad del cuerpo humano mediante la expresión de sus movimientos” Sus maestros: Rousseau, Walt Whitman y Nietzscheze.
Así que, como el poeta antiguo (murió Hölderlin en 1843 en Tubinga), siguió el vuelo de las grullas y cabalgó sobre delfines en busca de la cultura que antepuso la excelencia a ser el mejor, para encontrar “hombres antiguos, vagando confiando en sus fuerzas, con fe en el mañana” Vírgenes puras de Atenas que esperan transidas de angustia…” “relucen gimnasios abiertos, cunas reciben los dioses y, audaz, una idea sagrada sube en el éter: descuella en el soto bendito el altivo templo Olimpeo que casi ya atisba inmortales regiones”.
Con un entusiasmo sin prejuicios, como solo conozco en las mujeres que danzan, se plantó en Grecia: “¡Por fin henos aquí, al cabo de tantos trabajos, en la sagrada tierra de la Helade! ¡Salud, oh olímpico Zeus! ¡Y Apolo! ¡Y Afrodita! ¡Preparaos, oh musas a bailar de nuevo!". Así de exuberante y desnortado era su intento.
Si se le concedió la inmortalidad a Hölderlin por su ejercicio poético de capturar lo universal de la cultura clásica ¿Por qué no a ella en el ejercicio de la danza?
En el Templo de Ártemis las mujeres se reunieron para la danza y el juego y de sus restos arqueológicos Isadora Duncan pudo entrever una manera de bailar: Si capturo la forma ¿conseguiré el espíritu? Se debió preguntar.
Pero ¡ay! la danza que imaginó no estaba en los chicos y las chicas griegas cargadas de prejuicios. Tal vez nunca estuvo sino en la intimidad femenina del templo.
En busca de la cultura más deseada, Heidegger supo ver en la isla de Delos, “la manifiesta, la que luce, la que congrega todo en su apertura, la que por lucir oculta todo en un presente” la sublime cultura de los seres humanos en contacto con la divinidad. E Isadora Duncan la buscó en las cráteras y los grabados evidentes. En realidad ya había encontrado la respuesta: había creado un modelo de insinuaciones y fingimientos, ocultaciones y evidencias que expresaba al ser humano. Como la isla de Delos, su danza “obsequia con la gracia del favor de lo divino y demanda de los mortales la contención y el respeto”.
No era poder. Se equivocó si pensó que era poder lo que tenía. La danza se traza en el aire, en el instante, y no encontraremos al cuerpo que danza, ni a quien baila, entre el conocimiento ni los sabios con poder.
A mi Isadora Duncan me genera todos los sentimientos y su vida articula mi amistad de antes y el amor que ahora siento.


Friederich Hölderlin. Der Archipielagus. La oficina. 2011; Martin Heidegger. Estancias. Pre-textos 2008; Isadora Duncan. Mi vida. Debate. 1977

domingo, 26 de junio de 2016

Teoría del deporte. Agustín García Calvo 4



20121108 Mujer. La venganza: conversaciones con la serpiente y fingimiento

Cada vez más lejos de la idea original, pero todavía tras la estela de Agustín García Calvo que me dio pie para interpretar el deporte como un lugar donde perderse, aunque más bien me está resultando como un lugar donde echarse a perder.
A vueltas con los orígenes:
Ya sé que cuando me refiero a los primeros juegos olímpicos estoy hablando del ritual de un mito literario (el de la guerra de Troya y el del Odiseo y los Argonautas), bien aprovechado para abrir una original vía de poder y riqueza para nobles y sacerdotes.
Pero en la plasmación del ritual se volvió a cometer el mismo error que en las guerras que evocaban: no escuchar a las mujeres. Volver la cara, huir de ellas. Y no anduvieron con paños calientes: 
“En el camino a Olimpia, antes de cruzar el Alfeo, viniendo de Escilunte, hay un monte escarpado con elevadas rocas. Se llama Tipeo. Es una ley entre los Eleos despeñar desde éste a las mujeres que se descubra que han ido a los Juegos Olímpicos o incluso que hayan cruzado el Alfeo en los días prohibidos para ellas” (Pausanias, V, 6, 7) (Recogido por Jesús Cepeda en Reflejos de Apolo. Ministerio de Cultura 2005).
Sabedores que no se podía entrar en una guerra abierta y despreciar a las mujeres y a las deidades de su género, pergeñaron un remedo de juegos en Olimpia para las mujeres: los juegos Hereos ¿Sabías algo de ellos? Vamos, la importancia que se da al fútbol femenino actualmente se debía dar a esos juegos de antaño. Reproducían sin consecuencias mediáticas las carreras y los ritos religiosos de los hombres. Limitada su participación a su momento genital y a consideraciones de fertilidad y buena crianza, de paso aprendían a tejer con la disculpa de una ofrenda a la diosa Hera. Supongo que desarrollados en la intimidad, como en un gineceo.
También encontraron un lugar en la excepción y el mito. Por ejemplo, se cuenta la historia de la mujer que vestida de hombre fue descubierta al celebrar la victoria de su marido y su hijo y, magnánimos, ¡no la tiraron desde el monte Tipeo! o Atalanta, la mítica atleta capaz de derrotar a los hombres en todos los terrenos deportivos, aunque ellos sabían cómo dominarla y apelando a su condición sentimental, Hipómenes, aliado con Afrodita, le desafió a correr pero dejó caer las manzanas de oro del árbol de las Hespérides que Atalanta se demoró en recoger, perdiendo así la carrera. La historia no tiene desperdicio, porque creo que se acaban casando, pero si hubiera ganado Atalanta le habría matado. Mucha simbología, no dan puntada sin hilo.

Menos atención se ha prestado a los confusos indicios del templo de Ártemis en Braurón, en el Ática. No se sabe muy bien su sentido, pero me gusta interpretarlo como el lugar en el que las mujeres encontraron un lugar para ejercer su poder en el ejercicio corporal alejado del deporte de los juegos griegos. Isadora Duncan, encontró en los indicios de sus rituales, la inspiración para su danza, su vestuario y su desnudez, sacando de sus casillas a los hombres, y a las mujeres que beben del poder de los hombres, de los principios del siglo XX que debieron pensar que por qué habíamos estado siempre tan lejos. Y así seguimos en esto de los espacios del juego.