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Mostrando entradas con la etiqueta Stefan Zweig. Mostrar todas las entradas
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jueves, 21 de junio de 2018

El fútbol y los sarpullidos






Levanta sarpullidos ver la explosión de amores patrios, ardor guerrero, honras en las botas de los delanteros y en los guantes de los arqueros, banderas que envuelven y colores nacionales en las caras y en el culo (y no es por hablar mal, que es cierto). Cómo no hablar de fútbol estos días. Ya lo he hecho muchas veces en este blog y se puede saber lo que pienso de este nivel del deporte. Para quien a priori piensen que no me gusta el fútbol, les diré que sí, que veo los partidos, sobre todo en esta primera fase en la que se enfrentan los que no son favoritos y puedo mirarlos como si viera un partido del Campeonato de Empresas de un polígono industrial. Quiero decir, que puedo verlos sin tener que remitirme a honor y patria y análisis de los avatares por los que pasan los elegidos, lo más selecto de la nación.


Pero, no es a esto a lo que iba. Releyendo un libro de un profesor de gimnasia antiguo, he leído la siguiente consideración sobre la aplicación educativa de algunos juegos:

Dr. Fraguas
El “Foot Ball”: Difícil, si no imposible, es dar conveniente nombre castellano a este juego, aún más desconocido en España que el Rounder, pues que jamás hemos tenido la ocasión de presenciar ni oír ni referir ninguna partida de este juego entre la juventud de nuestro país” 

Dr. José E. G. Fraguas Gimnasia higiénica. Biblioteca de la Regeneración Física, 1897.

Esto no iba a quedar así, y en 1902 ya se corrige la tendencia sobre el conocimiento de este juego:

“Parece que va tomando carta de naturaleza entre nosotros un ejercicio inglés llamado foot-ball. Aunque en nuestro modo de ser no encaje por completo la afición a este juego, sin embargo, no se puede negar que cuenta con bastantes entusiastas y los domingos por la mañana se ven los campos muy concurridos, desplegándose por los jugadores el mismo ardor que pueden desplegar los anglosajones”.  Un lince el comentarista.

sábado, 11 de noviembre de 2017

El deporte ICON. Un ecosistema de lujo y consumo


El deporte fue el mirlo blanco del futuro de la humanidad a principios del siglo XX. El espíritu deportivo contenía todas las promesas de la relación saludable entre las personas y de estas con el humanismo y la inteligencia. Stefan Zweig lo expresaba muy bien. Pero el deporte también tenía un enorme potencial como mercancía. Adivinen cuál de las dos tendencias ha ganado.

Yo me entretengo en observar como hablan del deporte quienes no tienen intereses deportivos. Últimamente he encontrado referencias al deporte en ICON, que es una revista que se regala cuando se compra el diario El País.

Al abrir al azar la revista, por la página 83, me encontré un anuncio de la SER, con un hípster o barbudo atildado y un texto que decía “Un gol es como un orgasmo”. En letra muy pequeñita decía Creo en el fútbol. Creo en carrusel. Pensé que quien había escrito eso no sabía nada de goles ni de orgasmos. Por otra parte la fotografía de un hombre solo con gesto de placer sugiere más una paja que sexo compartido. Por ahí tal vez se entienda: un gol que mete otro es como hacerse una paja, algo aburrido o un recurso de la frustración. En cualquier caso, hombres y masturbaciones podría ser una buena imagen de la pasión por el fútbol.

Me pregunté si habría más alusiones al deporte y rastreé página a página el contenido de esta revista que promociona el consumo y el lujo.
No me resulta sencillo definir la revista, así que describiré alguna de sus características. Tiene casi doscientas páginas en buen papel. Editar esto debe ser muy caro, así que tiene muchísimos anuncios y por eso te la dan gratis. Ya he señalado el subtítulo con el que definen el contenido: Hombres y estilos. No dice mucho. Te queda más claro si te fijas en que, antes de que haya un solo texto, hay páginas completas con anuncios de colonias, coches, relojes, gafas y zapatos. De marcas como: Armani, Prada, Gucci, Dolce Gabana, Breitling, TagHeuer.

viernes, 25 de noviembre de 2016

100 metros, la película

Un lector (el lector) me envía este comentario vía E-mail sobre este blog y su contenido. Me habla sobre su vivencia en el deporte y las razones por la que persiste en su práctica (muy distante de aquella historia que conté: El deporte: una ruleta rusa). Además de reconfortarme, lo aprovecho para hacer la crónica de una película con contenido deportivo (100 metros) vista recientemente a la que no sabía cómo hincar el diente.

Querido Ratolín Gotelé:
Veo que vuelves a las andadas y además con ironías y lecturas al alcance de muy pocos. (Quiero decir que nadie suele leer ahora más de 140 caracteres, no digo ya a Zweig o Satie o Oates). Mejor aborregarse con el fútbol televisivo de sesión continua, o correr en la cinta sinfin como si eso te recompusiera, o alienarse con el Black Friday. Esa tarea intelectual tuya, como una buena autoterapia sanadora, creo que resbala bastante en los tiempos que vivimos. Mejor todo fragmentado, superficial, teledirigido, sepultado al segundo siguiente por otro reclamo, y al siguiente por otro nuevo, empapados de naderías sin ningún calado...


 Como no soy estudioso de casi nada, poco puedo aportar a tus desvaríos lectores y observadores. Ciñéndonos al juego, si puedo decir que aún hoy -después de tantos años jugando al frontón, al fútbol, al tenis y al padel casi sin remansos- a mí me ha servido para conocer mejor mi cuerpo, disfrutar a tope y usar el tarrito de su recuerdo como un bálsamo reparador. Por ejemplo, aun hoy, cuando tardo en dormirme (como cuando éramos pequeños y nos llevábamos a la almohada el recuerdo de la última peli de indios) recurro a repasar a cámara lenta la mejor jugada que completé en el último partido, el golpe de revés definitivo, la carrera para una dejada adormecida. O repaso las bromas de los compis, cada uno de su padre y de su madre, de profesiones disparísimas, pero que jugando actuamos como una fratria divertida, desinteresada y estimulante. Lejos de toda manipulación, mentira o alienación, y por supuesto de cualquier atisbo de poder o dominio (todo poder acaba matando). Y con esas friegas -cada vez más tenues- del recuerdo reciente en la pista, desaparezco de la realidad para pasar del ensueño al sueño.
En fin, sigue escribiendo. Incluso para los demás.
PD.- ¿Continúa rondándote tu propósito de ir a pie de Valencia a Toledo? Jo!

Querido Ramón Luján: Ayer vi una película malísima, de esas que invocan, con frases lapidarias, trampas lacrimógenas y épica deportiva, caer y levantarse ¡por mis hijos!, la condición sentimental del espectador. Se llama 100 metros y trata del esfuerzo de un enfermo de esclerosis múltiple que consigue acabar un Iron Man, ya sabes, un conjunto de pruebas (5000 m. nadando 100 km. en bici y un maratón) que se deben hacer de un tirón. Al salir del cine hablaba con Gloria de la desmesura del esfuerzo físico para demostrarse a uno mismo de lo que se es capaz a pesar de. Claro, es un caso real y no tengo nada que decir si a alguien le sirvió: a quien lo ha hecho enhorabuena. Pero como demostración del valor que tiene el deporte para dar sentido a la vida, es un ejemplo deplorable. Lo que haces tú: jugar, disfrutar, hablar, reír y soñar sí que es la medida humana del valor del deporte.
Un abrazo 
Sigo con la preparación del viaje vagabundo Valencia-Toledo. Empezaré en abril. Ya hablaremos de eso. 


Observaréis que el lector escribe mucho mejor que yo. Por otra parte, en otra entrada, ya decía que este blog solo lo lee dios: amigos, amores, hermanos… A algún sustancia de esa trinidad, que se mantiene anónimo porque quiere, debo esta inesperada ayuda.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El valor del deporte según Stefan Zweig 2

Stefan Zweig (1881-1942). Las personas se hicieron más bellas y sanas gracias al deporte  

Lo que hay que hacer es leer este libro (Stefan Zweig 2012. El mundo de ayer. Memorias de un europeo Ed. Acantilado) que nos recuerda cuales eran los valores de la construcción europea y el impulso entusiasta de quienes lo vivieron a principios del siglo XX. La primera guerra mundial sumió a Stefan Zweig en la perplejidad al ver que todavía el poder político y militar se parecía más al de la edad media que al del siglo de la ciencia y el humanismo. Luego la segunda guerra mundial le convertiría en un apátrida en la propia Europa. Tuvo que irse a Brasil, donde se suicidó en 1942.
En sus memorias, las referencias al deporte y a la educación física son unas líneas, pero su testimonio es realmente valioso. Fijaos que párrafos más esperanzadores sobre los valores del deporte antes de 1914: “…las personas se hicieron más bellas y sanas gracias al deporte, a una mejor alimentación, a la jornada laboral más corta….Los domingos, miles y miles de personas, con flamantes chaquetas sport, bajaban a toda velocidad por las laderas nevadas sobre esquís y trineos, por doquier surgían palacios de deportes y piscinas…La consigna era ser joven y vigoroso y dejarse de apariencias dignas y venerables. Las mujeres tiraron a la basura los corsés que les apretaban los pechos, renunciaron a las sombrillas y los velos, porque ya no temían al aire y al sol, se acortaron las faldas para poder mover mejor las piernas cuando jugaban al tenis… Por primera vez vi a muchachas saliendo de excursión con chicos sin institutriz y practicando deportes en una franca y confiada camaradería…”
Para él, el deporte es la educación física deseable y la gimnasia de “las escuelas” le parece detestable: “Aquel siglo no había descubierto todavía que el cuerpo joven… necesita de aire y de ejercicio físico…, dos veces por semana nos llevaban al gimnasio, con suelos de tablones de madera, donde corríamos sin ton ni son de un lado para otro, levantando a nuestro paso nubarrones de polvo; trotábamos, además, a tientas, pues las ventanas estaban cerradas a cal y canto. Así se satisfacían las necesidades higiénicas y así cumplía el Estado su deber que se resume en Mens sana in corpore sano.”
En esas condiciones la actitud de los intelectuales hacia el deporte es de prevención y él reconoce que no se dio cuenta de lo que aportaba el deporte hasta muy tarde. Cuando escribe sus memorias, en 1941, recuerda:“Tampoco sería fácil hacer entender a un joven de hoy hasta qué punto ignorábamos, y hasta despreciábamos todo lo relacionado con el deporte…, el deporte aún era considerado como una actividad de brutos de cuya práctica un bachiller más bien se debía avergonzar… A los trece años, dejé el patinaje sobre hielo y usé en la compra de libros el dinero que me daban mis padres para las clases de baile; a los dieciocho aún no sabía nadar ni bailar ni jugar al tenis; incluso hoy no sé montar en bicicleta…”.
Aunque no puede evitar una cierta burla cuando comenta la creciente comercialización: “en el siglo pasado, aún no había llegado a nuestro continente la ola deportiva. Aún no había estadios donde cien mil personas bramasen de entusiasmo cuando un boxeador descargaba un puñetazo en la mandíbula del otro; los periódicos todavía no enviaban a sus reporteros para que con fervor homérico, llenasen columnas y más columnas informando de un partido de hockey”. En cuanto a la competición deportiva adopta la distancia del “Sha de Persia, quien, cuando lo querían animar a que asistiese a un derbi, manifestó con sabiduría oriental: “¿Para qué? Ya sé que un caballo puede correr más que otro. Me es del todo indiferente cuál.”

Lo cierto es que el hubiera querido otra escuela y otra educación física: “He necesitado años y años para reencontrar el equilibrio que perdí a causa de esa hipertensión y esa avidez infantiles y para compensar en parte el inevitable abandono físico del cuerpo…

jueves, 27 de octubre de 2016

Teoría del deporte según Erik Satie. 1: De las Gymnopédies a los Deportes y diversiones.

Al llamar a este blog Deportes y Diversiones, adquirí una deuda con Erik Satie (1866-1925) que quiero comenzar a satisfacer. Deportes y Diversiones (1914) es una obra multimedia de Erik Satie en la que la música esta creada a partir de las ilustraciones de Charles Martin y que se acompaña de textos poéticos.
En sus Memorias de un amnésico y otros escritos (1913-1914),  Erik Satie teoriza sobre el aprendizaje gimnástico de la música y marca la distancia que existe entre quien aplica las reglas y quien es capaz de crear placer estético. Cree que el deporte liberará a la gimnasia de su rigidez disciplinada.
Con su creación, Deportes y Diversiones, parece querer entrar en el universo recién creado de la educación corporal para señalar el camino que la gimnasia debe recorrer para ser educación física.
Deportes y Diversiones
Si no tuvieron mucho éxito sus composiciones fue, posiblemente, porque la educación corporal de sus contemporáneos no era suficiente para entender su socarrona carcajada ante la pose hierática de los compositores románticos. Las compuso cuando las escuelas gimnásticas aún no habían conseguido despegarse de la disciplina militar o la rigidez analítica del movimiento, siempre correcto o incorrecto.
Después, las danzas de Isadora Duncan y el deporte anglosajón, que demonizaron los maestros de la danza y de la gimnasia por su indisciplina académica, abrieron los ojos a un cuerpo expresivo distinto. Aquellos que vieron bailar y agitar las túnicas que apenas tapaban el cuerpo, que se regocijaron corriendo detrás de una pelota que había que meter en alguna parte y viendo como chicos y chicas se desprendían de sus respectivos corsés y se solazaban en los baños o deslizándose por las montañas, entendieron y celebraron con regocijo el irreverente mensaje y el aire fresco que invocaban las composiciones de Satie. Y por un momento arte, deporte y juego estuvieron de acuerdo.
Más tarde, cuando el deporte se “patriotaliza” (Stephan Sweig), pierde el sentido lúdico y el respeto de los intelectuales y de mucha más gente.

Erik Satie compuso los Deportes y Diversiones, seguramente con el sentido gymnopédico de lo fundamentalmente humano que desarrolló en sus famosísimas Gymnopédies. Y al organizar sus composiciones y describir lo que quería decir en anotaciones que acompañaban a la composición y a las ilustraciones de CH. Martin, construyó una clasificación de los juegos y deportes que podría ser la norma directriz del desarrollo de una educación física divertida y vital. A ello dedicaré otras entradas.