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Mostrando entradas con la etiqueta Joyce Carol Oates. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 1 de febrero de 2017

Del boxeo, de las mujeres y de los hombres. Joyce Carol Oates


Vuelvo sobre el boxeo. Ya lo tenía previsto desde que supe Joyce Carol Oates había escrito sobre este tema. Que sea una mujer quien escribe sobre boxeo es una rareza.

Revista Aire Libre 1925
En el libro dedica un capítulo a la relación de las mujeres con el boxeo. Casi no me atrevo a poner una frase concreta, porque en tema tan manoseado como la igualdad, cualquier desliz puede servir para rasgarse las vestiduras.

El boxeo es una actividad puramente masculina y habita un mundo puramente masculino. Lo cual no quiere…”    Todas las excepciones y aclaraciones que quieras poner y que deberás buscar en la lectura.  Otras ideas: “Una celebración de la perdida religión de la masculinidad…” “Qué los hombres peleen entre sí para determinar la valía (es decir, la masculinidad)  excluye a las mujeres de forma tan absoluta como la experiencia femenina de dar a luz excluye a los hombres. A propósito…” Frases incendiarias para twitear. O se lee, largo y reflexivo, o es peligroso porque lo entiendes con clichés comerciales (de cualquier tipo de comercio de ideas). 
A mí me recuerda las teorías que ya escribí de Agustín García Calvo sobre mujeres y deporte. Y es que en este libro tal vez subyacen claves de esta relación.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Teoría del deporte según el boxeo 1. J.R. Moehringer..

“Todo el mundo nos exhorta a luchar, a pelear, a pelear. Pero sólo los boxeadores nos enseñan a hacerlo” J.R. Moehringer. El campeón ha vuelto. Duomo 2016 
  
A mí el boxeo me emociona  y me espanta. No sé si sabría explicar por qué. Puede que a mí, que tanto me gusta el deporte, el boxeo me traiga la sensación primaria del deporte no ritualizado. Pero tengo mala conciencia por esta atracción. Tal vez por eso he buscado complicidades en la literatura. En esta tarea me he encontrado con Joyce Carol Oates, Norman Mailer, Eduardo Arroyo, Ernest Hemingway, Pasolini, Jack London. Los que no sé y muchos implicados en mayor o menor grado. Y J.R.Moehringer, que es periodista. 
El campeón ha vuelto es una historia sobre la escritura. Y del boxeo como metáfora. A partir de estas reflexiones Moehringer (al escribir) y Saterfield (un boxeador en cualquier caso) enhebran un tejido laberíntico con los motivos para escribir y las razones para luchar.

viernes, 25 de noviembre de 2016

100 metros, la película

Un lector (el lector) me envía este comentario vía E-mail sobre este blog y su contenido. Me habla sobre su vivencia en el deporte y las razones por la que persiste en su práctica (muy distante de aquella historia que conté: El deporte: una ruleta rusa). Además de reconfortarme, lo aprovecho para hacer la crónica de una película con contenido deportivo (100 metros) vista recientemente a la que no sabía cómo hincar el diente.

Querido Ratolín Gotelé:
Veo que vuelves a las andadas y además con ironías y lecturas al alcance de muy pocos. (Quiero decir que nadie suele leer ahora más de 140 caracteres, no digo ya a Zweig o Satie o Oates). Mejor aborregarse con el fútbol televisivo de sesión continua, o correr en la cinta sinfin como si eso te recompusiera, o alienarse con el Black Friday. Esa tarea intelectual tuya, como una buena autoterapia sanadora, creo que resbala bastante en los tiempos que vivimos. Mejor todo fragmentado, superficial, teledirigido, sepultado al segundo siguiente por otro reclamo, y al siguiente por otro nuevo, empapados de naderías sin ningún calado...


 Como no soy estudioso de casi nada, poco puedo aportar a tus desvaríos lectores y observadores. Ciñéndonos al juego, si puedo decir que aún hoy -después de tantos años jugando al frontón, al fútbol, al tenis y al padel casi sin remansos- a mí me ha servido para conocer mejor mi cuerpo, disfrutar a tope y usar el tarrito de su recuerdo como un bálsamo reparador. Por ejemplo, aun hoy, cuando tardo en dormirme (como cuando éramos pequeños y nos llevábamos a la almohada el recuerdo de la última peli de indios) recurro a repasar a cámara lenta la mejor jugada que completé en el último partido, el golpe de revés definitivo, la carrera para una dejada adormecida. O repaso las bromas de los compis, cada uno de su padre y de su madre, de profesiones disparísimas, pero que jugando actuamos como una fratria divertida, desinteresada y estimulante. Lejos de toda manipulación, mentira o alienación, y por supuesto de cualquier atisbo de poder o dominio (todo poder acaba matando). Y con esas friegas -cada vez más tenues- del recuerdo reciente en la pista, desaparezco de la realidad para pasar del ensueño al sueño.
En fin, sigue escribiendo. Incluso para los demás.
PD.- ¿Continúa rondándote tu propósito de ir a pie de Valencia a Toledo? Jo!

Querido Ramón Luján: Ayer vi una película malísima, de esas que invocan, con frases lapidarias, trampas lacrimógenas y épica deportiva, caer y levantarse ¡por mis hijos!, la condición sentimental del espectador. Se llama 100 metros y trata del esfuerzo de un enfermo de esclerosis múltiple que consigue acabar un Iron Man, ya sabes, un conjunto de pruebas (5000 m. nadando 100 km. en bici y un maratón) que se deben hacer de un tirón. Al salir del cine hablaba con Gloria de la desmesura del esfuerzo físico para demostrarse a uno mismo de lo que se es capaz a pesar de. Claro, es un caso real y no tengo nada que decir si a alguien le sirvió: a quien lo ha hecho enhorabuena. Pero como demostración del valor que tiene el deporte para dar sentido a la vida, es un ejemplo deplorable. Lo que haces tú: jugar, disfrutar, hablar, reír y soñar sí que es la medida humana del valor del deporte.
Un abrazo 
Sigo con la preparación del viaje vagabundo Valencia-Toledo. Empezaré en abril. Ya hablaremos de eso. 


Observaréis que el lector escribe mucho mejor que yo. Por otra parte, en otra entrada, ya decía que este blog solo lo lee dios: amigos, amores, hermanos… A algún sustancia de esa trinidad, que se mantiene anónimo porque quiere, debo esta inesperada ayuda.

lunes, 18 de julio de 2016

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 3


 He escrito al principio que los escritores americanos no son ajenos al deporte. Con frecuencia, los rasgos del comportamiento deportivo de sus personajes, son definitorios de su personalidad. Joyce Carol Oates (1938- ), de quien desconozco mucho pero de quien prometo conocer más, dedica un ensayo al boxeo. No lo he leído pero leed que recesión más jugosa de Mauricio Sáenz en la revista on-line Arcadia.
“Joyce Carol Oates aclara muy temprano que no considera al boxeo un deporte, entre otras cosas porque nada en él es lúdico: “Nada que parezca pertenecer a la luz del día, al placer”. No es como el fútbol o el baloncesto, que se “juegan”. Nadie “juega” al boxeo, ni en él los hombres recrean actividades infantiles, porque los niños poco o nada tienen que ver con el boxeo. No pueden, porque la muerte siempre es un desenlace posible. En el cuadrilátero los hombres no recuerdan su infancia, sino la infancia de la humanidad.
Y si no es un deporte, ¿entonces qué es el boxeo? ¿Una ceremonia salvaje, un rito expiatorio, un espacio votivo en el que las leyes quedan suspendidas y es posible matar a un hombre pero no asesinarlo? Ninguna definición es suficiente, ni siquiera que el boxeo es la imagen más aterradora “de la agresividad colectiva de la humanidad, de su demencia histórica”.

Prometo leerlo y escribir otro día de boxeo.

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 2

Nunca volvería a jugar a hockey sobre hierba

Antes de seguir con la Teoría del deporte de Joyce Carol(Mágico, sombrío impenetrable. Alfaguara, 2015) ha llegado a mis manos, como clavo que cae del cielo cuando ejerces de martillo, la historia de Emile Laurent (El País, 9 de julio de 2016), que es la chica con mejor resultado en las pruebas de selectividad francesa. Es noticia porque se sobrepuso a un suceso de acoso durante sus estudios. Pues bien, dice: “Mucha gente dice que los buenos alumnos no hacen deporte porque se les da mal, pero en mi caso realmente tengo motivos”. Extraña información en el contexto de una noticia que no sé si lo es.
No es este el caso de Lou-Lou que abandonó el deporte, a pesar de la emoción por la admiración de su padre y, sin embargo, persistió en ella el apego agradecido a su padre por aquello del diente contado en la entrada anterior.
Tanto Emile como Lou-Lou (y Carol Joyce) son mujeres y no es baladí el detalle. Hablan del deporte como un suceso en su vida que ocurrió antes de que hablaran con la serpiente , de que pactaran con el mundo su propia ubicación. Lou-Lou deja el deporte: “La mayoría de las chicas abandonan para siempre los deportes de equipo al terminar secundaria y cuando escucha a su padre rememorar aquel suceso en el que perdió un diente, le abruma y le disgusta. “Lou-Lou, mi hija más asombrosa. No hay nada misterioso o sutil en ella, es todo corazón. No es oscura ni tortuosa. Es una atleta”. A ella no le gusta “Con frecuencia tenía la sensación de que no me conocía en absoluto; creaba una caricatura o una historieta, adornada con mi nombre”. Acaba renegando de la admiración de su padre por aquel suceso tan físico, que sólo se revela en su corporeidad. Desea otra admiración indefinida, que nunca llega.
Hay otro matiz en sus vivencias del Hockey: “Nosotras queríamos creer que nuestra profesora de Educación física, mujer de extremidades nervudas y penetrantes ojos oscuros, era por lo menos lesbiana. Que los hombres no le interesaban pero descubre que ella y su padre comparten algo más que la preocupación por la pérdida de su diente y los sorprende en una cita; “Me escandalicé y me sentí traicionada. No por mi padre sino por Tina Rodríguez… Nunca se lo contaría a mis compañeras de equipo. Nunca volvería a jugar a hockey sobre hierba.

Que el deporte sirve para muchas cosas que nada tienen que ver con el juego, que en el deporte subyacen dependencias emocionales, que las chicas abandonan el deporte antes del bachillerato, que los chicos sienten fascinación por lo físico del comportamiento, que hombres y mujeres no comparten deporte y sienten al otro sexo como extraño en las relaciones deportivas, que el deporte sigue viéndose como una traba para el desarrollo intelectual. Es más fácil encontrar estas reflexiones en una novela que en la planificación del currículo de las Facultades de Educación Física.

domingo, 17 de julio de 2016

Teoría del deporte: Joyce Carol Oates (1938- ) 1


“¿A ti que te parece papá?”

Estaba absorto en la narración de Parricidio, el cuento de Joyce CarolOates (Mágico, sombrío impenetrable. Alfaguara, 2015) sin poder levantar la cabeza, cuando llegué a un pasaje que narra un suceso deportivo. ¡Cáspita! Pensé, los americanos hablan del deporte como algo muy integrado en sus vidas… Vamos por partes.
Parricidio cuenta cómo Lou-Lou, una mujer brillante, vive pendiente de su padre (un premio Nobel de literatura). A él dedica su vida: Amor y profesión; textualmente: “Esta es la historia de cómo una hija preferida corresponde al cariño de su padre”.
En cuanto al suceso deportivo, la propia Lou-Lou lo resume: “Yo jugaba al hockey sobre hierba y papá estaba delante de la tribuna descubierta: vino un número sorprendente de partidos aquel año; una chica me golpeó en la boca con su palo y me arrancó un diente: este de aquí. Y papa dijo: “¿Qué llevas en la mano, Lou-Lou?; y yo dije: “¿A ti que te parece papá?”, y el dijo, sin perder comba: “A mí me parecen unos cinco mil dólares, Lou-Lou. Pero tú los vales.” En otro momento explica cómo se sintió: “Estaba entusiasmada, llena de exaltación. Era un momento clave de mi vida adolescente: tenía quince años. No siempre había sido tan feliz ni me había sentido tan orgullosa de mí misma pese a mi situación privilegiada en el aprecio de padre. Ahora creía que mis compañeras se preocupaban por mí y que sabían quién era mi padre, quién era Roland Marks”.
Luego, estaba picando unas cebollas y pensando en el significado de la anécdota en el contexto de la narración, cuando escucho en la radio a Michael Robinson, que habla de un parapléjico que dice “debo todo al deporte: mi familia, mi ¿?...” Todo cosas que se derivan de la fama y el dinero. Intento establecer una relación entre el relato radiofónico y la historia de la novela, pero no cuadra. Yo también, en este mismo blog (Teoría del deporte. Agustín García Calvo 1) he contado mis inicios en el deporte y lo importante que fueron los refuerzos que obtuve. Realmente ¿Quién de los que han persistido en la práctica deportiva no ha alimentado su apego con las alabanzas de los demás? Bueno, no es malo que, cuando haces algo bien, te lo digan. Esto vale para cualquier cosa que hagas.
A los adolescentes que hacen deporte, les va muy bien estos refuerzos, y alguno hace la lectura de que lo bien hecho bien parece, y lo aplican al juego que practican sin presión, sin necesidad de prensa ni publicidad. Porque si te predispones a esperar la fama, entonces jugar no vale para nada y si fiamos la importancia en el negocio se pierde el ocio.

Los apegos vitalicios al deporte generan esperpentos porque muchos deportistas se creen que haciendo bien eso (cualquiera que sea la habilidad que exhiban) siempre les van a reír la gracia. Y asistimos perplejos al discurso de, millonarios hasta el insulto, deportistas que dicen que no se sienten queridos por la afición; suena a pitorreo y sonroja.