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domingo, 9 de septiembre de 2018

Carlos Marzal: El poeta, el fútbol y los toros


Carlo Marzal escribe sobre fútbol ¿Por qué?

 Al fútbol se juega todo el año en todas partes, pero los días que dura el Campeonato del Mundo de Fútbol, el terreno de las letras se convierte en una especie de barbería de la posguerra en las que era obligatorio hablar de fútbol o de toros, para evitar la tentación de hablar de política.

Carlos Marzal, que es poeta, y bueno en esto, también dedica una columna al fútbol en el Levante EMV de 30 de junio de 2018. La futboliada titula, en referencia, no sé si culta o burlona, a La Iliada o a las Olimpiadas. 

El poeta empieza el artículo exponiendo una teoría evolutiva al modo de Piaget. “El futbol es un fenómenos de masas en el que las masas participan desde la niñez. El impulso de pegarle una patada a algo… constituye un absoluto” (Y nombra a Kant y Schopenhauer ¡para lo que han quedado!). Les aseguro que no hay que irse tan lejos. En el Instituto Nacional de Educación Física de Madrid, en el año 1974 aproximadamente, esa misma era la teoría con la que Miguel Muñoz, entrenador del Real Madrid, abría su docencia sobre fútbol con el siguiente discurso: El fútbol es instintivo. Un niño ve venir una pelota rodando y no la coge con la mano, le da una patada; y si la pelota pasa por una puerta dice ¡Gol! Eso se llama instinto de gol. Esto último lo dijo sonriente, cuando notó el regocijo generalizado. En una muestra de honradez dimitió de su docencia antes de acabar el curso.

Otra razón de su artículo, puede ser sociológica y geopolítica. Nombra los momentos en que jugar al fútbol puede provocar una distensión política: los partidos entre enemigos en las pausas de las guerras. Nombra también en las ocasiones en las que se juega en condiciones extremas de penuria. Pero la distensión no es una virtud del fútbol, sino del juego. Hay ejemplos conocidos de política del tenis de mesa, del rugby, del cricket.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Quiero que pierdan todas las selecciones nacionales

Levante EMV 30 de junio de 2018


Ya hace mucho que se jugó el Campeonato Mundial de Fútbol. Esos días escribe tanta gente de fútbol que apabullan los argumentos críticos, no es fácil separar el trigo de la paja y, como además es verano, dejas de lado las fatigas de escribir y te tumbas a la bartola. Así, meciéndome panza arriba, a la brisa generosa de un treinta de junio de Xàbia, ojeaba un Levante EMV. En la portada Jorge Rodríguez, alcalde de Ontinyent sospechoso de alguna trapacería, se da un baño de adhesiones incondicionales sonriente ¿Por qué sonríe? Tres bebés ahogados frente a las costas de Libia. Vísperas del partido de España contra Rusia, que evoca el gol de Marcelino de 1964 y el subidón del honor patrio de la dictadura. Parece un periódico de aquella década.

Pasolini no hubiera escrito actualmente sobre deporte, simplemente por el rechazo que produce la descomunal industria y la cínica manipulación de le ética y la moral del juego. A mí me pasa algo parecido, rechazo el deporte cuando me apabullan con él a mayor gloria de la patria y el negocio.

Cuando me creía inmune al fervor mundialista, varios artículos que hablan de fútbol y deporte, de muy distinta índole, me llaman la atención, los leo y decido guardar el periódico para ver si en otro momento se me ocurre algo que escribir.

En la página cinco, Josep L. Pitarch se sincera y dice lo que tantos piensan y dicen en petit comité: Vull que perda la roja. Quiere que pierda la selección española por la hartura de exhibicionismo españolista, el patriotismo descerebrado, la imbecilidad en la vestimenta, los sentimientos identitarios desnortados. A mí me gusta el argumento, que Pitarch no dice, de que si eliminan a la Selección, entonces solo quedamos viendo el fútbol los que nos gusta el fútbol. El columnista dice que “el fútbol se la bufa”, aunque no lo parece.

jueves, 12 de julio de 2018

CR y la huelga de la USB


Mientras me rascaba la barriga, balanceándome en una hamaca, con un trozo de mar casi al alcance de la mano, el mundo seguía: se jugaba el mundial de fútbol, cumpliendo inexorablemente su fase de equipos, sus octavos, sus cuartos y ya solo queda la final y el humillante partido para tercero y cuarto. De los periódicos que leía, después de hacer el crucigrama, recortaba todo aquello que escriben los escritores sobre el fútbol. Lo que escriben los que cobran por escribir y no los que cobran por jugar. Curiosas lecturas de las que daré cuenta otro día.

jueves, 21 de junio de 2018

El fútbol y los sarpullidos






Levanta sarpullidos ver la explosión de amores patrios, ardor guerrero, honras en las botas de los delanteros y en los guantes de los arqueros, banderas que envuelven y colores nacionales en las caras y en el culo (y no es por hablar mal, que es cierto). Cómo no hablar de fútbol estos días. Ya lo he hecho muchas veces en este blog y se puede saber lo que pienso de este nivel del deporte. Para quien a priori piensen que no me gusta el fútbol, les diré que sí, que veo los partidos, sobre todo en esta primera fase en la que se enfrentan los que no son favoritos y puedo mirarlos como si viera un partido del Campeonato de Empresas de un polígono industrial. Quiero decir, que puedo verlos sin tener que remitirme a honor y patria y análisis de los avatares por los que pasan los elegidos, lo más selecto de la nación.


Pero, no es a esto a lo que iba. Releyendo un libro de un profesor de gimnasia antiguo, he leído la siguiente consideración sobre la aplicación educativa de algunos juegos:

Dr. Fraguas
El “Foot Ball”: Difícil, si no imposible, es dar conveniente nombre castellano a este juego, aún más desconocido en España que el Rounder, pues que jamás hemos tenido la ocasión de presenciar ni oír ni referir ninguna partida de este juego entre la juventud de nuestro país” 

Dr. José E. G. Fraguas Gimnasia higiénica. Biblioteca de la Regeneración Física, 1897.

Esto no iba a quedar así, y en 1902 ya se corrige la tendencia sobre el conocimiento de este juego:

“Parece que va tomando carta de naturaleza entre nosotros un ejercicio inglés llamado foot-ball. Aunque en nuestro modo de ser no encaje por completo la afición a este juego, sin embargo, no se puede negar que cuenta con bastantes entusiastas y los domingos por la mañana se ven los campos muy concurridos, desplegándose por los jugadores el mismo ardor que pueden desplegar los anglosajones”.  Un lince el comentarista.

lunes, 21 de mayo de 2018

Leer entre líneas. Quitad vuestras sucias manos de mi deporte.

          


Leer entre líneas es el recurso que tenemos los lectores, cuando está perjudicada la libertad de expresión, para encontrar razones, deseos y argumentos camuflados en un escrito.

La libertad de expresión sufre en las dictaduras políticas y también en las dictaduras mercantiles, que compran los medios de comunicación accesibles y entierran la razón, la libertad y el sentido común en montañas de basura. Por eso, leer entre líneas, es una habilidad muy apreciada en las dictaduras. En Estos momentos, en España es útil saber leer entre líneas.

No es necesario que un escritor escriba entre líneas para poder leer entre líneas. Entre líneas puede quedar claro que un periódico tiene intereses en la banca y eso es suficiente para desconfiar de lo que dice.

Leer así requiere esfuerzos. Los primeros son saber leer y leer. Los demás tienen que ver con la capacidad crítica, la no complacencia, la libertad mental y, rara avis, honradez intelectual y moral democrática. Nada más, sobra como preámbulo a una lectura sobre deporte.

Recorté dos artículos que, puesto uno sobre otro, dan una semblanza, mucho más allá de las ideas que contienen, sobre lo que trasciende de la práctica deportiva en intelectuales y técnicos mercantiles.

El primero son dos de Javier Cercas. En sendas columnas de El País Semanal habla, primero en contra y después a favor del deporte. Para hablar del deporte en contra, aun reconociendo que existe manipulación social y política, estafas, fascismo, se centra en los valores del propio juego en los que aprecia vileza, zafiedad, marrullería. Un asco que remata con un rotundo que les den morcilla. De acuerdo. Cuando escribe a favor, sí que habla de la manipulación política del deporte, pero en positivo. Cuenta la historia de un partido entre Sudán y Costa de Marfil en el que, al final, Didier Drogba, arengó a la población de Costa de Marfil para que se uniera y cesara en la guerra civil. Parece ser que con bastante éxito. Recuerda la pacificación de Sudáfrica, por Mandela utilizando el rugby.