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jueves, 16 de marzo de 2017

Andar no es un deporte 2. Frédéric Gros. Andar. Una filosofía.

Una sensación en el recuerdo

Frédéric Gros. Andar. Una filosofía. Taurus. 2015. Primera edición 2014


Esta segunda entrada dedicada a Frèdèric Gros es una entrada coral, si es que dos hacen coro. Me acompaña mi hermano que tomó notas de esta lectura y a ellas me ciño para sacar conclusiones sobre lo que es esto de caminar ocioso.
Quienes escriben sobre andar se preocupan de poner nombre a la marcha atendiendo  a su conclusión y finalidad: pasear, vagabundear, viajar. Frèdèric Gros se entretiene en la idea de peregrinar. Mi hermano subraya:

“El peregrino no está en su casa allí donde camina”.

La idea que compartimos es que no te vas para construir un nuevo hogar, sino para no tener nada, vivir con lo elemental; sentirte extranjero, extraño, allí donde estas. Teníamos un poco de fobia al Camino de Santiago donde es previsible la presencia del caminante, que se encuentra como en casa. Gustábamos de caminos, poco transitados, que en otro tiempo fueron caminos de carros y caminantes ajenos a la prisa o a la meta.

De los capítulos que el autor dedica a H.D: Thoreau (Walden) veo que está subrayada la idea de que

  “No hace falta ir muy lejos para andar. El verdadero sentido de la marcha no es ir hacia lo otro, sino estar al margen de de los mundos civilizados, sean los que sean”.

Más allá de la puerta de tu casa, cuando dejas lejos tu ciudad y el retorno no es una solución comienzan a pasarte cosas, sencillas, que ni te esperabas. Hablas diferente, de ocios distintos. Que es lo mismo que le pasa a quien habla contigo y por un momento rompe el hilo del día a día. Te desprendes de lo previsible, de lo que sabes y sientes la libertad de que lo dicho no formará parte de la memoria que compromete, que puede ser revisada. Si es memoria, lo es del contacto humano, historias al margen de la secuencia cotidiana. Mi hermano, callado por higiene, encontraba cargadas de sentido todas las conversaciones tenidas en el camino. Y todo esto me recuerda el libro que me ha regalado Pere “El pelegrinatge insòlit de Harold Fry, de Rachel Joyce, sobre el personaje de la novela que salió de casa para echar una carta al buzón y encontró sentido a sentir las piernas y al sol en la espalda.

Luego subraya que, entre los pensadores griegos, los cínicos fueron los únicos auténticos caminantes. Y hace un doble subrayado a la idea de “Sentirse ciudadano del mundo” y resalta, del cínico, el desapego, que es lo que le permite serlo.

El desapego, mejor si se aprende pronto, resulta imprescindible cuando eres mayor. Vivir fuera de tu casa, en un ejercicio constante de prescindir, es un buen entrenamiento. Hablamos, mi hermano y yo, mucho de ello y me aplico en su práctica. Eso sí, con la certeza anclada de la amistad y el amor, si es posible.

Cuando hablábamos de andar, por qué y cómo, recurríamos al recuerdo para explicar lo que queríamos, que nunca quedaba claro. El callejeo por Toledo, las travesías por Guadarrama, las emboscadas en cualquier sierra; parecían contener esa sensación de diversión y plenitud a la que Joan Fuster hace referencia cuando aborda la acción de flâner y que concluye que este verbo describe una sensación que está en el recuerdo. Ta vez sea ese el sentido de las notas sobre este libro, activar el recuerdo.

Y si no son suficientes nuestras dos voces para considerar coral este escrito, podemos añadir que el libro Andar, una filosofía me lo regaló David, que El pelegrintge insòlit de Harold Fry me lo regalo Pere, Manel me invitó a que indagara en el Diccionari per a ociosos de Joan Fuster el término flâner. Todos ellos, con quienes hayan llegado hasta el final de esta lectura, yo creo que ya hacemos coro.

Por último, Frédéric Gros, a pesar de que reniega de la relación andar-deporte por su abrupta manifestación mercantil y bárbara, dice —y recoge mi hermano— que “lo que domina en la marcha… es la alegría sencilla de poner a prueba el cuerpo en la actividad más arcaicamente natural”. Rousseau, musa del valor educativo del ejercicio de andar y de lo natural como punto de partida del conocimiento, no lo dijo mejor.

El libro dice mucho más y mejor. Lo mejor es leerlo.

Leer más en https://luis-antolin.blogspot.com/2017/03/andar-no-es-un-deporte-frederic-gros.html

viernes, 10 de marzo de 2017

Andar no es un deporte. Frédéric Gros. Andar. Una filosofía.

Andar es un deporte, depende de cómo se mire.

Frédéric Gros. Andar. Una filosofía. Taurus. 2015. Primera edición 2014

Creía que relacionar andar y deporte iba a ser más fácil que relacionar deporte y viaje. Pero la primera frase del libro que emprendo dice: 

Andar no es un deporte” 

y después, Frédéric Gros, se aplica en explicar sus razones. Para él el deporte es lo que es para la mayoría: lo que la prensa y la televisión dicen. Y eso no le gusta porque incluye mercantilismo, competitividad excesiva, números para explicar el resultado de un juego. 

Y luego dice algo que llama la atención: “Se da siempre esa distinción entre vencedor y vencido, como en la guerra. Hay, entre la guerra y el deporte  un parentesco del que la guerra extrae su honra y el deporte su deshonra…” ¿Cómo los amantes del deporte, nos podemos resignar a esa comparación odiosa?

Me ha traído a la cabeza una pregunta que alguien lanzaba en Facebook sobre las razones del desapego de la mujer con el deporte y recuerdo nuevamente aquel artículo que dediqué a Agustín García Calvo sobre el fervor que los hombres dedican a la guerra y al deporte y la desazón de la mujeres “Perché perché...La domenica mi lasci sempre sola, per andare a vedere la partita di pallone, perché, perché…(Cantada por Rita Pavone 1963).
  
Toda la aproximación, con comparaciones y utilidades, entre el deporte y la guerra, se convierte en distancia de las mujeres. Y cuando hablo de aproximarse, no solo me refiero a la teoría, también al fervor con que en el deporte se defiende como mercancía, fidelidad patriótica o espacio personal.