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jueves, 24 de noviembre de 2016

El cuerpo admirado y respetado en Walt Whitman

Yo canto al eléctrico cuerpo

Walt Whitman ensalza en toda su obra la corporeidad y la belleza del cuerpo humano. Este fragmento del poema Yo canto al eléctrico cuerpo lo utilicé muchas veces en mi docencia y en mis trabajos de expresión corporal:

El alma del cuerpo de un hombre o del cuerpo de una mujer no admite explicación,

El cuerpo del hombre es perfecto, y es perfecto el cuerpo de la mujer.

La expresión de la cara no admite explicación,
Pero la expresión de un hombre cabal no sólo está en la cara,
Está en los miembros y en las coyunturas también, está, curiosamente, en las coyunturas de las caderas y de las muñecas, 
Está en su andar, en el porte de su cuello, en la flexión del talle y de las rodillas; la ropa no la oculta;
Su fuerte y dulce identidad se abre paso a través del algodón y la brillantina,
Verlo pasar expresa tanto como el mejor poema, y acaso más,


Sería un buen objetivo para la educación física entenderlo y desarrollarlo.



sábado, 25 de junio de 2016

El ensimismamiento corporal y el bloqueo de la sensibilidad

20090609 Idiotes savants. El ensimismamiento corporal.

Hay una gran variedad en los rasgos del autismo, pero no podemos hablar de autismo sin nombrar la incapacidad para procesar emociones ajenas, comprender los comportamientos simbólicos y aún menos los abstractos. En algunos de los síntomas del autismo, los individuos que lo padecen, manifiestan habilidades brillantes en el campo de la memoria y rendimientos perceptivos específicos, como la comprensión numérica, percepciones espaciales, habilidades musicales: “Idiotes Savants” es el término acuñado para expresar las enormes capacidades de los autistas a pesar de su personalidad ensimismada.
Como profesor de expresión corporal en la licenciatura de educación física, no deja de sorprenderme la escasa capacidad de mis alumnos para ir más allá del rol de rendimiento o de salud que se asigna al ejercicio físico voluntario. El cuerpo: su fisiología, su configuración anatómica y los rendimientos deportivos, son los únicos conocimientos motrices que contemplan. Si se les pide reconocer el sentido simbólico del movimiento, aceptan si resulta divertido (y se puede reducir a un lenguaje mudo), pero en casi ningún caso toman las riendas del desasosiego que les genera la comunicación corporal expresiva: las emociones del otro y para el otro, la sensibilidad, y la empatía. 
No podemos hablar de “Idiotes Savants” en sentido estricto porque si se les guía son capaces de entender de qué estamos hablando, y algunos descubren un interesante campo de su personalidad por explorar. Pero muchos, la mayoría, sólo ven la experiencia expresiva como un mal que les produce inquietud y no ponen la mínima intención de comprenderlo… y consiguen para siempre un ensimismamiento autista en su rendimiento (experto en el mejor de los casos) que les impide relacionar su cuerpo, extraordinariamente sensitivo, con su emoción, su inteligencia y su creatividad.

20090709 “Idiotes savants”.
El acto motor que no conecta con una necesidad personal más allá del rendimiento es sospechoso a los ojos de los “ajenos”.
La imagen “infantil y fascistilla” del entrenador o el profesor de educación física ensimismado en sus capacidades sensitivas: formas y rendimientos, genera un estereotipo social de estancamiento intelectual y emotivo (lean la novela Némesis de Philip Roth).
Pero no es un estereotipo sin fundamento. Durante años he preguntado a alumnos universitarios de Ciencias de la Actividad Física por sus vivencias en el deporte y el esfuerzo, con el resultado de que la mayoría nunca relacionó su experiencia con sus emociones. No reconocen nada en el deporte que les haga conectar su práctica con otra necesidad que no sea la de ganar o mejorar su rendimiento.
Así, de la práctica expresiva sólo encuentran valores en actividades como: el aeróbic, la gimnasia o la danza (que tanto da) acrobática. Del cuerpo como protagonista de la estética o la comunicación sólo conciben el mimo payaso que les haga reír y los estereotipos culturales o comerciales de la danza (programas televisivo-garrulos, bailes de salón o discotecas…). Es decir lo que por habilidad, estereotipo o narrativa mimética puedan entender sin esfuerzo emocional sensible.

Incapaces de entender el movimiento simbólico, cuando ven danza expresiva intentan hacer una lectura de cuento infantil, de buenos y malos, príncipes y princesas, héroes y villanos y se sienten defraudados si no entienden el trabajo, bloqueando su capacidad de admirar, criticar o comprender.

La música, el movimiento y el canto del cisne.



20090520 La música, el movimiento y el canto del cisne. 
En clase, había diseñado una práctica para reconocer, de una composición musical, las cualidades sonoras que provocan el movimiento. Improvisando, los alumnos, respondían de mil maneras: a los tonos agudos con gestos delicados, a veces sólo de los dedos; se encogían y les comía la vergüenza al verse expuestos ante los demás, al abrir los brazos por el impulso natural de un sonido largo; cambiaban el plano en el que se movían o la dirección al distinguir contrastes en la intensidad del sonido y señalaban con la mirada un punto imaginario en el espacio cuando aparecía un nuevo timbre. ¡Qué maravilla! estaba pensando cuando al acabar se sentaban en el suelo para comentar lo que habían hecho. Y de repente, la realidad: ¡No saben lo que han hecho! ¡No han sido conscientes de nada! Y, de las pocas cosas que se han dado cuenta, no lo pueden explicar, no pueden ponerle nombre.
Como no puedo creérmelo comienzo a hurgar hasta que aflora todo el conocimiento teórico que tienen sobre la física del sonido: intensidad, tono, duración, timbre… Pero ya no hay remedio, es evidente que nada de eso se deriva de la consciencia de la práctica, de haber sabido leer sus movimientos. Y de sus emociones: vergüenza, disfrute, creatividad percibida… ¡para qué hablar!
¿Entonces?