Juegos, cuentos, recuerdos, ritos y desvarío de Luis Antolín Jimeno

Libros antiguos, raros y curiosos de Luis Antolín Jimeno

El deportista perfecto

Nuestro personaje andaba. En uno de sus recorridos pasaba por enfrente de mi casa y cuando lo veíamos, a pesar de las ganas de hablarle no lo llamábamos porque sabíamos que llevaba tiempos y distancias en su cabeza. El hombre que camina deprisa, que le llamaba un niño del barrio.
Pero no daba sentido la mejora por la mejora. Encuadernó una libreta para anotar sus procesos de trabajo y el esfuerzo que le costaba pero su intención era sobre todo literaria, caminar más y mejor era una herramienta para poder recorrer caminos sin fin. Sólo porque caminar era impulsar la vida.
Caminar, ajustando el paso al pulso del deseo; como el paso del caballo pudo inspirar el canto a un jinete, el de las bielas del tren un blues a un pasajero, el chirriar del eje de una carreta el canto de un arriero o el monótono giro de una trilla una monodia casi mística. Él y yo nos sabíamos canciones de caminos y caminantes y a veces los musitábamos mientras caminábamos. Si uno tarareaba “Y prendido a la magia de los caminos…” el otro podía seguir y cantar juntos durante muchos kilómetros.
Caminar también daba de sí para leer. De su biblioteca, como mínimo leí: Elogio del caminar de David le BretonAndar.Una filosofía, Frédéric GrosDespacio,despacio, Maria NovoElogio de la lentitud, Carl Honoré y Teoría del viaje, Michel Onfray. De todos ellos comentamos frases. De Andar: “Andar no es un deporte”. Convenimos que lo que quería decir es que no es como jugar al fútbol: ni se vence ni se derrota, ni siquiera se empata.
En estas lecturas hay también una curiosidad imparable por la filosofía y la literatura. Y, como no, por la geografía y la historia. Quedó en el tintero (y también en nuestras piernas) el viaje desde Toledo a las Navas de Tolosa. No hizo el camino aunque viajó por archivos y bibliotecas.
Manolo, mi hermano, también era músico, hábil encuadernador y sofista impenitente. Aprendió italiano para hablar más y con más gente. Sus melodías preferidas eran las que contenían la cadencia de su paso (Pablo, su maestro de saxofón y amigo, cree que In A Sentimental Mood, era la melodía que le definía). Encuadernaba cuadernos y libros de viajes. Esos viajes inverosímiles de miles de kilómetros en el siglo XVIII. Caminar día tras día era su intención y caminó desde el Valles del Pas hasta el mar. 
Manolo caminó con su mujer, sus hermanos, hermanas y sus amigos y, paso a paso, dio sentido deportivo al caminar, si por deporte entendemos el juego que evoluciona contigo a lo largo de la vida y te impulsa en el conocimiento de ti, de los demás y del paisaje.



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